Treinta años

Treinta años
y todavía no he escrito aquel poema

con sus relojes
con sus calendarios
con los hijos que crecen
y el olvido

algún día…

(recuerda a la jovencita sin paraguas
está aquí
aguardando)

treinta años
—ya han crecido las rosas—
y aún espero
que suceda el prodigio
que florezca tu nombre

Esperanza Ortega (1953, Palencia, España), Algún día, Ediciones Portuguesas, 1988. Extraído de Lo que va a ser de ti, Ed. Plaza & Janés, 1999

Por septiembre

Por septiembre…

Por septiembre
se te llenan de sótanos los labios
y es relativo el cielo
después de haberte visto preguntarle a la vida.
Pero también el cielo,
arrugado y preciso
como tu cazadora adolescente,
quiere estar entreabierto,
brillar recién amado,
descansando en la hierba
el peso de su larga cabellera de nubes.

Por septiembre
se te llenan de humo los síes en la boca.

Luis García Montero (Granada, 1958); Diario cómplice, Ed. Hiperión, 1987

Apenas te pienso

Apenas te pienso 

(“Ni de ponerme un nombre te acordaste…”
Amalia Bautista)

Apenas te pienso
y ya te he olvidado.

Ni de dejarme
un gesto te acordaste.

Si no fuera por la cicatriz
de tus últimas palabras
diría que te inventé.

Pero tu voz
sigue doliéndome
bajo los guantes negros de lana.

Por eso, apenas te pienso
y ya te he olvidado.

Ángela Serna (1957, Salamanca, España); Del otro lado del espejo (tríptico), Grupo poético Espinela, Colección Candela de Poesía, 2000.

Lo que pudo haber sido

Lo que pudo haber sido

¿Dónde vives cuando no te pienso?
En los cuadernos.
En los bares de tapas de las calles del sur.
En las fachadas de las catedrales.
En las casualidades.
En lo que fue, en lo que pudo haber sido.
Hoy es fin de semana, pero parece una mazmorra.
Hazme un hueco en tu domingo, en el mío hace frío.

Nerea Delgado (1993, Valencia, España); Los pájaros sabrán, Ed. Valparaíso, 2018

Infancia

Infancia

Soñaba el corazón…
¡Oh sueños de la escuela!
Concha Méndez

Calles estrechas,
balón,
cristales rotos,
la rodilla escociendo sobre el suelo,
última fila en clase,
solitarias vocales buscando consonantes,
los números en serie bajo las uñas sucias
y un nombre escrito en todos los cuadernos,
en todas las paredes,
sobre tu propio aliento en el espejo,
tu mano en el alféizar alimenta a los pájaros
mientras repites
que España limita al norte con el mar Cantábrico
y alguien te clava espigas
en el jersey de lana.

Irene Sánchez Carrón (1967, Cáceres, España); Ningún mensaje nuevo, Ed. Hiperión, 2008. XII Premio Internacional de Poesía “Antonio Machado”, Baeza

Nunca es tarde para empezar de cero

Nunca es tarde para empezar de cero,
para quemar los barcos,
para que alguien te diga:
-Yo sólo puedo estar contigo o contra mí.

Nunca es tarde para cortar la cuerda,
para volver a echar las campanas al vuelo,
para beber de ese agua que no ibas a beber.

Nunca es tarde para romper con todo,
para dejar de ser un hombre que no pueda
permitirse un pasado.

Y además
es tan fácil:
llega María, acaba el invierno, sale el sol,
la nieve llora lágrimas de gigante vencido
y de pronto la puerta no es un error del muro
y la calma no es cal viva en el alma
y mis llaves no cierran y abren una prisión.

Es así, tan sencillo de explicar: -Ya no es tarde,
y si antes escribía para poder vivir,
ahora
quiero vivir
para contarlo. 

Benjamín Prado, (Madrid, 13 de julio de 1961) Ya no es tarde, Ed. Visor, 2014

Planchando las camisas del invierno

Planchando las camisas del invierno

Cuando la primavera dio su tercer aviso,
ya en junio.
Cuando los días se volvieron
definitivamente azules
y la luz dulce se expandió
interminable
como las margaritas del jardín,
salpicando en el césped las manchas
amarillas y blancas de su vestido limpio.
Cuando la primavera vino para quedarse
y la sierra se desnudó a lo lejos,
ella
estaba en el salón, abierta la ventana,
respirando cierta tristeza,
como quien gana y pierde al mismo tiempo,
viendo brillar la tarde, al paso de los años,
antes de que el verano nos aplaste,
suavemente estirando las arrugas
del corazón,
planchando las camisas del invierno.

Ángeles Mora (1952, Córdoba, España), Ficciones para una autobiografía; Bartleby Editores, 2015

Cómo

¡CÓMO decirte, después de ocultar las flores del desierto,
que me tiemblan las calles y los juncos
de tanta palabra naufragada
o mimar estas verjas, celosías
de castillos antiguos como el aire!
¡Cómo cambiar baúles de memoria
y muñones de tiempo sin espiga
por dos litros de viento huracanado
con los que perfumarte la cabeza
y ungirte oasis en vientres arenosos!

María Ángeles Pérez López (1967, Valladolid, España); Tratado sobre la geografía del desastre, Editado por la Universidad Autónoma Metropolitana de México, 1997

Los insectos son los besos del sol

Los insectos son los besos del sol

yo, que arriesgando mi propia vida
salvé insectos diminutos de morir ahogados
capaz de escuchar el temblor de sus antenas
bajo mi seco aliento
capaz de insuflar vida
capaz de detener la lluvia
con solo desearlo
capaz de hacer girar el sol
alrededor de tu boca
porque tu boca
siempre será el centro del universo
yo, que tenía superpoderes
que era inmortal y lo sabía
ahora no sé nada
ha llegado junio
y no sé nada

Isabel Bono (1964, Málaga, España); Extraído de (TRAS)LÚCIDAS. Poesía escrita por mujeres (1980-2016), Bartleby editores, 2016

Quizás llovía

Quizás llovía

La calle anochecida se agrupaba
alrededor de la farola.
De la boca del club salía,
sincopado, el ronquido
de un saxo. Era el aliento, la respiración
oscura de la noche.
Quizás llovía. Desde
la misma entrada me iba hundiendo
en una ciénaga de alcohol y sudorosa
transpiración y luces
parpadeantes.

¿Qué hacías allí? Tu desnudez
resplandecía contra un fondo
de risas y de copas y de manos
ansiosas por tocarte.
Yo conocía todos los rincones,
volcanes, valles, escabrosidades
de aquel cuerpo encendido.
Estabas sola ante las fauces
del mundo.
Pero
¿eras tú? ¿Era yo, que, en ese mismo instante,
estaba entrando en casa,
quizás llovía, y traes cara
de cansancio, hoy tenemos
para cenar algo que a ti te gusta,
y la tibieza del hogar,
y el beso apresurado, ve cambiándote,
pero no te entretengas, voy
a poner ya la mesa?

Rafael Guillén (1933-2023, Granada); Últimos poemas (Lo que nunca sabré decirte); Ed. Fundación José Manuel Lara, 2019