Paráfrasis

Paráfrasis

Por favor, por amor, por caridad:
que alguien me diga quién soy,
si soy, qué hago yo aquí…
José Hierro

A Antonio Leyva

Sin favor, sin caridad. Por amor,
tan sólo por amor,
decídmelo.
He querido saberlo muchas veces.
Desde esa arista
de la interrogación; desde esa
baranda de la incertidumbre;
desde ese puente sin farolas
en donde a diario se acentúan
las sombras de mis ojos,
he suplicado y sigo suplicando
que alguien me diga por amor
—tan sólo por amor—,
quién soy, si soy, qué hago yo aquí.
Pregunto
si no seré más que una
suposición, una sospecha, algo
apenas insinuado en la penumbra
equívoca de un sueño.
Por amor, tan sólo por amor,
sin favor, sin caridad,
decídmelo.

Angelina Gatell (1926-2017, Barcelona, España); La oscura voz del cisne, Bartleby editores, 2015

Poética

Poética

Un equipaje sobrio
–una escueta sintaxis despojada
y dos pronombres falsos–
para un fin de milenio. Inservible el amor:
ese es el tema. –¿Acaso no me oyes?
¿No basta imaginar que oyes cómo escribo
para que me parezcan
rentables el hastío y la escritura?
–Desherédame, lengua. No te sirvo.
No acudo a las palabras limpiamente.
Solo acaricio aquellas que me queman
y que saben a labios o a odisea.
Solo quiero adular a la familia
de las palabras muertas del amor.
Será inútil seguir. Queda solo un pronombre.

Aurora Luque (1962, Almería, España), Carpe noctem, Ed. Visor, 1993

Anónimo

Anónimo

Porque el destino mira siempre al frente,
porque los cuatro puntos desleales
de mi vida se pierden en un mapa
cada vez más pequeño, yo diría,
aprovechando que no me oye nadie,
unas palabras, una frase, algo
más que esos versos. Porque si el destino
es una línea recta, si hay un norte
orientado a las luces de poniente,
yo quisiera decir o ser el eco,
tan sólo el eco ya, de algún poema,
aprovechando que no lee nadie
en este libro abierto de mi vida.

María Sanz (Sevilla, 8 de enero de 1956) 

Dama de blanco

Dama de blanco

El poema es mi cuerpo
esto la poesía
la carne fatigada
el sueño el sol
atravesando desiertos
los extremos del alma se tocan
y te recuerdo Dickinson
precioso suave fantasma
errando tiempo y distancia
en la boca del otro habitas
caes al aire eres el aire
que golpea con invisible sal
mi frente
los extremos del alma se tocan
se cierran se oye girar la tierra
ese ruido sin luz
arena ciega golpeándonos
así será ojos que fueron boca
que decía manos que se abren
y se cierran vacías
distante en tu ventana
ves al viento pasar
te ves pasar el rostro en llamas
póstuma estrella de verano
y caes hecha pájaro
hecha nieve en la fuente
en la tierra en el olvido
y vuelves con falso nombre de mujer
con tu ropa de invierno
con tu blanca ropa de
invierno
enlutado

Blanca Varela (1926-2009, Perú), El Falso teclado, Editado por La Casa de la Literatura Peruana, 2000

Mientras llueve

Mientras llueve,
ahora mientras llueve,
ya no pienso en Machado
ni en la dimensión metafórica del agua
ni en que es plancton o fuente de la vida
ni tampoco en que a veces equivale
al semen, a la humedad del útero
donde todo comienza y se desata.
No me pongo a pensar tampoco en su sentido,
su escondido valor en el orden simbólico,
o a qué se corresponde cada pequeña gota:
si es lágrima, ojo, canto o bien melancolía.

Lo que hago mientras llueve es renegar despacio
porque el agua se queda prendida en los cristales
y trae hasta la casa el limo de otros sitios;
porque sé del trabajo de esconder el salitre,
el polvo de la arena molida hasta su hueso
o la sombra de aljibes, de estanques y de fuentes,
del mar que se deslumbra por su propia espesura.

Si, como ahora, llueve,
yo no pienso en Vallejo con su aguacero triste
y menos, casi nada, apenas, en Machado.
Solo en la obligación imperiosa, excitante,
de restaurar el orden que se había hecho añicos
y devolver al vidrio su primera función,
la de mostrar el mundo en su sola materia.

Mª Ángeles Pérez López (1967, Valladolid, España); La sola materia; Ed. Aguaclara, 1998. III Premio Tardor de Poesía. En 2022 ha ganado el Premio Nacional de la Crítica en poesía castellana por el libro Incendio mineral, Ed. Vaso Roto, 2021.

Deseo

Deseo

No quisiera que abrieras el libro
y vieras palabras.
Quisiera
que oyeras sonidos.
No música, escucha.
Sonidos
de cuyo entrelazarse están formados
del tiempo, los hilos.

Como ahora
en que escribo ante abierta ventana
y el rumor de la calle y pisadas
exclamaciones, saludos, despedidas,
noticias, comentarios
y lejanos llamados se mezclan
conmigo.

Sin embargo
no suben al papel y solo quedan
negros trazos escritos.

Circe Maia (1932, Uruguay); Transparencias. Antología poética, Ed. Visor, 2018

No perdamos el tiempo

No perdamos el tiempo

Si el mar es infinito y tiene redes,
si su música sale de la ola,
si el alba es roja y el ocaso verde,
si la selva es lujuria y la luna caricia,
si la rosa se abre y perfuma la casa,
si la niña se ríe y perfuma la vida,
si el amor va y me besa y me deja temblando.
¿Qué importancia tiene todo esto,
mientras haya en mi barrio una mesa sin patas,
un niño sin zapatos o un contable tosiendo,
un banquete de cáscaras,
un concierto de perros,
una ópera de sarna…
Debemos inquietarnos por curar las simientes,
por vendar corazones y escribir el poema
que a todos nos contagie.
Y crear esa frase que abrace todo el mundo;
los poetas debiéramos arrancar las espadas,
inventar más colores y escribir padrenuestros.
Ir dejando las risas en la boca del túnel,
y no decir lo íntimo, sino cantar al corro;
no cantar a la luna, no cantar a la novia,
no escribir unas décimas, no fabricar sonetos.
Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso,
gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo
debajo de las latas con lo puesto y aullando,
y madres que a sus hijos no peinan a diario,
y padres que madrugan y no van al teatro.
Adornar al humilde poniéndole en el hombro nuestro verso;
cantar al que no canta y ayudarle es lo sano.
Asediar usureros y con rara paciencia convencerles sin asco.
Trillar en la labranza, bajar a alguna mina;
ser buzo una semana, visitar los asilos,
las cárceles, las ruinas; jugar con los párvulos,
danzar en las leproserías.
Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos,
que al corazón le llega poca sangre.

Gloria Fuertes (1917-1998, España), Obras incompletas, Ed. Cátedra, 2000

Aclaración

Aclaración

La poesía dice: tú o yo. Pero no habla de ti o de mí.
Dice tú o yo, pero es tú y yo y él y ella
y todos y cada uno nosotros,
pues en cada pronombre hay una suma.

Multitud de identidades se comprenden
en la aparente y apaciguadora singularidad.

La poesía dice yo, tú, él, ella…
y a todos y a cada uno de nosotros nos designa
borrando los contornos de las almas.

Todos y cada uno
somos incluidos y explicados.

Todos somos a la vez ella, él, tú y yo.

Ana Rossetti (1950, Cádiz, España), Llenar tu nombre, Bartleby Editores, 2008

La oración de la rosa

La oración de la rosa

Padre nuestro que estás en la tierra;
en la fuerte
y hermosa tierra;
en la tierra buena;

santificado sea el nombre tuyo
que nadie sabe; que en ninguna forma
se atrevió a pronunciar este silencio
pequeño y delicado…, este
silencio que en el mundo
somos nosotras,
las rosas…

Venga también a nos, las pequeñitas
y dulces flores de la tierra,
el tu Reino prometido…,

hágase en nos tu voluntad, aunque ella
sea que nuestra vida sólo dure
lo que dura una tarde…

El sol nuestro de cada día, dánoslo
para el único día nuestro…

Perdona nuestras deudas
-la de la espina,
la del perfume cada vez más débil,
la de la miel que no alcanzó
para la sed de dos abejas…-,
así como nosotras perdonamos
a nuestros deudores los hombres,
que nos cortan, nos venden y nos llevan
a sus mentiras fúnebres,
a sus torpes o insulsas fiestas…

No nos dejes caer
nunca en la tentación de desear
la palabra vacía – ¡el cascabel
de las palabras!…-,
ni el moverse de pies
apresurados,
ni el corazón oscuro de
los anímales que se pudre…
Mas líbranos de todo mal.
Amen.

(Dulce Ma Loynaz, Versos (1920-1938), 1950)

El poeta aguarda

El poeta aguarda, impaciente, la llegada de alguna musa
(Estudio de escritor. Mesa de gran tamaño. Estanterías llenas de libros. Puerta al fondo entreabierta. El personaje camina de un lado a otro del escenario).
Que alguien recomponga los jarrones
rebosantes de rosas.
Necesito más luz
sobre el brazo desnudo que ahora escribe.
Los libros, que se vean desde todos los ángulos.
Unas hojas tiradas por el suelo pueden
crear ambiente.
Si es posible,
que caiga por completo la noche.
Una luna entre nubes
podría sugerir un halo de misterio.
En la calle
que parezca que la lluvia ha caído.

Ella entrará por la puerta del fondo.
Traerá el cabello húmedo —podría haber un fuego
donde secarlo lenta, muy lentamente—.
No hablará.
No hablaré.
El silencio es lo más apropiado.
No elevaré los ojos para verla
hasta pasado un rato.

Ella irá hacia las rosas con aire ensimismado
y mirará la luna caminar por mi cielo.

Necesito más luz sobre mi mano.
Necesito más luz sobre las rosas
y un fuego y una luna y un cielo
antes de que ella llegue.

Y que haya llovido.

Irene Sánchez Carrón (1967, Cáceres, España); Atracciones de feria, Ed. Institución Cultural El Brocense, 2002