He intentado…

Vuelvo a oír el llanto
inclemente de la clepsidra.
La siembra de Selene.
Gerardo Guaza, 1961


He intentado
volver a hacernos una foto
como la del Lago Leman.
Pero no he podido.
Cuando hicimos esa foto
no habíamos discutido
ni una sola vez
y todo era perfecto
en la neblina.
Con el tiempo
nuestras bocas
han forcejeado
y han visto el azul
encendido
de la noche.
Hemos derramado
lágrimas y vida
en Valparaíso,
en Casablanca,
en Friburgo,
en Lausana.
Hemos hecho fotos
que han sepultado heridas
y puñales de agua,
hemos comprado imanes
para la nevera
y cuadros para nuestra casa.
Mi cámara persigue
la silueta de Ginebra,
y busca
en ti
una clepsidra
que robe el tiempo
y gota a gota
me lo devuelva.
Porque,
amado Lanzarote,
quiero volver
a hacer fotos
como esa.

Noemí Trujillo (1976, Barcelona, España); La muchacha de los ojos tristes. Poemas, homenajes y estrés; Parnasse Ediciones, 2011

Hojas naturales

Hojas naturales

… o el arraigo, escribir en un espacio idéntico
siempre, casa o desvío.
José M. Algaba

Arrastro por los cambios un lápiz,
una hoja, tan sólo de papel, que quisiera
como de árbol, vivaz y renaciente,
que destilase savia y no inútil tristeza
y no fragilidad, disoluciones;
una hoja que fuese alucinada, autónoma,
capaz de iluminarme, llevándome
al pasado por una ruta honesta: abiertas
las paredes cegadas y limpia
la historia verdadera de las pintarrajeadas
artimañas que triunfan.
Hoja y lápiz, para un oído limpio,
curioso y desconfiado.

Ida Vitale (1923, Uruguay), Poesía reunida, Ed. Tusquets, 2017.

Encarnamos un ser

VI

encarnamos un ser.
Existimos.
Y nuestro amor es posible
pese a las sotanas que enlodan el suelo,
pese a la publicidad que solo arroja luz
hacia un calvero del bosque,
pese al gusano de la intransigencia,
y al malecón del odio.
Este cielo de luz suave
nos conoce
y cuando ya no estemos
distinguirá en la tierra a nuestros hijos.
Somos parte de ellos,
y al revés.

Ariadna G. García (1977, Madrid, España); Ciudad sumergida, Ed. Hiperión, 2018

El ángel y su piedra (poema cubista)

El ángel y su piedra (poema cubista)

para Jorge Villalmanzo, que aprendió a volar

me voy a cazar árboles, digo con firmeza

pero una cebra coronada de escabiosas
cruza la calle, y me detengo a mirarla
y pierdo el rumbo y la noción del tiempo
y la prisa y la cordura

se nos escapan los días a la velocidad del rayo

ha empezado a llover
hay charcos que nos pertenecen, digo con firmeza
y todos los ángeles
deberían volar con una piedra atada al cuello

Isabel Bono (1964, Málaga, España); Me muero, Bartleby Editores, 2021

Escribir

Escribir

porque alguien olvidó gritar
y hay un espacio blanco
ahora, que lo habita

escribir
porque es la forma más veloz
que tengo de moverme

escribir

¿y no hacer literatura?

¡y qué más da!:

hay demasiado dolor
en el pozo de este cuerpo
para que me resulte importante
una cuestión de este tipo.
Escribo
para que el agua envenenada
pueda beberse.

Chantal Maillard (Bruselas, 1951); Matar a Platón (Premio Nacional de Poesía, 2004). Extraído de 20 años de Poesía. Nuevos textos sagrados (1989-2009), Ed. Tusquets, 2009

Principio de identidad

Principio de identidad

Nosotros somos solamente
siempre lo que miramos: este bosque
y su camino azul somos nosotros,
esta lluvia distinta cada tarde,
que empapa muy adentro.

Somos la nube que pintamos, negra
sin más como la arena siempre
del anochecer… Somos
también el trueno y los relámpagos,
los ojos asustados
del animal que corre a su refugio.

No somos más que lo que busca ser
mirado y comprendido por nosotros:
este paisaje horizontal, el árbol
y las piedras mojadas,
las huellas en el barro y la neblina
que no nos deja ver.

No somos lo que somos porque sí.
Y hasta somos también lo que no vemos:
aquello que pintamos muchas veces
sin saber cómo es, cómo será mañana,
después de la tormenta.

Vicente Valero (1963, Ibiza, España), libro de los trazados, Ed. Tusquets, 2005.

Tópico

Tópico

Ya no atrapes el día —no se deja,
no es tan fácil ser dueño del presente,
persistir en la dicha o detenerla
para el trámite mínimo
de asignarle palabras.
Y ni al acariciar
las sienes o los pómulos o el pecho
que con furia deseas, cuando la luz parece
palparse con las yemas de los dedos,
estás lejos al fin de los vampiros:
la Utopía, el Vacío, la Memoria.
Amas para escribirlo solamente,
la dicha pide a gritos que un recuerdo
del futuro la abrace y la duplique.
No corras tras el día. Si no lo acosas puede
que se tienda sumiso
de noche en tu regazo.

Aurora Luque (1962, Almería, España), Problemas de doblaje, Ed. Rialp, 1990

Para hablar contigo

Para hablar contigo

De aquellos borradores que perdí
o que olvidé
o que se fueron,
qué parte de mí misma se salvó,
cuánto dejé de ser
escapando al abismo de unos versos.
Hasta dónde pudieron conducirme
tantos caminos inexplorados,
tantas lianas rotas en un bosque
cargado de silencios.
Y de tantas palabras que busqué,
la sola condición de mi existencia,
cuáles no confluyeron
en esta oscuridad de luna nueva
y estrellas que se fugan por el cielo.
La tierra es un lugar para vivir
pero los versos son la propia vida.
Sé que soy yo
pues me escribí en lo negro de tus ojos.

Ángeles Mora (1952, Córdoba, España); Contradicciones, pájaros, Ed. Visor, 2001.