La sombra sobre el papel

La sombra sobre el papel

Antes que el trazo,
la sombra sobre el papel,
como el cuerpo es amapola
antes que piel o carne
y el poema asombro, silencio, espacio
antes que palabra.

Qué frágiles,
absurdos, hermosos,
nosotros,
deseando perdurar en lo mutable,
en lo incierto y voraz,
definición de duda…
Así que amémonos,
dejemos al tiempo hacer lo suyo,
sólo somos pequeñas lumbres
al aire de la noche.

Esther Muntañola (1973, Madrid, España); Comiendo una granada, Bartleby Editores, 2017

Como un roce en sus labios

Como un roce en sus labios

Que alguien pase mis páginas, pues que debo perderme
en la oscura raíz de mi arboleda. Puedo
escuchar cómo gime el silencio, y ya soy
solo un roce en sus labios, aunque el escribidor
de versos solo sea alguien que habla de cosas que no entiende.
Que me recorra un soplo, y pueda yo alcanzar
—sin que quizás me entienda— a escribir cada día
una línea distinta para inventar la vida que me falta,
y me aprenda, y me olvide, pues me sé de memoria después de tantos años.
No deteriora el tiempo la belleza:
la perfecciona en otra manera de hermosura.

Mª Victoria Atencia (1931, Málaga); De pérdidas y adioses, Ed. Pre-Textos, 2005.

Confidencias

Confidencias

Incapaz de elegir un pétalo de la rosa,
mi forma de ser me incita
a recorrer todo el tallo
investigar qué hay detrás de cada espina.
Soy de dos maneras como mínimo
no puedo expresarme con una tendencia,
rozo el compromiso, bendigo la aventura
y si me atrapa el amor
en sus redes desnuda, me implico.
Venero al sol tanto como a la luna
y aplaudo al silencio lo mismo que al grito.
Me alimento de la lentitud como de la prisa
y me apoyo en los libros
igual que en el brazo de una amiga.

Gloria Bosch (1959, Barcelona, España);  Una llamada tuya bastará para sanarme, Ediciones Carena, 2003.

Palabras de papel

Palabras de papel

 Busco palabras,
nombrar este dolor
que se despeña
por un catálogo de voces mudas,
sentimientos de aceite que flotan en el agua
podrida que me anega.

Busco palabras,
nombrar la mariposa
que vuela lejos, lejos de estas páginas
reales y eruditas,
frías como el papel
que me hace cortes en los dedos.

Busco palabras que te invoquen,
palabras que
huelan a ti,
suenen a ti,
sepan a ti,
pero las letras se hacen humo
y el fuego quema tanto
que no sé si la bruja que crepita
tendrá tu rostro
o el mío.

Gerardo Rodríguez Salas (1976, Granada, España); Anacronía, Valparaíso Ediciones, 2020

Indemne

Indemne

Descanso tendida a la orilla del mar.
La luz parece no cambiar nunca, atraviesa el viento
apenas sin moverse. Su mano ligera, descarnada,
se agarra al frío erizado de mi piel.
Nace en mi cuerpo la vida, y permanece.
Miro, sin embargo, lo que queda al retirarse cada ola:
pequeñas conchas rotas, algas frágiles,
un trozo de junco partido y seco.
Presencias de que algo ha terminado.
Alguna vez seré simplemente eso, me digo.

Cierro los ojos: alguna vez seré simplemente eso.

Marta López Vilar (1978, Madrid, España); Del alma a la boca. 13 poetas madrileña, Ed. Huerga & Fierro, 2018

Antes de escribir el poema

Antes de escribir el poema…

Antes de escribir el poema,
con el lápiz en la mano
y el silencio hecho palabra
me pregunto a quién demonios
interesa si este mar
ya no es azul ni si mi vida
de hoy es la que antes era.
Y si es lamento
o violín lo que suena
ahora en mi casa.
O a quién irán estos versos
y quién se aventurará conmigo
buscando esa luz inútil
que conduzca a una salida.
Este es un viaje
sin más brújula que el viento
ni más compañía
que este miedo y esta noche.

Ana María Navales (1939, Zaragoza, España), Contra las palabras, Ed. Quaderni de la Valle, 2000

Vivirás en mi verso

Vivirás en mi verso

Vivirás en mi verso cuando la luz se acabe,
por eso yo te canto germinal y sencillo,
descubriéndote el alma cuando el cielo está quieto
y el silencio se puebla de planetas sin nombre.
Mientras los otros duermen mi luz está encendida,
voy siguiendo el camino que iniciamos entonces,
desde aquel viejo mar, primitivo y solemne,
tan fresco y tan azul, tan blanco de veleros,
desde aquella esbeltez que tenían los chopos
aleteando leves en la luz de la tarde,
desde aquel mirador cubierto por la yedra,
abierto a la esperanza de otros mundos distintos.
No puedo alzar la voz para alegrar la brisa.
Mi mano está escribiendo el color del recuerdo.
Perdona que te escriba mientras los otros duermen.
También yo estoy llorando con los ojos abiertos.

Mariluz Escribano Pueo (1935-2019, Granada, España); Umbrales de otoño, Ed. Hiperión, 2014. Premio Andalucía de la crítica en 2014.