Una lluvia pausada alargada serena

In memoriam

Una lluvia pausada, alargada, serena,
envolvente, inquietante, sostenida, perfecta.
He dejado la música, ahogué todas las voces
para escuchar la suya que suena tenazmente
como un hilo de plata dentro de un viejo odre.

Y me digo, rendida, sin voz, pausadamente,
que la lluvia cayendo hace un ruido de gente
cayendo sobre el mundo a lo ancho de los siglos
acompasadamente.

Dentro de mí no hay ruidos.
Hay cántaros vacíos, campanarios en ruinas,
hogueras apagadas, hay agotadas minas
blancos ojos de estatua, grandes estrellas huecas,
relojes sin agujas y libros sin palabras
y violines sin cuerdas.

Y un silencio espantoso en que cae la música
armoniosa, cansada, perfecta, de la lluvia
con un ruido de perlas contra el fondo de un cofre,
con un ruido de alas, de dedos; con un ruido
monótono, angustioso, ancestral, monocorde.

Idea Vilariño (1920-28 de abril de 2009, Uruguay); Poesía completa, Ed. Lumen, 2008.

Quiero, debo, tengo que salir de aquí

Quiero, debo, tengo que salir de aquí

Salir pronto por la puerta de atrás de las palabras. Salir de esta jaula de aire construida con barrotes de aire. Salir de este espacio sincopado con el dolor. Salir de este cuerpo de aire que es mi cuerpo. Salir del aire. Salir pronto por la puerta de atrás de las palabras.
Decir «otro» y que el otro se revele. Decir «nube» y que la nube se suspenda en el cielo cargada de significados, decir «lluvia» y que la lluvia estalle.
Tengo que esforzarme en decir, en no parar de hablar para poder así acallar este latido incesante, para acallar eso otro que siempre quiere discutirme, y me cerca, me rodea, me crucifica, me apuntala en el vacío y solo sangre, fijeza, estatismos paralelos.
Decir “palabra” para que esta se abra como un fruto. Comer su nuez. Decir «agua” y que se me moje el alma como una esponja. Decir «ala» y desplegarme hacia la prisa del viento. Decir «amor» y que el amor encarne esculpido en el espacio. Decir «silencio», decir «decir», decir «nada», pero decir, decir, decir…

Pilar González España,(1960, Madrid), Fugitivos. Antología de la poesía española contemporánea, Ed. Fondo de Cultura Económica, 2016

Hubo un tiempo

Hubo un tiempo

Hubo un tiempo en el que el amor era un
intruso temido y anhelado.
Un roce furtivo, premeditado, reelaborado durante
insoportables desvelos.
Una confesión perturbada y audaz, corregida mil
veces, que jamás llegaría a su destino.
Una incesante y tiránica inquietud.
Un galopar repentino del corazón ingobernable.
Un continuo batallar contra la despiadada infalibilidad
de los espejos.
Una íntima dificultad para distinguir la congoja del
júbilo.
Era un tiempo adolescente e impreciso, el tiempo del
amor sin nombre, hasta casi sin rostro, que merodeaba,
como un beso prometido, por el punto más umbrío de la
escalera.

Ana Rossetti (1950, Cádiz, España), Los devaneos de Erato, Ed. Prometeo, 1980

A algunos les gusta la poesía

A algunos les gusta la poesía 

A algunos,
es decir, no a todos.
Ni siquiera a los más, sino a los menos.
Sin contar las escuelas, donde es obligatoria,
y a los mismos poetas,
serán dos de cada mil personas.

Les gusta,
como también les gusta la sopa de fideos,
como les gustan los cumplidos y el color azul,
como les gusta la vieja bufanda,
como les gusta salirse con la suya,
como les gusta acariciar al perro.

La poesía,
pero qué es la poesía.
Más de una insegura respuesta
se ha dado a esta pregunta.
Y yo no sé, y sigo sin saber, y a esto me aferro
como a un oportuno pasamanos. 

Wisława Szymborska (1923-2012, Polonia), El gran número. Fin y principio y otros poemas; Traducción de Gerardo Beltrán, David A. Carión Sánchez y Abel A. Murcia Soriano, Ed. Hiperión, 2008.

La trampa del teléfono

La trampa del teléfono


Este es mi contestador automático.
Para herir, simplemente marque 1.
Para contar mentiras que me crea, marque 2.
Para las confesiones trasnochadas, marque 3.
Para interpretaciones literarias producto del alcohol, marque 6.
Para poemas, marque almohadilla.
Para cortar definitivamente la comunicación,
no marque nada, pero tampoco cuelgue,
titubee en el teléfono (a ser posible durante varios meses)
hasta que note que voy abandonando el aparato
a intervalos de tiempo cada vez más largos
No desespere. Aguante.
Espere a que sea yo la que se rinda.
Le evitará cualquier remordimiento.
Gracias.


Vanesa Pérez-Sauquillo (1978, Madrid, España), Bajo la Lluvia equivocada, Ed. Hiperión, 2006. IX Premio de Arte Joven de la Comunidad de Madrid

Alguien que no soy yo

Alguien que no soy yo

Alguien que no soy yo lleva la cuenta
de las horas felices, de las tardes
en que tuvo al amor como aliado,
de las noches libradas cuerpo a cuerpo.
Alguien que no soy yo sale de casa
y rompe sus cadenas, como aquellos
que, tras cumplir con su dolor, un día
cualquiera se fugaron de la muerte.
Ese alguien eleva
su corazón al cielo;
abarca el horizonte
y elige su destino,
aunque al final se interne
dentro de mí y escriba.

María Sanz (1956, Sevilla, España), Paseo de los magnolios, Edita Instituto Leonés de Cultura, 1995.

No hay milagros

No hay milagros
Llovía con desidia.
Diecinueve de octubre, las nueve de la noche.
Joana iba asustada hacia el quirófano
en nuestra compañía.
Cuando entró nos quedamos a esperar
en la salita mal iluminada junto a los ascensores.
Cuentan que en un intento
de salvarse le dijo te quiero al cirujano.
Creíamos que un hada podría devolvernos
a Joana, tranquila, la de siempre,
con sus confiados ojos centelleantes.
A las once, mirábamos
las gotas de la lluvia en el cristal
como si resbalaran por la noche.
La noche era una hoja de guadaña.

No hi ha miracles
Plovia amb deixadesa.
A les nou de la nit -dinou d’octubre-
la Joana arribava espantada al quiròfan
voltada per nosaltres, que ens quedàvem
en la saleta mal il·luminada de vora els ascensors.
Diu que ella, en un intent desesperat
de salvar-se, va dir t’estimo al metge.
Esperàvem la fada que ens tornés
la Joana tranquil·la, la de sempre,
els ulls espurnejant de confiança.
A les onze, mirant per la finestra,
les gotes de la pluja relliscaven
pel vidre com si ho fessin per la nit.
La nit era la fulla d’una dalla.

Joan Margarit (1938-2021, Lleida); Llegas Tarde a tu tiempo. Poesía 1999-2002; Ed. Visor, 2010

Vindicatio originis

Vindicatio originis

estos sellos que infectan los graves pasaportes
estos hitos mojones barreras y alambradas
estas líneas de puntos que torturan los mapas
ni un punto de armonía han aportado al mundo
ni una coma de amor o de decencia
                                                       Alberto Porlan

Un día alguien propuso:
“Vamos a enlazar la sangre con la tierra, vamos a decir
que, si tu padre aró este campo,
tú tienes derecho a un gentilicio.
La gente, si no quiere buscarse problemas,
vivirá donde le haya parido su madre
y criará ahí a sus hijos.
Y quien se porte bien le daremos
como premio por no molestar
potestad para poner la palabra mi
delante de la palabra tierra.
Y por gracia del nombre esa será la suya,
y ahí morirá,
y matará por ella.
Y si se va a otra parte
le llamarán el-que-viene-de-fuera.”

El consejo de sabios entero estalló en risas:
“Eso no es posible, hermano,
¿no ves que la sangre, la carne, el cuerpo en suma
se parecen mucho más a los ríos?
¿No ves que la gente se enamora
sin distinción de aldeas?
¿No ves que a veces llueve
y hay que buscar comida lejos;
no ves que a veces,
simplemente,
es momento de marchar?

¿En serio crees que alguien
iba a dejar de cruzar una montaña
porque se lo dijéramos nosotros?”

Y desde entonces,
años y años,
sucesivos pasos de golondrinas sobre la bahía,
heladas y mareas,
nacimientos, extinciones de especies,
y la creciente sensación
de que algo se estaba olvidando.

Laura Casielles (1986, Asturias, España) Los idiomas comunes, Ed. Hiperión, 2010 (Este libro ganó el XIII Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal y el Premio de Poesía Joven Miguel Hernández en 2011)

Hay

HAY días en que sueño con escribir un libro
sobre cómo desprenderse de las cosas
y evitar el recuerdo del abridor de cartas
mellado por el golpe de una mala noticia,
también el del separador de poemas de tela
que vino por el mar y cruzó medio mundo
para asfixiarse en el exceso
o en el delirio.
Porque por la casa se congregan
las cosas más extrañas,
impensables,
que fueron poblando los cajones
y perdiendo sus señas,
la silueta inviolable
de ser uno y distinto, diferente
al alfiler, la piedra o la entrevista
en papel cartoné que amarillea
mientras nuevos objetos,
imprudentes,
aguardan en el soplo translúcido, voraz,
y se queda sonando en la memoria
la misma melodía para el frío,
para la sal oculta de la escarcha.
Podría ser tan útil
enseñar a evitar los montones de cosas
con su infinita historia inquebrantable
con su furor privado
con su cólera también
con su soberbia.
Y así hasta emborronar los nombres, los colores,
el tiento, la consistencia o la vibración del aire
cuando ruedan hacia el suelo, se desmigan,
deshacen su epopeya sin honor
y sin gloria.

María Ángeles Pérez López (1967, Valladolid, España); La sola materia, Ed. Aguaclara, 1998

Árbol genealógico

Árbol genealógico

Durante tantos años esas manos
alimentaron hijos,
construyeron ciudades
en civilizaciones olvidadas,
acariciaron cuerpos infelices.
Durante tantos años escogieron,
meticulosamente,
la ropa de los otros.
Cultivaron la tierra,
sustentaron desnudas columnas y familias.
Durante tantos años esas manos
marcaron el camino que volvía a casa,
o inventaron la casa cuando fue necesario
en medio del camino.
Durante tantos años sujetaron
con férrea disciplina
el peso muerto del amor,
y dentro el de la historia,
y dentro el de la guerra,
y dentro el de la vida moviéndose
tan rápido,
y más aún nosotros, tranquilos
y apacibles.
Pero ya están cansadas. Y nosotros
caemos sin consuelo,
abajo, muy abajo,
y más deprisa,
cada vez más deprisa.

Rosa Berbel (1997, Sevilla, España); Las niñas siempre dicen la verdad, Ed. Hiperión, 2018. Poemario ganador de la XXI edición del Premio de Poesía Joven «Antonio Carvajal» es su primer libro publicado