Para hablar contigo

Para hablar contigo

De aquellos borradores que perdí
o que olvidé
o que se fueron,
qué parte de mí misma se salvó,
cuánto dejé de ser
escapando al abismo de unos versos.
Hasta dónde pudieron conducirme
tantos caminos inexplorados,
tantas lianas rotas en un bosque
cargado de silencios.
Y de tantas palabras que busqué,
la sola condición de mi existencia,
cuáles no confluyeron
en esta oscuridad de luna nueva
y estrellas que se fugan por el cielo.
La tierra es un lugar para vivir
pero los versos son la propia vida.
Sé que soy yo
pues me escribí en lo negro de tus ojos.

Ángeles Mora (1952, Córdoba, España); Contradicciones, pájaros, Ed. Visor, 2001.

Precuela

Precuela

En aquel tiempo extraño,
los amigos se habían mudado lejos,
los lugares antiguos de la infancia
se habían transformado para siempre
con la prisa salvaje de los años perdidos.
Dejábamos de usar los verbos en plural
por pereza de ser ya demasiados.
De nada nos sirvieron los recuerdos,
heredados y antiguos,
sonriendo de verdad o de mentira,
porque nada supimos de los otros.
En aquel tiempo extraño y fariseo,
tuvimos muchos hijos
a los que no quisimos poner nombre.
Aunque quizá todo esto
ahora no nos baste.
Pero en aquel momento,
tan niños y tan sabios,
esperábamos ya la plenitud
de agosto, y de las playas llenas,
las discusiones tristes,
los besos de puntillas,
de este futuro que era impermeable.

Rosa Berbel (1997, España), Las niñas siempre dicen la verdad, (ganador por unanimidad de la XXI edición del Premio de Poesía Joven «Antonio Carvajal»), Ed. Hiperión, 2018

No os diré nunca adiós

No os diré nunca adiós
viejas palabras malgastadas
amigos fiestas
proyectos incumplidos

y esta alegría de palomas
a punto siempre de partir

países
que desaparecieron de nuestra geografía

no os diré nunca adiós
porque en vosotros
está más cerca el paraíso

Esperanza Ortega (1953, Palencia, España), Algún día, Ediciones Portuguesas, 1988. Extraído de Lo que va a ser de ti, Ed. Plaza & Janés, 1999

Centro de salud

Centro de salud

Ahora voy al centro de salud
que estaban construyendo
hace unos cuantos años,
cuando tú y yo solo éramos dos adolescentes
que se arrullaban tras sus obras.
Ahora tengo el doble de la edad que tenía entonces,
es sólo un hecho, nada más.
Sentado al borde de mí mismo,
exploraba tu cuerpo con ternura
e indecisión.
—Toso mucho —le digo al médico—,
no dejo de toser —recalco.
Y mientras se lo cuento,
descubro desde su ventana aquel jardín
donde tú y yo nos auscultábamos.
—Respira hondo —me pide.
Y a duras penas,
con el pecho encogido, tomo aire.

José Gutiérrez Román (1977, Burgos, España), Material de contrabando, Ed. Difácil, 2020.

Mi primer bikini

Mi primer bikini  

Sólo yo sé cuándo sobrevivimos.
Lo sé porque mis dedos
se transforman en lápices de colores.
Lo sé porque con ellos
dibujo en las paredes de tu casa
mujeres con rostro de epitafio.
Porque, a la caricia de la punta,
comienza el derrame de los cimientos
formando arco iris en la noche.
Porque, al escribir testamentos
en el suelo, se remueven las vísceras
de azúcar, y trepan tus raíces.

Grabo versos de colores fríos
en tu piel, de arquitrabe a basa,
y les llueve y los diluye, y compruebo
que la lluvia suena como hacen al caer
las canicas brillantes y naranjas
que cambiaba en el patio del recreo,
poco antes de calzar mi primer bikini.

Hoy guardo las canicas, como un apagado
tesoro, en los huecos de otras espaldas. 

Pinto también en la terraza de enfrente
un jardín de lápidas cálidas y hermosas.
Trazo como una medusa de bronce,
un paraíso de cadenas hendiendo en mantillo
el valle diminuto que proclama que es frágil
y sin embargo, dirás tú, sobrevive.

Elena Medel (1985, Córdoba, España), Mi primer bikini, Ediciones DVD, 2001 (Premio Andalucía Joven de Poesía)

Distintas formas de callar de igual manera

Distintas formas de callar de igual manera

El silencio es la pausa
que precede al rugido.
El nuestro
—un silencio compartido lleno de ruido—
es ya un idioma extinto,
no hay grito que lo devuelva a la vida
ni boca que lo reconozca.
Es mejor así,
pero a veces vuelvo al lugar donde exilié tu voz
y me cuesta regresar
ilesa.
Dejar mis recuerdos en otro sitio
es abandonar
palabras que no volverán a pronunciarse.
Aquí dentro,
el silencio es un hueco inhabitable.

Elvira Sastre (1992, Segovia, España); Re-generación. Antología de poesía española (2000-2015); Ed. Valparíso, 2016

Amanecer

Amanecer

Mientras duermes te miro.

Me recuerdas
el frío de las fuentes en los labios,
el prado debajo de la espalda,
la indescifrable danza de las nubes,
el dulce sabor de diminutos dedos en la masa,
la tierra en las uñas,
los pies mojados en los charcos,
los bolsillos repletos.

Contigo junto a mí
los días recobran la suave textura de la cera
y repiten mil veces el amanecer.

Contigo junto a mí
veo pasar de largo la tristeza.

Irene Sánchez Carrón (1967, Cáceres, España); Escenas principales de un actor secundario, (Premio Adonáis, 1999) Ed. Rialp, 2000

No pido más

No pido más, ¿ya para qué?
Y es que, siglo tras siglo, no me encuentro
en las alforjas de tan andariega vida
más que el triste legado
de tener que pedir.
Pasé de largo, crucé el límite
y en esta nueva realidad me queda,
apenas, la añoranza de lo mucho
que fui perdiendo al elegir.

No pido más; acaso
la mesa de un café, a ser posible
en Montparnasse, vidrieras y molduras
años veinte, y algunas luces mortecinas
anunciando el derrumbe clamoroso,
definitivo de la tarde.

Y un pintor rezagado que recoja,
silencioso sus bártulos,
y un farol que, de pronto,
se ilumine, incendiando
los árboles cercanos.

¡Ah!, y un saxo
que apenas si se oiga, pero
que, de alguna manera, haga saltar
los resortes más íntimos
de una melancolía antigua; un saxo
que me cuente lo que dejé olvidado
sin querer, ¡tanta vida! ,
lo que me fue olvidando a mí.

Y una calle sin fondo.
Y tú llegando acalorada, frágil,
como del otro lado de la lluvia,
con un paraguas rojo, y el deseo
transparentado en la tersura
de tu piel. Y el mojado impermeable
robándome el contorno sinuoso
de tu cintura amada.

Y un saxo sí, un saxo constipado,
terco y lejano, desde
la niebla de otros tiempos, asomándose
como una flor pequeña por el único
resquicio de esta triste y desolada
conciencia que no quiere
desvanecerse.

Rafael Guillén (1933-2023, Granada, España); Balada en tres tiempos para saxofón y frases coloquiales, Ed. Visor, 2014

Certidumbre de ausencia

Certidumbre de ausencia

Regreso al mismo café.
Las horas lentas que pasaron en vano
atraviesan conmigo la puerta giratoria.
Y al fondo, entre las mesas,
una sonrisa tuya me mira como entonces.

Pero otra vez esos labios extraviados
tampoco son tus labios,
no hay sonrisa y el mármol de esta mesa
certifica en mis manos un mensaje de frío.

Amalia Iglesias (1962, Palencia, España), Dados y dudas, Ed. Pre-Textos, 1996

Desde la orilla solo me llega

Desde la orilla solo me llega
la voz de un viejo sauce llorando
la pérdida, eterna ya,
de esa palabra que te nombre.
Una a una, el aire mece
Las letras primigenias
Los sones de un lenguaje olvidado.
 Y alguien, sentado en el umbral de los días,
recoge el canto entonado por sus ramas.
 De eternidad en eternidad,
solo las raíces
de este viejo sauce
recuerdan en silencio
la última palabra.
 Solo su frágil apariencia
afirmará, desde su languidez,
el paso de tu nombre
por mi ausencia

Ángela Serna (1957, Salamanca, España); De eternidad en eternidad, Ediciones La Palma, 2006