Poesía breve

Poesía breve

Manadas, bancos, hordas de deseos,
colmenas y rebaños, termiteros de lágrimas
que acaban en poemarios
que duran lo que dura una estampida.
Toneles, frascos, cucharadas de sueños,
bidones, tazas, bocanadas de angustia
que acaban en poemarios
que duran lo que dura un nescafé.

Vanesa Pérez-Sauquillo (1978, Madrid, España; extraído de (TRAS)LÚCIDAS. Poesía escrita por mujeres (1980-2016), Bartleby editores, 2016.

Vanidades banales

Vanidades banales

Soy un arlequín, un trapecista saltando al vacío,
la lluvia de abril huyendo de amores y mares baldíos.
Soy la mitad de las mitades que llevan tu nombre,
la escasa piedad que guardan los tristes
cuando recuerdan tiempos mejores.

Tú el pentagrama borrando las líneas,
en Clave de Sol provocando mi arritmia,
si hubiera tenido las luces de haber aprendido solfeo,
Morfeo estaría aturdiendo a otro reo en la noche.

Pero qué hacer ahora si esconden tus mangas
pinceles cual ases, pintando bocetos
de mi caricatura en lienzos feroces,
no toda luna nace sabiendo
cómo atraer en silencio a las fieras.

Tengo ganas de llorar espinas,
a ver si así crecen flores,
crucificar en mis labios tu iris,
descifrar los enigmas que invento en tus sueños.

Quizás ha llegado la hora
de enterrar el cadáver que habita estas páginas,
y hacerle justicia a cada palabra de odio o de amor
que pisó por nosotros los suburbios del infierno.

A veces me pregunto cómo pude resumirte en un poema,
el secreto está en utilizar metáforas
comparándote con la soledad, la muerte y la vida,
que vienen a ser lo mismo que tus ojos.

Lena Carrilero (1994, Córdoba, España); Amores cronofóbicos, Ed. Valparaíso, 2016

Cuadernos de un vencejo

Cuadernos de un vencejo

Un vencejo, de media, vive unos cinco años.
Un poemario recién
publicado se olvida en pocos meses.
En cinco años lleva ya muchos años muerto.
Sólo es un ejercicio
arqueológico el de quien recupera
de vez en cuando alguna de sus páginas.
Apenas una anécdota que ríe la memoria.
Mientras un año más
los vencejos cincelan sobre el cielo sus lunas.
Y las crías recitan, temblorosas,
un primer verso que con emoción
les cuelga desde el pico.
Antes de continuar
escribiendo, antes de seguir volando.
En los vencejos viaja la poesía
que se muere en nosotros.

 Raquel Vázquez (1990, Lugo, España);  Lenguaje ensamblador, Ed. Renacimiento, 2019

Ellas sí que te esperan

Ellas sí que te esperan…

Ellas sí que te esperan
ellas sí que regresan si las dejas volar
con tensa mansedumbre
van diciendo sus nombres
Cobijo
Lentitud
Vaivén
Entrega
Sometida Indeleble Guiadora
los pronuncian con miedo
—alguien ha maltratado
su humilde voz desnuda—
por eso les perdonas que callen tantas veces
que ninguna te diga cómo entraron en ti
por qué hueco insondable se abrió tu corazón
cómo burlan tu asedio
las cautivas
cuando husmeas a oscuras en sus nidos

Esperanza Ortega, (1953, España), Hilo solo, Ed. Visor, 1995

Mutaciones poéticas

Mutaciones poéticas

En mi familia no hay poetas.

Pero mi abuelo Gregorio,
cuando regaba el huerto en Belinchón,
se quedó tantas tardes
velando las acequias, murmurando:
No bebemos
el agua: es ella quien nos bebe.
El agua
es
la mujer.

No, en mi familia no hay poetas.

Pero una vez, muy niña, encontré cáscaras
de huevo azul
a los pies del almendruco.
Se las mostré a mi padre y mi padre, silencioso,
me enseñó a hacerles un nido
con ramaje;
y me enseñó por qué: hay pedazos de vida
que son
sueños enteros.

En mi familia, os digo, no hay poetas.

Pero cuando mi bisabuela
Asunción
contempló por vez primera el mar
-la primera y la única-,
me cuentan que se quedó muy seria, muy callada,
durante un ancho rato, hasta que dijo:
Gracias
por
los ojos.

No sé de dónde salgo. En mi familia
no hay poetas
malos.

Martha Asunción Alonso (1986, Madrid, España), Wendy, Ed. Pre-Textos, 2015. Este poemario ganó el Premio de Poesía Joven RNE (2015). Además, la poeta tiene el Nacional de Poesía Joven (otorgado por el Ministerio de Cultura, 2011), el Adonáis (2012), y el Premio Carmen Conde de Poesía Joven (2018)

Currículum vitae

Currículum vitae

Lo que el hombre no dice
son las noches en vela,
las batallas perdidas y las puertas cerradas

Lo que el hombre no cuenta
son sus sucias costumbres,
su mal genio los lunes,
sus manías, sus tristes
cicatrices antiguas.

Lo que el hombre se calla
cuando eleva su copa
son los besos no dados,
los poemas no escritos,
las preguntas dobladas
en oscuros cajones.

Son las tres de la tarde
y los ángeles llenan
estas calles de octubre
y, extrañados, contemplan
lo que el hombre señala:
todo cuanto ha logrado.
Y los ángeles lloran
y bostezan y ríen
y se miran sabiendo
lo que el hombre no sabe.
Son las tres de la tarde
y hace frío en sus alas.

Lo que el hombre aún ignora,
lo que el hombre no sabe
es que todos los hombres
y mujeres que miran
su callar silencioso,
su nombrar bagatelas,
todos ellos a un tiempo
también tapan sus rotos,
también callan su historia.

David Hernández Sevillano (1977, Segovia, España); El reloj de Mallory, Ed. Visor, 2020. XVIII Premio Emilio Alarcos