La poesía no explica ni argumenta

La poesía no explica ni argumenta,
la poesía solo llama a las cosas.

El poeta no es otro
que el que entra de noche en una habitación
y permanece inmóvil
frente a una oscuridad
a la que poco a poco consigue acostumbrarse.

El que asiste en silencio
al nacimiento humilde de las formas
que comienzan de pronto a definirse,
a adquirir su certeza,
su individualidad.

El inundado
definitivamente por aquello
que, llevando en su seno la lumbre del sentido,
es capaz de ofrecerle su presencia,
la posibilidad de su secreto.

La poesía es el oficio del espíritu.
En las casas de los acantilados,
en medio de la noche,
brilla sobre la mesa de los viejos buscadores de conchas
la aguja de la sal.

Basilio Sánchez (1958, Cáceres, España); He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes, Ed. Visor, 2019. XXXI Premio Loewe.

Actitud

«… algunos resolvieron quedarse pese a todo”.
Mario Benedetti

La tarde fue borrando la esperanza
con su mano iracunda.
Pero algunos
resolvieron quedarse.
Todavía
el sol apacentaba sus fulgores
y entre sus rayos se mecía el engaño.

¿Y qué decir de la memoria, el eco
donde habita el futuro cuando todo
tiene sabor a un tiempo ya vivido?

Quizá fue la razón por la que algunos
resolvieron quedarse.
(En las ilustres
terrazas del domingo se servía
anestesia y olvido a discreción).

Empezaba a hacer frío. Pero algunos
resolvieron quedarse.
Por la noche
vertió la irreflexión su lluvia fétida
en la alegre estulticia de las calles.
Y en los ojos obscenos del pasado
encendieron de nuevo los cuchillos.

A bandadas cruzaron los augurios
la desazón del aire como pájaros
que llegan tarde al sueño…

Pero algunos resolvieron -resolvimos-, quedarnos,
fieles, obstinados, indomables,
dispuestos a poner una vez más,
un ladrillo sobre otro.

Angelina Gatell (1926, Barcelona- 2017, Madrid); En legítima defensa. Poetas en tiempos de crisis, Bartleby Editores, 2014

Porque a veces

Porque a veces
sumar resta

Porque a veces
restar multiplica

Porque uno más uno
pueden ser más que dos

Porque dos menos uno
puede ser mucho más
que uno

Antes:
tú y yo

Durante:
yo-tú – tú más tú – tú más yo

Después:
tú más o menos tú
yo más o menos yo

Aurora Tabar Inda; Poesía en el camino. Antología poética (2011-2014). Olmillos de Sasamón (Burgos), Editado por la Institución Fernán González, 2015

Cómo se hace una guerra

Alemanes reparando la alambrada. | Biblioteca del Congreso de EEUU

Cómo se hace una guerra

Ingredientes
Un campo de batalla,
unas trincheras
cosidas con lágrimas de costureras.

Alambradas de espino,
un general;
una paloma muerta,
-la de la paz-

Miedo de los soldados,
besos de madre,
odio, balas, mentiras,
temblor del aire.

Preparación
A la orden de ataque
que da el caudillo,
mezclar los ingredientes;
batiburrillo.

Una vez terminado,
la desbandada;
dolor, muerte y silencio.
Nada de nada.

How to make a war

Ingredients
A battle field,
some trenches
sewed with seamstress’ teardrops

Fences of hawthom,
a general;
a dead dove,
– the peace one –

Soldiers’ fear,
Mother’s kisses,
hatred, bullets, lies,
air’s trembling.

Preparation
After the attacking command,
given by the commander,
blend the ingredients,
hotchpotch.

Once finished,
the rush;
sorrow, death and silence.
Nothing at all.

María Jesús Jabato (1959, Burgos, España); Libro de las lunas. Moons´ book, Traducción de Pablo Quintana, Editado con la colaboración de la Fundación Caja de Burgos

A ella la despidieron

A ella la despidieron

Por sacar de la farmacia las cremas más caras
y untarlas sobre las úlceras de los vagabundos.

Por dar de comer y beber a los animales que viven
dentro de los oboes y las tubas.

Por pintar esos trozos de paisaje que roban los barrotes
en las ventanas de los manicomios.

Por cambiar las monótonas canciones
de los semáforos para invidentes.

Por recoger los duendes de la lluvia
con máscaras de esgrima.

Por deslizar galletas debajo de las puertas
a los chicos castigados en el orfanato.

Por imantar el almacén
de la fábrica de armas.

Por volver a unir, a escondidas, los eslabones
de los péndulos de los zahoríes.

Por regalar unas gafas de eclipse
a la niña que se enamoró del sol.

Por arrullar y acariciar
a las reses del matadero.

Julio Mas Alcaraz (1974, Madrid, España); El niño que bebió agua de brújula; Ed. Calambur, 2011.

La historia de una niña

Imagen de freestocks-photos en Pixabay

La historia de una niña

I
De niña, yo recuerdo
a mi madre,
corriendo despacio
hacia el balcón.
Amenazaba volar desde el séptimo.
Mi padre corría detrás,
más deprisa,
para verla planear.
O acompañarla en el
vuelo.
Para no manchar
de rojo
el jardín.
 

II
De niña, yo recuerdo
las excursiones de los domingos:
viajábamos a un hospital con vallas y jardines,
íbamos a ver al abuelo
de segunda categoría.
Me decían que el abuelo
no llevaba mi sangre
y yo me alegraba porque
estaba malo
bebía mucho
y estuvo en la guerra
con los que ganaron.
Un domingo fuimos al parque.
Mi madre me dijo que
el abuelo se había muerto
de un calambre.
No me entraron ganas
de llorar.
 

III
De niña, yo recuerdo
a mi abuela.
Olía a ropa planchada
y sus ojos miopes eran
casi blancos de lo claros.
Luego comenzó a repetir
las mismas preguntas.
Me decía que yo era su
niño muerto
o su madre.
Preciosa y estética,
la abuela
llegó a olvidarse
de respirar.
Y yo no pude…
debió ser el cadáver
más lindo
que nunca hubiese.
 

IV
De niña, yo recuerdo
a un hombre educado,
me llevó adonde los buzones.
Buscaba un señor.
Aquel hombre se acercaba
mucho, por detrás.
Parecía que no sabía leer.
Me hizo llorar mucho
y no se lo conté a nadie.
 

V
De niña, yo recuerdo
que mis padres
me decían
que yo era
una niña
muy rara.
Que no era una buena
hija,
cada vez que intentaba
abrirme
las venas.
Y les manchaba
la alfombra
de sangre.
 

VI
Ahora, de mujer,
soy capaz de escribir
todo esto.
Y hacerlo bello.
Y hacer de mis tripas
un corazón precioso
de material sintético.
Y reservar el corazón
auténtico
para las grandes
ocasiones:
para mi niña.
Ahora,
de niña.

Eva Vaz (1972, Huelva, España); La otra mujer, Ed. Celya, 2003.

El elogio de la discreción

Elogi de la discreció

Ompliu l’espai i el temps amb les paraules
i espai i temps se us escolen entre els dits.

Definir el substantiu amb els mots,
-vana arrogància-
quan la substància habita
entre els replecs.

Escoltar-te per dins
els batecs del teu jo,
després mirar, palpar,
riure, plorar,
inspirar,
olorar,

cercar …

No donar res per fet,
per sabut,
entendre per la pell,
conèixer per l’esglai,
pausadament.

Oblidar per percebre
de nou,
aprendre el llenguatge mut
dels sentits verges,
tornar a néixer.

Callar per copsar l’essència de les coses.

Després mirar
uns ulls.

Elogio de la discreción

Llenáis tiempo y espacio con palabras
y espacio y tiempo se os escapan por los dedos.

Definir lo sustantivo con palabras
-vana arrogancia-,
si la sustancia habita
entre los plegues.

Escucharte por dentro
los latidos de tu yo,
después mirar, palpar,
reír, llorar,
inspirar,
oler,

buscar…

No dar nada por hecho,
por sabido,
entender por la piel,
conocer por el espanto,
pausadamente.

Olvidar para percibir
de nuevo,
aprender el lenguaje mudo
de los sentidos vírgenes,
renacer.

Callar para captar la esencia de las cosas.

Después mirar
unos ojos.

Anna Rossell (1951, Barcelona, España); La escritura plural. 33 poetas entre la dispersión y la continuidad de una cultura. Antología actual de poesía española, Ed. Ars poetica, 2019 (Traducción del catalán de Anna Rossell)

Este conocido temblor

Este conocido temblor
de las hojas con la brisa y este verde
de abril como un vómito
en la luz. Suficientes
aún las antiguas palabras:
no percibe el cadáver
dulzura ni calor y sí, en cambio,
el silencio y el frío,
puesto que se percibe lo que se es.
Discontinua vivencia, porque todas
aquí somos iguales
. Como mirlos
y mirlos esbeltos en el canto y en el negro
intercambian sonidos:
acepta la vida, el acorchamiento
de la vida, desecha
la vieja hybris, nada
pierde quien muere, nada gana
tampoco. Es nítido
el sonido tras la lluvia,
se percibe ahora el tren
con violencia veloz, el obsesivo
zureo de palomas.

Olvido García Valdés (1950, España), Caza nocturna, Ed. Ave del paraíso, 1997