Nightingale

Nightingale

«Cada palabra es una herida mortal.
Debo tener cuidado».
Jorge Díaz

Noche, palabra mía henchida de sucesos
La aflicción, el vacío, la muerte, la tiniebla
avivan en tus sílabas sus temores y ansias.
Extenuado nombre, fatigada corola,
para caer de ti como cansino pétalo,
o hundirse en tus confines, abiertos, afilados,
beso ardiente, última sensación,
locura extrema.
Noche, noche, amor mío,
¿es que acaso me atreveré a saltar
traspasada de ti hasta la muerte?
Lengua: nupcial espada.
Apenas te mencione, convocadas estrellas
insistirán solícitas mostrando el desvarío
de tus ojos vibrátiles.
Oh noche, qué incitante, qué turbadora eres;
madre devoradora, acercas tu regazo,
y cómo quiero huir, cómo desertar quiero
de tus lágrimas ávidas, cómo intento esconderme
de tus manos, oh noche, mi tristeza.
Y quizás seas la única, la palabra final
que todo amor explique. Y el estremecimiento.
Y el magnífico instante que ni aún la memoria
más fiel y enamorada consiente en repetir.
Noche, tristeza mía, todavía es posible
que te llame, y me abreve en el láudano amargo
que destilan tus letras. Que a tu herida entregue
y a tu abismo, mi tristeza, mi noche,
todavía es posible.
Oh noche mía, acaso… acaso te amaría.

A James Forestal, que se arrojó al
vacío antes de terminar de escribir
la palabra “ruiseñor”, es decir,”NIGHTingale”

Ana Rossetti (1950, Cádiz, España), Indicios vehementes (Poesía 1979-1984), Ed. Hiperión, 1998

El lenguaje

El lenguaje
te obliga a decir bien lo que has oído
de la brizna de hierba,
lo que intuyes de la gota de ámbar,
lo que no has comprendido de la vida.
Escribir un poema
supone, de algún modo, regresar
otra vez al principio,
al hervor silencioso de la nada,
al caldo primigenio
y a los cielos sin luna, a la inminencia
de las casualidades y los astros.
De la fricción continua
de una rama con otra brota el fuego
que ilumina la gruta
y hace brillar los ojos de los hombres
congregados en su noche perpetua.
El sonido de la página en blanco
es el de un hueso golpeado contra una piedra.

Basilio Sánchez (1958, Cáceres, España); He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes, Ed. Visor, 2019. XXXI Premio Loewe.

La caída

La caída

Las montañas cristalizan en mil años
y el mar gana un centímetro a la tierra
cada dos milenios,
horada el viento la roca
en cuatro siglos
y la lluvia,
también la lluvia se toma su tiempo para caer.

Se paciente, con mi corazón
que suspira por una obra duradera.
Como el viento,
como la lluvia,
también mi corazón
se toma su tiempo para caer.

Luisa Castro (1966, Lugo, España), De mí haré una estatua ecuestre, Ed. Hiperión, 1997

Robaría

Robaría

Robaría:
Una pareja de cobayas. Un gorila.
Un kimono nupcial.
Un molino (con molinero).
La planta de pachulí
que he visto en una finca.
Entraría a robar un petigrís
para noches de amor bajo la luna.

Robaría:
Una potente licuadora
para beber el jugo de los árboles.
Un imán gigantesco
para desmantelar los campos de batalla.

Robaría:
Inútiles diamantes y esmeraldas
y una apisonadora
que los pulverizase
para cubrir las huellas
que va dejando un bueno.

Robaría:
las cuartillas de un sabio.
Un telescopio. Una columna.
Una gárgola artística.
Dinero y tiempo al tiempo,
para que me enseñaran
a manejar el radar que luego robaría.

Robaría:
Los sagrarios que quieren ser cerrados.
Los cálices que van a profanarse.
La luminosidad de los relámpagos
para hacer mis bombillas.
Un bosque para los cachorrillos
de los parques zoológicos.

Robaría:
el candor a los niños.

!Ah, y el sueño a un envidioso!

Sagrario Torres (1922-2006, España); Hormigón traslúcido, Ed. Calatrava, 1970

A mano alzada

A mano alzada

Busco el trazo preciso, la imagen más nítida,
el dócil pincel que dé vida a la idea
y limite con ímpetu mi irreductible abismo.
Busco atrapar la luz que contiene el tiempo;
busco el lienzo sagrado donde toma forma
la verdad policromática
y busco, ante todo y ante ti,
las áureas proporciones del amor…
Pero yo solo tengo la soledad del verbo primero
frente al misterio de lo no expresado.
Solo tengo un idioma heredado y vivo,
a veces enemigo, a veces cómplice.
Solo tengo mi voz.
Nunca fue recta mi línea, ni firme el pulso,
pero mi palabra es un lápiz afilado
con el que dibujo siempre,
indómitamente,
a mano alzada.

Esther Garboni (1973, Sevilla, España);  A mano alzada,  Ed. Libros de la herida, Col. Poesía en resistencia, 2018

Marina del libro

Marina del libro

Inquiero los porqués, los hasta cuándo
los cómo y dónde
y esa pregunta muda que me ahoga
y vive en el silencio.

Y entonces tú contestas
majestuoso
enorme gamo verde
país de agua
donde los soñadores se dan cita.

Me hablas
grande mar
telón del cielo

y tus olas responden como páginas
de un libro cuyo autor lo sabe todo

como páginas, mar

y como pétalos
de una rosa que nunca se deshoja.

Blanca Andreu (1959, La Coruña, España), El sueño oscuro (poesía reunida 1980-1989), Ed. Hiperión, 1994

Canciones para Isabel

Canciones para Isabel
I

Te veo allí, tumbada entre las piedras
de esa fuente que, en medio del pinar,
saciaba nuestra sed en la derrota
de ignorar que hoy no recordaríamos.
Por eso ya no sé bien a dónde íbamos
o de hacer qué camino regresábamos,
pero sí que estar allí, bebiendo agua
con las manos, era estar para siempre
hundiéndome contigo en lo infinito.
Que eso que hemos vivido y expresado
en lo que ahora sólo es una foto
revelada de pronto en la memoria,
esa escenografía que hoy habitas
igual que un figurín de cartón piedra,
es la realidad abierta y proyectada
donde siempre comienza otro poema.

Carlos Contreras Elvira (1980, Burgos, España); El eco anticipado, Ed. Pre-Textos, 2011. III Premio de Poesía Joven de RNE, 2010

Interior

Interior

A menudo converso con mis sueños.
Los invito a salirse de la noche
y se sientan, con trajes neblinosos,
junto a mi mesa sucia de papeles.
y les pregunto sobre su sintaxis
porque se ofenden si hablo de semántica.
Hoy he recuperado de sus manos
un fragmento de ti tan exquisito.
como una noche de junio en Gil de Biedma,
un otoño de Keats o aquel sabor a polo de naranja
de las viejas mañanas de domingo.

Aurora Luque (1962, Almería, España), Problemas de doblaje, Ed. Rialp, 1990

Historia gramática

Historia Gramática

Al principio el papel estaba en blanco.
Sobre él fueron escribiendo palabras
que eran gestos, adverbios que cambiaban
la duración y el modo de los verbos.
Pero un día llegó el primer tachón
y a este le fueron sucediendo
otros epítetos furiosos, el palimpsesto
en que habita el borrón ilegible de la vida.
Tarde como un remiendo descubrieron
que la escritura justifica el papel,
pero que un papel sin espacio en blanco
es suficiente para justificarlo todo.

Carlos Contreras Elvira (1980, Burgos, España); El eco anticipado, Ed. Pre-Textos, 2011. III Premio de Poesía Joven de RNE, 2010