Porque los ojos los ensucia el tiempo
apenas reconoces la luz
de la mañana. Pero a tu puerta
insiste
la terca claridad.
Como perro
que sabe
que lo que fuera amor
no entiende olvido.
Ada Salas, El lugar de la Derrota, 2003
Porque los ojos los ensucia el tiempo
apenas reconoces la luz
de la mañana. Pero a tu puerta
insiste
la terca claridad.
Como perro
que sabe
que lo que fuera amor
no entiende olvido.
Ada Salas, El lugar de la Derrota, 2003
Una historia
Ella le conoció
mientras tocaba al piano
una pieza olvidada.
Se miraron de lejos
y empezaron a hablar
sobre el vaivén del tiempo.
Ambos iban en busca
de alguna libertad:
ella ansiaba hace mucho
complementarse en él
y él deseaba con ella
fundirse solo en uno.
Rieron como locos
y así fue como amaron:
con la misma locura
con que se han olvidado.
Javier Bozalongo, Líquida Nostalgia, 2001
Enamorarse y no
Cuando uno se enamora las cuadrillas
del tiempo hacen escala en el olvido
la desdicha se llena de milagros
el miedo se convierte en osadía
y la muerte no sale de su cueva
enamorarse es un presagio gratis
una ventana abierta al árbol nuevo
una proeza de los sentimientos
una bonanza casi insoportable
y un ejercicio contra el infortunio
por el contrario desenamorarse
es ver el cuerpo como es y no
como la otra mirada lo inventaba
es regresar más pobre al viejo enigma
y dar con la tristeza en el espejo
Mario Benedetti, El amor, ese paréntesis, 1997
Mudar de piel
Lo difícil es mudar de piel
la primera vez.
Después…
Oteas como un diafragma fotográfico
el cuerpo, su intemperie
luego las clandestinas caricias
las voces en murmullo,
los besos tras la puerta
que te obligan a buscar una isla blanca
en marejadas de olvido.
Al mudar de piel vuelves a sentir,
te izas como vela.
En tus sábanas blancas
el mundo es tuyo otra vez.
Lo más difícil es arrancar raíces,
dejar trozos del rompecabezas.
No colgar el bolso de cuero
cuando ves la cama vacía…
Sabes que emigras a una nueva piel.
Lina Zerón, La spirale du feu, 1999
Del olvido
Sé que es miedo, lo sé,
y también que no tiene base alguna,
si acaso tan mudables adornos,
tan débil aparejo,
aquél que sólo vale
como ancla de la muerte.
¿Cómo decir, ahora,
que temblaba de miedo
al medir el olvido?
Trinidad Gan, Fin de fuga, 2007
Final de dia
Ara que només ets
un pètal dins de l’ambre del no-res,
ha d’haver-hi algun lloc on estar junts,
més junts que mai. Potser en aquest reducte
dels poemes. Doncs què són
si no poden salvar-te de l’oblit?
per si t’acostes a llegir-los, deixo
de nit el llibre obert damunt la taula.
Final de día
Hoy que tan solo eres
un pétalo en el ámbar de la nada,
ha de haber un lugar donde estar juntos.
Y más juntos que nunca.
Quizá en este reducto de los propios poemas,
pues ¿qué son si no salvan del olvido?
Dejo, por si te acercas y los lees,
cada noche, en la mesa, el libro abierto.
Joan Margarit (1938, Lérida-2021, Barcelona, España); Cálculo de estructuras, Ed. Visor, 2005. Premio Cervantes 2019. Traducción del autor.
El Olvido
Recorro mi cuerpo abierto,
a medio vaciar, de arriba abajo.
Curiosa, interrogante:
dónde, dónde.
Sé de hormonas que sirven para todo:
para enfrentar peligros,
para hacerse más alta,
para gozar de buenas digestiones,
para ofrecer cruenta resistencia a invasores,
para partir las células como si fuesen pan
y hasta para soñar cuando llega el momento.
Sin embargo, nada de eso me sirve.
Yo rebusco en mí misma en pos de algo:
un órgano, un fluido, una maldita glándula
del sistema endocrino
que libere la hormona del olvido
en grandes cantidades:
Quiero verme parada en el buzón
observando tu nombre en una carta
con el ceño fruncido
y preguntando: ¿Quién diablos sería…?
Por ahora El Olvido es sólo un restaurante
donde juntos degustamos mis despojos.
Care Santos (1970, Barcelona, España); Disección, Ed. Torremozas, 2007
Enséñame el camino que siguen las estrellas fugaces
o el camino que traza el rayo en su caída
o el de la lluvia
o el de los seres que despiertas con tu voz
y que se duermen cuando callas.
Enséñame el camino del deseo.
Enséñame a olvidar las huellas de mis pasos en la tierra.
Chantal Maillard (Bélgica, 1951); Hainuwele y otros poemas; Ed. Tusquets, 2009.
Without you
Tan fácil olvidarte como que Abril no exista.
Tan fácil amainar,
en el panal de tul de los visillos,
la súbita fragancia de la noche
como atajar tu piel; como retrocederla
hasta el peldaño último del último recuerdo.
Sustraerme, tan fácil, de este anhelante gozo
al descubrir tu olor en el tabaco,
la pana, o la vainilla.
Aminorar, tan fácil, de mi sangre el incendio.
Tan fácil olvidarte.
Tan fácil impedir que los magnolios nieven.
Ana Rossetti (1950, Cádiz, España), Indicios vehementes (Poesía 1979-1984), Ed. Hiperión, 1998
Es demasiada noche
Se te van rodando las palabras
como nudos de hierba que el viento arrastra.
No es cobardía escribir,
aunque todo pasa.
Hasta esta tarde que arañó tanto la luz,
hasta esos ojos que miran con tanto amor
se irán al olvido,
las bocas que besamos,
las promesas que incumplimos,
el vago verdor de la tierra en invierno,
el nombre de las cosas.
Esther Muntañola (1973, Madrid, España); De flores que esperan el frío, Ed. Trea, 2012. Extraído de (Tras)lúcidas. Poesía escrita por mujeres (1980-2016), Bartleby Editores, 2016