Cae la rosa y cae la noche

Cae la rosa y cae la noche
en un desmayo repentino, en un suspiro
dejando tras de sí un cúmulo de espinas y una sombra
que es la viva imagen del anhelo.

Cae la noche y cae la luna
sobre el agua templada de ser moqueta, de ser camino
para las estrellas que desfilan por la bóveda
sembrando a su paso una hilera de deseos.

Cae la luna y cae la lluvia
acostumbrada a la ingravidez del desatino.
Se deja mecer por el viento y el suelo alfombra
de diamantes que escarbar entre el cemento.

Cae la lluvia y cae la rosa
porque como flor tiene pánico al destino,
como astro tiende a deambular tras las alondras
y como verso solo sabe dejarse rimar pétalo a pétalo.

Irene Romo Díez (1998, Burgos, España); Los hombres mal vestidos; Publicaciones del Consejo Social de la Universidad de Cantabria, 2020. Obra ganadora del Premio de Poesía de los “PREMIOS LITERARIOS DEL CONSEJO SOCIAL MANUEL ARCE” 2020.

Fecha de caducidad

Fecha de caducidad

Con el traje de junio
la vida se mostraba casi dócil
entre toallas verdes y amarillas
y lycra luminosa compartiendo
fronteras con la piel. Olor a mar templado
y la pereza cómplice
de olas y bañistas: era propicio hundirse
en esas lentejuelas soleadas del agua
o en las selvas pintadas sobre los bañadores,
desmenuzar el velo finísimo de sal
de unos hombros cercanos
y posponer la noche y su aventura.
Parecía la vida un puro litoral
pero avanzó una sombra:
al borrar con saliva la sal de la mañana
pude ver la inscripción junto al omóplato:
FRUTA PERECEDERA. Consumir
de preferencia ahora. El producto se altera fácilmente,
antes que los deseos. No se admiten
reclamaciones.


Aurora Luque (1962, Almería, España), Carpe noctem, Ed. Visor, 1993

Escribir

Escribir


esta necesidad de compartir
lo que quizá a nadie interesa
este sentirse acompañado
desde la soledad más absoluta
expuesto absurdamente
expuesto
esta enfermedad
este aferrarse al papel en blanco
como si fuera
la única alternativa
a la muerte
como si el rastro que en él dejamos
fuera más que nosotros mismos

Carmen Beltrán (1981, Logroño, España); Cuaderno de sal, Ed. Los libros del señor James, 2010

¡Qué alegría vivir…

¡Qué alegría, vivir
sintiéndose vivido!
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
me está viviendo.
Que cuando los espejos, los espías
-azogues, almas cortas-, aseguran
que estoy aquí, yo inmóvil,
con los ojos cerrados y los labios,
negándome al amor
de la luz, de la flor y de los hombres,
la verdad trasvisible es que camino
sin mis pasos, con otros,
allá lejos, y allí
estoy buscando flores, luces, hablo.
Que hay otro ser por el que miro el mundo
porque me está queriendo con sus ojos.
Que hay otra voz con la que digo cosas
no sospechadas por mi gran silencio;
y es que también me quiere con su voz.
La vida -¡qué transporte ya!-, ignorancia
de lo que son mis actos, que ella hace,
En que ella vive, doble, suya y mía.
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
De haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar, quieto, muerto ya. Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro. Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.

Pedro Salinas (Madrid, 1891-Boston, 1951)

Raíl

Raíl

Todos tus sueños hechos ventanilla.
Cargas con lo correcto, sin defraudar a nadie.
Y para los andenes te has roto la mirada.
Un millón de caminos
perpetran en tu espalda los recuerdos
que has llevado a desguace en el futuro,
que no han sido presente.
Tu equipaje es, te dices, el que te corresponde.
El único posible.
Para aliviar la herida,
sólo sabes cerrar fuerte los ojos.

 Raquel Vázquez (1990, Lugo, España);  Lenguaje ensamblador, Ed. Renacimiento, 2019

Eau de parfum

Eau de parfum

De la infancia, el olor
del musgo en las acequias, del barro, de las moras
y la extrema violencia de aprenderse.

Del mar, la última nota
de la última ola desplegada
antes de regresar y convencernos
de que no habrá sirenas.

De la noche, las leves veladuras
de un perfume italiano
todavía de moda.

De tu cuerpo, el aroma
de libro de aventuras
vuelto a leer; pero también de adelfas
desoladas y ardiendo.

Huele a vida quemada.

Aurora Luque (1962, Almería, España), Problemas de doblaje, Ed. Rialp, 1990

Palabras a una muchacha gorda

Palabras a una muchacha gorda

Mueves los muslos como si supieras
que eres heredera de una historia repetida.
Oscilas las caderas
con la seguridad de quien conoce
que la moda es lo primero que se pasa de moda.
Pero también te preguntas si es sólo por lástima
que el chico de la barra te sonría
y crees que tu vida es solo una isla
en los ojos distantes de los otros.
Cierto día quemaste tus peluches
por ver arder con ellos
el principio y umbral de tu tristeza,
pero, a pesar de todo,
bailas con la energía secreta de la piedra,
con un antiguo don de fuente o labio.
A pesar de ti, enseñas el ombligo y ríes:
sabes que la poesía también te necesita.

Carlos Contreras Elvira (1980, Burgos, España) Bildungsroman, Ed. Point de lunettes, 2007 (VI Premio internacional de poesía joven “Martín García Ramos”)

Tacto

TACTO 

Nada será como antes.

La lluvia no será ya la lluvia,
será celebración aún más gozosa,
mirarla cómo cae traerá un milagro
de panes y de peces llegando desde el cielo
para empujar la flor, el trigo, la memoria
de tu cuerpo y mi cuerpo aquella tarde
que fue todas las tardes.

Las cosas no serán la misma cosa,

los árboles
no serán ya los árboles,
serán ahora un abrazo sin contagio
al alcance de todos, descubrirás
que su sombra es más sombra
y que incluso en invierno, ya sin hojas,
se ven todos los nidos con mayor nitidez,
vacíos, pero intactos.

Las cosas no serán la misma cosa,

las calles no serán ya las calles,
la alegre muchedumbre
será ahora una extraña pasajera
con su maleta a solas
aconteciendo a un mundo que no entiende,
y aunque la gente ocupe las aceras
tú las verás vacías, y hacia dentro
extraviadas quizás, preguntándote ellas
cómo se llega a ti.

Las cosas no serán la misma cosa,

las ventanas no serán ya ventanas,
las miradas no serán ya miradas,

no amaré ya jamás como allí amé
el tacto de aquel guante
con sus dedos de plástico.

Las manos que sin manos se acercaban a mí.

Las cosas no serán la misma cosa,
la piel no será ya la piel
ni el desnudo el desnudo,

habrá que comenzar a desvestirse
por el botón del miedo, y al besarnos
quitada ya la ropa, aprender que había huecos
antes nunca tocados,

por fin seremos tacto.

Recorrerá mi lengua muy despacio
la isla abandonada, estallaremos juntos
como si fuera un último deseo
cumplido cuando ya no crees en nada.

Las cosas no serán la misma cosa,

nosotros no seremos los mismos,
los otros no serán ya los otros,
el amor no será ya el amor,
será solo el amar, y será más.

No habrá piel, habrá carne
jugándose la vida

Fernando Beltrán (1956, Oviedo, España); La curación del mundo, Ed. Hiperión, 2020.

Vergüenza

VERGÜENZA


Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa
como la hierba a que bajó el rocío,
y desconocerán mi faz gloriosa
las altas cañas cuando baje al río.
   Tengo vergüenza de mi boca triste,
de mi voz rota y mis rodillas rudas.
Ahora que me miraste y que viniste,
me encontré pobre y me palpé desnuda.
   Ninguna piedra en el camino hallaste
más desnuda de luz en la alborada
que esta mujer a la que levantaste,
porque oíste su canto, la mirada.
   Yo callaré para que no conozcan
mi dicha los que pasan por el llano,
en el fulgor que da a mi frente tosca
y en la tremolación que hay en mi mano…
   Es noche y baja a la hierba el rocío;
mírame largo y habla con ternura,
¡que ya mañana al descender al río
la que besaste llevará hermosura!


(Gabriela Mistral, Desolación, 1922)