Siempre llegamos a destiempo

Siempre llegamos a destiempo

Siempre llegamos a destiempo.
Cada llegada es un fracaso. Parte
ya el tren y conseguimos
subir en marcha. Todo en vano.
Nos lleva, es cierto. Pero ya se ha ido.
A través del cristal nos asomamos,
pero la vida ya se ha ido; todo
se ha ido inacabado.
Estamos viendo rostros, árboles,
de otras personas y otros campos.
Estamos contemplando una montaña
que ya no es esta misma que miramos.
Oímos voces, gritos, carcajadas
que hace ya tiempo que sonaron.
Difícilmente pretendemos
hallar una respuesta por el tacto;
y cuando al fin tocamos algo vivo
ya no está allí lo que tocamos.
Cada momento que nos lleva
es un presente ya pasado.
Nos lleva, es cierto. Pero ya se ha ido;
se había ido al alcanzarlo.

Rafael Guillén (Granada, 1933 – 2023)

Más razones para la escritura

Más razones para la escritura

Qué inmensa la tristeza de un cuerpo que has amado,
qué abandono tan cruel su peso entre las sábanas
señalando inequívoco las ausencias futuras:
la muerte, el desamor, la enfermedad, el tiempo.
Perfecto en su belleza de un instante. Inasible.
No hay modo
de retenerlo así. Ni las palabras
podrían suspender esa condena
de la fugacidad: escribe y calla.
Que un verso lo sostenga en el vacío,
que milagrosamente se eternice
cuanto vas a perder.
No es suficiente
que hayas amado mucho y hasta el fondo.
Antes de que la luz se apague, escribe.
Escribe, escribe, simplemente escribe.

Josefa Parra (1965, Cádiz, España); La hora azul, Ed. Visor, 2007. Extraído de (TRAS)LÚCIDAS. Poesía escrita por mujeres (1980-2016), Bartleby Editores, 2016

Escribir antiguo

Escribir antiguo

“Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.”
Miguel Hernández

para juan jesús  a quien tanto estimo.

No hace mucho ese amigo
me reconvino y dijo:
javi escribes antiguo…
antiguos son los pueblos que vacían
antiguos son los golpes, las torturas
antiguos son los polis de gris claro
antiguos son tricornios camineros
antiguas son las noches de inquietud
antiguas son las tardes asustadas
           ansiando primaveras.
Dijo: escribes antiguo…

antiguas son las luchas por salario
antiguas son pensiones miserables
antiguos son dolores y esperanzas
antiguos son esclavos proletarios
antiguos son patronos cicateros
antiguos son zapatos de charol
                  sobre el sudor obrero.
Dijo: escribes antiguo…

antiguas son mujeres maltratadas
antiguos son los hombres asesinos
antiguas son las luchas pandilleras
antiguos son los cuchillos en la mano
antiguos son los robos en las calles
antiguas son familias desahuciadas
                          en la vejez del tiempo.
Dijo: escribes antiguo…

 antiguas son las guerras en las tierras
antiguas son batallas entre hermanos
antiguas son medidas extremadas
antiguas son promesas que se olvidan
antiguos son gobiernos asesinos
antiguos son mezquinos poderosos
                          que utilizan sus látigos
                          para acallar conciencias.
Dijo: escribes antiguo…

antiguas son las muertes Mare Nostrum
antiguos son sepulcros clandestinos
antiguas son las fosas no exhumadas
antiguos son los desaparecidos
antiguas son las niñas violentadas
antiguos son mercados de personas
                           que caen en el olvido.
Dijo: escribes antiguo…

antiguas son verdades ocultadas
antiguas son las épocas pasadas
antiguas son las armas de combate
antiguas son heridas no cerradas
antiguas son mentiras engañosas
antiguas son las voces que se ocultan
    por no dar pie a públicas
  venganzas oficiales.
Dijo: escribes antiguo…

antigua es la endogamia y el desprecio
antigua es la historia no escrita.
y… sí; amigo, escribo muy antiguo
antiguo, también es,
el tiempo en que vivimos.

Javier Arnaiz (1954, Logroño, España),  Abrazo partido; Ed. Amargord, 2021

Libertad

Libertad

Escribimos sobre ella
Para no ser demolidos por el día (monótono elefante)
ni por la noche (jauría en la memoria).
Para que en esta ciudad tan fría
su nombre abrigue más que una barricada de lana.
Para que los amantes incendiarios no cesen
de brillar como meteoros cuando se apaga la noche.
Para que la oscuridad no presida
la mesa, el sueño, lo imposible, el mundo.
Escribimos sobre ella, en fin,
para no volvernos radiactivos.
Otros poetas, que la ignoran, son felices o triunfan.

Eugenio Mandrini (1936- 2021, Argentina); Revista “Extremo Sur. Cultura argentina”. Noviembre 2020.

Poema único para leer luego

Poema único para leer luego

No me desahogo hoy (aunque resulte increíble en esta mi historia de poeta de exabruptos),
no frecuento el desagüe ni la guarida ni me asomo al taller de reparación de tiempos vencidos,
no escribo para recordarme el olvido imprescindible o planificar la venganza más hermosa,
no me leo para escupir ni vomitar ni rehuir el pegajoso olor de los abandonados sin remedio,
no me regodeo en la conspiración como alivio, en la emboscada más nocturna y devastadora,
no me abro en canal (no llamo ni a urgencias ni al forense ni al carnicero de confianza)
no invoco a Dios, no reniego, no me niego ni me ignoro,
no busco remakes ni me suicido ante el pelotón de palabras brutales y definitivas,
no me mato, no me intoxico, no me pierdo, no me bajoneo ni me humillo,
no me rasgo, no me duelo, no me suplico, no me insulto, no me dejo ir, no me someto,
no me compadezco hoy, no me animo ni me hundo, ni siquiera me pienso más de lo razonable,
no me tengo en cuenta, no me desgasto, no envejezco, no me rozo, no me idolatro, no me castigo,
simplemente escribo para recordarme que una vez
(cuando sea de nuevo necesario contar los muertos)
me merecí la esperanza de creer contra toda experiencia.

Esteban Beltrán Verdes (1961, Madrid, España); La jodida intensidad de vivir; Ed. Vaso Roto, 2018

Depuración

Depuración

Alguien
va a pasear los ojos
por estos versos.
No sabe de mí
habrá padecimiento
confusión
destierro
porque eso es crear.
Crear a dos.
Ciegos,
sin saberse tumulto.

Pero no tengo fe
en esos ojos
si no me arranca tela
y nace lo sin límite.
Vértice más vértice
de territorio
imperfecto
mi ofrecimiento
en vilo.

Alguien
pasea sus ojos
por estos versos.
En aproximación
a la materia
de lo vivo.
Nunca se sabe
qué hacer
ni cuál es la oculta
depuración
que ilumine
el lugar inacabado
de la compañía.

En su conflicto
de conjugación
el poeta duda si acoger
a quien le lee
por haberse atrevido
a descifrar
algún acoplamiento
de conciencias.

Pureza Canelo (1946, Cáceres, España); A todo lo no amado, Ed. Plaza y Janés, 2011

IV

IV


las palabras no hacen el amor
hacen la ausencia
Alejandra Pizarnik

cuando digo cómo retumba la palabra siempre
quiero decir cómo retumba la palabra nunca
qué estela deja tras de sí
qué vacío ese nunca
qué eco ráfaga temblor
qué nada en el todo
qué miedo atronador
ese nunca siempre nunca.

Nuria Ruiz de Viñaspre (1969, Logroño, España); extraído de (TRAS)LÚCIDAS. Poesía escrita por mujeres (1980-2016), Bartleby editores, 2016.

Acuarela

Acuarela

Hay viajes que se suman al antiguo color de las pupilas.
Después de ver la isla de Calipso ¿es que acaso Odiseo
volvió a mirar igual? ¿No se fijó un color
como un extraño cúmulo de algas
en sus pupilas viejas? Lo mismo que en los pliegues
mínimos de la piel
se fosilizan besos y desdenes, así los ojos filtran
esa franja turquesa del mar que acuna islas,
medusas de amatista, blancura de navíos.
La piel es vertedero de memoria
lo mismo que el poema. Pero acaso unos ojos
extrañamente verdes de repente dibujen
empapados de luz
un boscoso archipiélago perdido.

Aurora Luque (1962, Almería, España), Carpe noctem, Ed. Visor, 1993

De poética y niebla

De poética y niebla

tan lejos de uno mismo —hoy—

Aunque en las noches la busco,
sé que no existe,
que el hueco donde late,
dentro de mí, no es mi refugio,
ese hueco donde estoy y no estoy,
donde está y no está
—sin paz— la poesía,
no existe,
es solo —siempre— la pregunta
que me arrastra el poema.
El poema es lo que tengo:
a veces —lo sabemos de sobra— es dócil
como un cachorro que nos sigue
adonde vamos. Otras, es el cabo
de las tormentas,
indómito, intratable,
golpeando la niebla de mi pecho.
Paciente en cierto modo,
desciendo a la colmena de la ciudad dormida:
soy la abeja
atrapada en la celda
por el hilo
de su boca obsesiva.
Haciendo me deshago.
El poema es veneno
que bebo en mis labios.
¿Del fondo de qué abismo
asoman las palabras
pegajosas de vida
o de muerte?
En la sombra devano la madeja
que he llamado mi historia,
sílabas desnudas como miradas
que me corroen
o me alimentan.
El poema no es un juego,
no es un jeroglífico.
Pero hay que darle la vuelta
a las palabras, saber
que viven entrelíneas,
que se muerden la lengua
para decirnos:
en lo que callan
me hablan.
Escribir es niebla.
Para mí quiero
todas las palabras.
Cuando escribo me escriben.
En su tela me enredo.

Ángeles Mora (1952, Córdoba, España); Bajo la alfombra, Ed. Visor, 2008.