Círculo vicioso
Pondré mi oído en tu cuerpo.
Pondré mi verso en tu oído.
Pondré tu cuerpo en mi verso.
Aurora Luque (1962, Almería, España); Poemas para la siesta de Epicuro, Ed. Visor, 2008
Círculo vicioso
Pondré mi oído en tu cuerpo.
Pondré mi verso en tu oído.
Pondré tu cuerpo en mi verso.
Aurora Luque (1962, Almería, España); Poemas para la siesta de Epicuro, Ed. Visor, 2008
Entonces me besaste
Por celebrar el cuerpo, tan hecho de presente,
por estirar sus márgenes y unirlos
al círculo infinito de la savia
nos buscamos a tientas los contornos
para fundir la piel deshabitada
con el rumor sagrado de la vida.
Tú me mirabas colmado de cuanto forja el goce,
volcándome la sangre hacia el origen
y las ganas tomadas hasta el fondo.
No existe conjunción más verdadera
ni mayor claridad en la sustancia
de que estamos creados.
Esta fusión bendita hecha de entrañas,
la arteria permanente de la estirpe.
Solo quien ha besado sabe que es inmortal.
Raquel Lanseros (1973, Cádiz, España); Croniria, Ed. Hiperión, 2009.
Without you
Tan fácil olvidarte como que Abril no exista.
Tan fácil amainar,
en el panal de tul de los visillos,
la súbita fragancia de la noche
como atajar tu piel; como retrocederla
hasta el peldaño último del último recuerdo.
Sustraerme, tan fácil, de este anhelante gozo
al descubrir tu olor en el tabaco,
la pana, o la vainilla.
Aminorar, tan fácil, de mi sangre el incendio.
Tan fácil olvidarte.
Tan fácil impedir que los magnolios nieven.
Ana Rossetti (1950, Cádiz, España), Indicios vehementes (Poesía 1979-1984), Ed. Hiperión, 1998
El tacto de esta ola
en otra orilla
posible de añoranza…
Tan ignorado
ese segundo roce,
esa incógnita caricia
caldeada de soles meridianos
acunada de noches
inquietas de sal,
enlazada en anillos
latentes de distancia.
Esa ola,
monótona de ires
y venires,
huyéndose,
encontrándose,
esa ola exacta
me besará los labios
algún día.
Marina Romero Serrano, (1908-2001, España), Poemas de Ida y Vuelta. Ed. Torremozas, 1999
Os líquidos íntimos
coa miña pel podes facer enxertos nas mazairas.
algunhas conservan estirados os nomes que gravei a navalladas
tódalas tardes ó volver da escola.
acostumada a tirar por un poema como por un becerro cando se lle ven as patas,
cando xa non se está en idade de medrar
toda maduración require un desgarro de tendóns
entón é cando corren polo meu peito rabaños de cabras
que non se dirixen a ningunha parte,
sóbenme ás paredes desde as que te vexo,
arrancan coa lingua o pasto mentres te vas.
o tacto dos teus violíns faime chorar terriblemente.
e case non podo soportar que as túas mans me acariñen
como a la dos xerseis que me facía a miña mai cando era nena.
pero coa miña pel
coa miña pel podes facer enxertos nas mazairas
Fluidos íntimos (traducción no revisada)
con mi piel puedes hacer injertos en los manzanos.
algunos guardan los nombres que grabé con navajas estiradas
todas las tardes después de regresar de la escuela.
acostumbrado a tirar de un poema como un ternero cuando se le ven las patas,
cuando ya no tienes edad para crecer
toda maduración requiere un desgarro de los tendones
Ahí es cuando rebaños de cabras corren por mi pecho
que no van a ninguna parte,
Subo por las paredes desde donde te veo,
arrancan la hierba con la lengua a medida que avanzas.
el toque de tus violines me hace llorar terriblemente.
y apenas puedo soportar tus manos para acariciarme
como la lana de los suéteres que me hacía mi madre cuando era niña.
pero con mi piel
Con mi piel puedes hacer injertos en los manzanos.
Olga Novo (1975, Lugo, España); Nós nus, Ed. Xerais, 1997
Sensación en el labio
Me da sorpresa bajar
por la ventura de mis emociones
porque para qué haber estado alta
si la fiebre la produce el recorrido.
Tengo un beso junto a la boca
y un tiempo para que dure
la sensación del beso que recibo
y la inscripción de la sinceridad.
Otro tiempo no lloraré sin saberlo
que es como ahora que por encima
de la conciencia está la voluntad
de sentir un beso junto a la boca.
Si ese beso se parte y va al labio
una senda del beso que se fue
se irá sin mí también
y no será simétrico.
Por eso es gran cosa.
Concha García (1956, Córdoba, España), Ayer y calles, Ed. Visor, 1995, (Ganadora del IV Premio Gil de Biedma )
YO NO QUIERO SER RECUERDO
A la mierda el conformismo:
Yo no quiero ser recuerdo
Quiero ser tu amor imposible,
Tu dolor no correspondido,
Tu musa más puta,
El nombre que escribas en todas las camas
Que no sean la mía,
Quien maldigas en tus insomnios
Quien ames con esa rabia que solo da el odio.
Yo no quiero
Que me digas que mueres por mí,
Quiero hacerte vivir de amor,
Sobre todo cuando llores,
Que es cuando más viva eres.
Yo no quiero
Que tu mundo se dé la vuelta
Cada vez que yo me marche,
Quiero que darte la espalda
Solo signifique libertad
Para tus instintos más primarios.
Yo no quiero
Quitarte las penas y condenarte,
Quiero ser la única
De la que dependa
Tu tristeza
Porque esa sería
La manera más egoísta y valiente
De cuidar de ti.
Yo no quiero hacerte daño,
Quiero llenar
Tu cuerpo de heridas
Para poder lamerte después,
Y que no te cures
Para que no te escueza.
Yo no quiero
Dejar huella en tu vida,
Quiero ser tu camino,
Quiero que te pierdas,
Que te salgas,
Que te rebeles,
Que vayas a contracorriente,
Que no me elijas,
Pero que siempre regreses a mí para encontrarte.
Yo no quiero prometerte,
Quiero darte
Sin compromisos ni pactos,
Ponerte en la palma de la mano
El deseo que caiga de tu boca
Sin espera,
Ser tu aquí y ahora.
Yo no quiero
Que me eches de menos,
Quiero que me pienses tanto
Que no sepas lo que es tenerme ausente.
Yo no quiero ser tuya
Ni que tú seas mía,
Quiero que pudiendo ser con cualquiera
Nos resulte más fácil ser con nosotras.
Yo no quiero
Quitarte el frío,
Quiero darte motivos para que cuando lo tengas
Pienses en mi cara
Y se te llene el pelo de flores.
Yo no quiero
Viernes por la noche,
Quiero llenarte la semana entera de domingos
Y que pienses que todos los días
Son fiesta
Y están de oferta para ti.
Yo no quiero
Tener que estar a tu lado
Para no faltarte,
Quiero que cuando creas que no tienes nada
Te dejes caer,
Y notes mis manos en tu espalda
Sujetando los precipicios que te acechen,
Y te pongas de pie sobre los míos
Para bailar de puntillas en el cementerio
Y reírnos juntas de la muerte.
Yo no quiero
Que me necesites,
Quiero que cuentes conmigo
Hasta el infinito
Y que el más allá
Una tu casa y la mía.
Yo no quiero
Hacerte feliz,
Quiero darte mis lágrimas
Cuando quieras llorar
Y hacerlo contigo,
Regalarte un espejo
Cuando pidas un motivo para sonreír,
Adelantarme al estallido de tus carcajadas
Cuando la risa invada tu pecho,
Invadirlo yo
Cuando la pena atore tus ojos.
Yo no quiero
Que no me tengas miedo,
Quiero amar a tus monstruos
Para conseguir que ninguno
Lleve mi nombre.
Yo no quiero
Que sueñes conmigo,
Quiero que me soples
Y me cumplas.
Yo no quiero hacerte el amor,
Quiero deshacerte el desamor.
Yo no quiero ser recuerdo,
Mi amor,
Quiero que me mires
Y adivines el futuro.
Elvira Sastre (1992, Segovia, España), Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo; Ed. Lapsus Calami, 2014
Soneto del amor y de la muerte
Yo quisiera morir sólo un momento
para ver lo que soy en tu memoria,
conocer tu versión de nuestra historia
y saber en qué piedra me sustento.
Solo el paso levísimo de un cuento.
Tan sólo contemplar la trayectoria
desde mi muerte a ti. Y qué victoria
detener tu tormenta. Tu tormento.
Morirme de verdad nunca podría.
Si perdiera la voz la robaría:
con mi piel, con mis puños, con mis huellas
a gritos me llamaras, te llamara
y al borde de la muerte te esperara
para subir contigo a las estrellas.
Julia Uceda (1925, Sevilla, España), En el viento, hacia el mar (1959-2002), Ed. Fundación José Manuel Lara, 2003. Le concedieron el Premio Nacional de Poesía en 2003 por este libro.
En la hora desnuda
sólo eso
un segundo de luz y paraíso
de aquellos que la amaron
sabe los rostros mudos y su temblor de ala
todos
juntos
abran el cofre y vea ella
esos diamantes escondidos
libres
al fin del cepo las palabras
que mansamente caigan esos copos
de nieve
sin red
en un segundo blanco
sobre el regazo de su mirada cobijados
de par en par
las dos puertas abiertas
sólo
un paso
decir adiós así
que el saco no se cierre
sin librarle a la voz de sus cadenas
tacto
y aire
encuentre allí esa voz
sus zapatos perdidos
al fin cerrado el círculo del mundo
en la hora desnuda
sólo
eso
un segundo de luz
y paraíso.
Esperanza Ortega (1953, Palencia, España), Como si fuera una palabra, Ed. Lumen, 2002
Cuando se vaya el Amor,
me haré a la mar, corazón;
que en el hombre hay dos empeños:
despierto, el Mar,
y el Amor, en sueños.
¿Qué hace a la mariposa
buscar siempre otra cosa?
Arco del pensamiento:
más lejos,
cuanto más tenso.
Como una navaja,
partió al Amor en dos
el filo del alba.
Cuanto te digo «te quiero»,
lo que te quiero decir
es que aún me lo creo.
Isabel Escudero (1944-2017, Badajoz, España); Coser y cantar, Ed. Lucina, 1994