Libro

Libro

Aunque nadie te busque ya, te busco.
Una frase fugaz y cobro glorias
de ayer para los días taciturnos,
en lengua de imprevistas profusiones.
Lengua que usa de un viento peregrino
para volar sobre quietudes muertas.
Viene de imaginaria estación dulce;
va hacia un inexorable tiempo solo.
Don que se ofrece entre glosadas voces,
para tantos equívoco, se obstina
en hundirse, honda raíz de palma,
convicto de entenderse con los pocos.

Ida Vitale (1923, Uruguay), Todo de pronto es nada, Ed. Universidad de Salamanca & Patrimonio Nacional, 2015

Teoría de la distancia

Teoría de la distancia

La teoría de la distancia la han inventado los estrictos,
aquellos que no quieren arriesgar en nada.

Yo pertenezco a aquellos
que creen que del lunes
se debe hablar el lunes;
es probable que el martes sea demasiado tarde.

Obviamente es difícil estando en la cantina,
mientras caen los proyectiles,
escribir poesía.

La única cosa más difícil es no escribir.

Izet Sarajlic (1930 – 2002, Bosnia y Herzegovina); Sarajevo, Ed. Valparaíso, 2013. Traducción al español de Fernando Valverde con la colaboración de Sinan Gudžević

Este poema

Este poema

Este poema dura solo esto,
lo que tardas en leerlo:
la próxima vez que lo leas
será otro
porque tú serás otro
y, por supuesto, será completamente diferente
cuando lo lea otra persona.

Existe solo en este instante
de tu estado de ánimo,
que has construido
con lo que has encontrado dentro de ti.

Obra fugaz
como una hoja de papel
que discurre por las aguas
cambiando siempre de dirección,
sin que tenga ninguna importancia
la persona que allí puso la hoja
y si escribió algo en ella.

Ana Blandiana (1942, Rumanía); El sol del más allá y El reflujo de los sentidos, Ed. Pre-Textos, 2016

Esta mañana supe…

Esta mañana supe
mi extraña rendición a tus palabras,
mi irrevocable voluntad de náufrago
de sílabas,
de filóloga ahorcada en complementos
directos o indirectos
pero tuyos.

Esta mañana supe
que me visto en tus verbos,
desayuno tu nombre
y me quedo perdida, como tonta,
si me encuentro algún “no”
camino de la tarde,
camino de la noche.

Esta mañana supe
que muy frecuentemente
me vuelvo monosílabo
de sombra
agarrado al tobillo de tus frases,
que muy frecuentemente
quisiera ser prendida en tu nevera
como “nota importante”.

Esta mañana comprendí, aturdida.
Esta mañana supe, por fin vi
que me confundo en viento
cuando gritas mi nombre
y que basta un susurro,
un susurro de nada,
para dormirme en ti.

Vanessa Pérez-Sauquillo (1978, España), Estrellas por la alfombra (Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal 2001), Ed. Hiperión, 2001

Me sobra la poesía

ME SOBRA LA POESÍA

Me sobró el resto
desde el primer beso.

Amor,
a mí desde que estás
me sobra amor por los cuatro puntos cardinales
de este país que no quería ser conquistado
y acabó enamorado de tu bandera.
Se me han roto las brújulas
y ahora mire donde mire
solo
estás
tú,
y un trozo de mar conjugado en futuro
y un beso en cada ola de tu marea
y varias frases cosidas a tu frente
para que leas poesía cada vez que te mires al espejo.

De igual manera
que me sobran las manos cuando no estás
y tengo demasiados latidos
para tan poco pecho
—aunque me hayas
hecho el corazón más grande que la pena—,
del mismo modo
que mis pies pierden el ritmo
cuando no van a tu casa
—el aire solo se mueve
cuando tú bailas—
y el cartero me pregunte por ti
de tanto escribirle tu nombre…

De igual manera,
me sobran las formas
y las excusas
y las palabras,
me sobra hasta el silencio
y el eco de las estaciones,
me sobra el pasado
y la tristeza
y los poemas,
me sobra la ciudad
y los enamorados que cabalgan sobre ella,
me sobran las mentiras
—menos esas que consiguen
que te quedes un ratito más—,
me sobran todos los besos llenos de tinta
y todas las palabras manchadas de saliva,
me sobra tu casa
y la mía
y las noches que duran días,
me sobra esta bendita paz
y esta ausencia de ruidos
que me has regalado,
me sobran mis dedos
y mis sueños
y mis dedos que te sueñan
y mis sueños con tus dedos,
me sobra el miedo
y los callejones
y la luz,
me sobran las huellas
porque me sobra el camino.

Desde que estás
me sobra todo lo que tengo
—me sobra hasta lo que no tengo—
porque tú me das todo.

Mi vida,
desde que estás tú
lo único que me falta
es la muerte.

Y no la echo de menos.

Elvira Sastre (1992, Segovia, España); Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo, Ed. Lapsus Calami, 2014

Soneto

Soneto

En un soneto cabe cualquier cosa:
la tarde del revés, la golondrina
que asoló con sus alas mi oficina,
y el humo, convertido en mariposa.

Le cabe la certeza luminosa
del rayo que ni cesa ni fulmina.
Le cabe la soberbia gongorina
que urdió en la noche el nombre de la rosa.

Si abarcará universos literales,
campos, espigas, lunas, mares, montes,
que, por caber, le caben catedrales

y lirios que resumen horizontes.
¿Y dices que no cabe el amor nuestro?
Si me das un papel, te lo demuestro.

Laura Campmany (1962, Madrid, España); Del amor o del agua, Ed. Bitácora, 1993 (Premio de Poesía Feria del Libro de Madrid en 1992)

Líneas

Y ya van 200 poemas publicados en este rincón en el que voy dejando
versos que me hubiera gustado haber escrito.

Si es que todo está escrito,
este párrafo ya no es el primero
sino el próximo,
la mancha de una tinta
envejeciendo
hasta convertirse ahora, todavía,
en su propio pasado.

Si es que todo está escrito,
esta palabra no es la última,
sino la anterior al espacio en blanco
que distingue
unos significados vacíos de otros,
que separa
mi sola respiración contenida
de un suspiro.

Y si es verdad que todo
está escrito y que las palabras tiemblan
rayando un porvenir en el agua,
dime qué lees en las líneas
de esta mano extendida
con la que te escribí todas las cosas
-ahora lo comprendo-
que nunca supe escribirte.

Francisco Pérez (Granada, 1965) Inédito

Nota ii

Nota II
                                                          sobre unos versos que nacieron
                                                                                                 espontáneos

A veces el poema es el objeto o don
y con más evidencia
pone de manifiesto ese propósito:
dar luz a una palabra
sin quitarle su magia
o ser depositario
de una visión o de un sentir
que toma cuerpo
en sílabas contadas.

Clara Janés (1940, Madrid); Vivir, Ed. Hiperión, 1983. Libro reeditado por Huerga & Fierro editores en 2006.

Creación

Creación

Dibujé una rosa nueva
en el papel de tu alma. ¡Cómo temblaste al sentir
el roce de mis papeles
sobre la hoja arrugada!

Muy despacio, fríamente,
incrustando en carne viva
el punzón de una mirada,
aboceté la estructura
de mis sueños en la página
que intentabas arrancar.

¡Rosa pura, forma anclada,
en la ribera flexible,
sin contornos, de tu alma!

Ernestina de Champourcín, La voz en el viento; Extraído de Poesía soy yo. Poetas en español del siglo XX (1886-1960), Ed. Visor, 2016)

Mutatis mutandis

Mutatis mutandis
                                        Recuerda que yo existo porque existe este libro,
                                        que puedo suicidarnos con romper una página.
                                                                    Luis García Montero

Porque puede, uno a veces
                                           se pregunta

 –como quien mastica una resaca
aún a medio sueño y ve pasar
la noche (dios, qué noche)
por el tamiz de una miopía
de chupitos y se arrepiente,
es un decir, de tener amigos–
decía que entonces uno piensa
–o algo parecido–  si este puñado
de salpicadas
                      líneas
                                horizontales
son la imagen de un cuerpo
vertical que busca re-
                                 conocerse.

Sara Alonso Palicio (1991, Asturias, España); Las costumbres vacías, Ed. Trabe, 2015 (Premio Asturias Joven 2014)