Noviembre

Noviembre
                                                                A Juan Bernier

Oigo crujir tus hojas y vuelvo a estremecerme,
memoria de noviembre con la fruta en los labios,
pervertido jardín que hollé una vez, descalza,
y en el que, de rodillas, llevé mi frente al suelo.
Tengo el leve recuerdo de un sollozo y mi nombre,
y fielmente el del hueso, áspero, cautivo.

Mª Victoria Atencia (1931, Málaga, España); La llama en que arde, 1988. Recogido en la antología: Como las cosas claman (Antología poética 1955-2010), Ed. Renacimiento, 2011.

Soy una isla

Soy una isla

Todos quieren llegar,
traerse un libro,
algo de comida
y un amor.
Imaginan los árboles,
piensan en el mar que no se vacía,
son capaces de tumbarse sobre
mi arena
y dejarse ser por completo
porque es terriblemente sencillo:
en mí no existen los espejos,
cuido con esmero la contracción del paisaje,
acaricio el pasado y los errores ajenos,
marco el camino y no el tesoro
y me mantengo siempre estática,
sin hacer ruido, sin causar peligro,
esperando el golpe con las palmas abiertas.
Es fácil querer llegar.
Querer quedarse es igual de fácil
que ahogarse en una gota
de agua.
Es así: todos quieren llegar
y, sin embargo,
todos quieren irse
en el momento en el que llegan.
Quizá sea por el olor a polvo que me cubre,
por el viento que va dejando partes de mí
en cada trozo de tierra que piso
y me devuelve incompleta a la orilla,
por el cansancio de mis ojos
que siempre están en otra parte
o, quizá, porque nadie quiere vivir
en un lugar deshabitado.
Nadie quiere estar en una isla desierta
cuando se hace de noche.

Elvira Sastre (1992, Segovia, España); La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida, Ed. Visor, 2016

Invitación

Invitación

Me gustaría
que me oyeras la voz y yo pudiera
oír la tuya.
Sí, sí. Hablo contigo
mirada silenciosa
que recorre estas líneas.
Y repruebas, tal vez, este imposible
deseo de salirse del papel y la tinta.
¿Qué nos diríamos?
No sé, pero siempre mejor
que el conversar a solas
dando vuelta a las frases, a sonidos
(el poner y el sacar paréntesis y al rato
colocarlos de nuevo).
Si tu voz irrumpiera
y quebrara esta misma
línea… ¡Adelante!
Ya te esperaba. Pasa.
Vamos al fondo. Hay algunos frutales.
Ya verás. Entra.

Circe Maia (1932, Uruguay); publicado en Cambios, permanencias en 1978. Extraído de Transparencias. Antología poética, Ed. Visor, 2018

Poema ortográfico

Poema ortográfico

Ya te quiero hasta sin comillas
sin puntos suspensivos,
sin acento, sin mayúsculas.
Te quiero y no sé si quiero
ocultarte entre paréntesis
poner punto y seguido a cada encuentro
dejarte entre guiones
subrayar cada verso que me inspiras.

Ya te quiero hasta sin palabras
sin comas, sin interrogantes
sin conjunción ni sílabas
te quiero, por supuesto, sin punto y aparte.

No deseaba mostrarte mi texto amoroso
prefería escribir un poema en tu cuerpo
con mis dedos sordos
pero tú te fuiste hacia mi diptongo
y me dejaste temblando apoyada en el folio.

Ya te quiero
quizás ya te quise
antes de que supiera que iba a quererte
pero me atraparon los signos
la geografía de tu nombre
el código del lenguaje.
Ahora ando a la deriva por la hoja en blanco
pero echo el ancla en una esquina
y en minúsculas
y con un lápiz gastado
dispongo fecha y despedida
y firmo, firmo que te quiero
ante notario.

Gloria Bosch (1959, Barcelona, España);  Dédalo del deseo, Ed. Huerga & Fierro, 1998. Premio Villa de Benasque 1997

Tú y yo nos encontramos

Tú y yo nos encontramos
en Washington Square.
Me invitaste a cenar
en un club, y la orquesta
tocó para nosotros
«Indian summer»… Bailamos
inmersos en la noche
neoyorquina. Más tarde, mi vestido
brillaba abandonado sobre el suelo
de aquel apartamento, donde era
muy distinta la música: palabras
y suspiros mezclados con sirenas
de los barcos lejanos…
Pero, ¿será posible
que no recuerde ahora,
mientras abro los ojos,
cómo se titulaba la película
donde vi estas escenas?

María Sanz (1956, Sevilla, España), Pétalo impar: Antología de su obra 1981-1991, Ediciones Rialp, 1991

Poemas


Ameite tanto esta tarde,
cando non estabas,
e estaba o ceu como un atlas de ausencia,
esbarando nas horas!

Que estraño é todo isto, este amor que se agolpa
e verte a súa furia por acima de unha
sen piedade!

Non sei por que estes días en que te amo tanto
e tan fundo e tan duro e tan tristeiro,
días en que quixera aniquilarte
de tanto amor como me tinxe o corpo
e me lastima os dentes.

Esta tarde ameite como invasión de escumas
en sartegos tenrísimos.

Non sei que estrañas aves aniñaron en min
para que así te ame,
Non sei que tortas rutas ou mans confabuladas
me trouxeron a ti,
non sei por que camiños navegou o meu sangue
para chegar a ti.

Non sei se faro ou torre ou terra prometida
foron marcando o norte dos meus sucos

Só sei que aquí me tés, a ti oferecida,
sen culpa deste amor que caeu sobre min
non sei se como pedra ou lóstrego ou fervenza

Esta tarde ameite como nunca,
pero ti non estabas

Te amé tanto esta tarde,
cuando tú no estabas,
y estaba el cielo como un atlas de ausencia,
discurriendo en las horas!

Qué extraño es todo esto, este amor que se agolpa
y vierte su furia por encima de una
sin piedad!

No sé por qué estos días en que te amo tanto
y tan hondo y tan duro y con tanta tristeza,
días en que quisiera aniquilarte
de tanto amor como me tiñe el cuerpo
y me lastima los dientes.

Esta tarde te amé como invasión de espumas
en sepulcros tiernísimos.

No sé que extrañas aves anidaron en mí
para que así te ame,
No sé que torcidas rutas o manos confabuladas
me trajeron a ti,
no sé por qué caminos navegó mi sangre
para llegar a ti.

No se si faro o torre o tierra prometida
fueron marcando el norte de mis surcos

Sólo sé que aquí me tienes, a ti ofrecida,
sin culpa de este amor que cayó sobre mí
no sé si como piedra o rayo o cascada.

Esta tarde te amé como nunca,
pero tú no estabas.


Perdóame a dor, á veces,
perdóame a tristeza case sempre
e a soedade
(es así como chamo a túa ausencia).
Perdóame o silencio
e as palabras
agora.
Perdóame a alegría se te teño
un pouquiño,
os encontros, os versos,
a miña pobre vida.
Perdóame a esperanza
aínda
(tómoa sen que ma des
e asúmoa como único alimento).
Perdóame que fale
que cale
que respire
pero nunca que te ame.
[…]

Perdóname el dolor, a veces,
perdóname la tristeza casi siempre
y la soledad
(es así como llamo a tu ausencia).
Perdóname el silencio
y las palabras
ahora.
Perdóname la alegría si te tengo
un poquito,
los encuentros, los versos,
mi pobre vida.
Perdóname la esperanza
todavía
(la tomo sin que me la des
y la asumo como único alimento).
Perdóname que hable
que calle
que respire
pero nunca que te ame.
[…]


Hai unha cidade que me agarda no sul
e é estraño que no teña o teu nombre gravado nas paredes

(necesito emborracharme
pechar todas as fiestras que dan a esta tarde
necesito saber a cantidade exacta de desesperación que aniña
nesta hora)

no sul sei que hai unha cidade que me agarda
é estraño, nunca vivín alí a tristeza de novembro
non sei como será o rumor dos magnolios batidos pola choiva
cando novembro invada as avenidas
e sobrevivan as cúpulas senlleiras sinxelamente soas
baixo un ceo de inverno sen paxaros
[…]

Hay una ciudad que me espera en el sur
y es extraño que no tenga tu nombre grabado en las paredes
(necesito emborracharme
cerrar todas las ventanas que dan a esta tarde
necesito saber la cantidad exacta de desesperación que anida en
esta hora)
en el sur sé que hay una ciudad que me espera
es extraño, nunca he vivido allí la tristeza de noviembre
no sé cómo será el rumor de los magnolios golpeados por la lluvia
cuando noviembre invada las avenidas
y sobrevivan las cúpulas solitarias sencillamente solas
bajo un cielo de invierno sin pájaros
[…]


Retomo o fío do tempo e alongo a miña voz
unha vez máis ainda retardando a chegada
do definitivo silencio, dese día que ha vir
encher de sal e tevra o espazo do meu peito

retomo o fío e digo (vella parola) dor
dor nos dentes, no lombo, dor no abraio da alma
dor aínda esgazándome as entrañas
mentres quede un anaco de esperanza

Só hai dor mentres vive a esperanza
[…]

Retomo el hilo del tiempo y prolongo mi voz
una vez más aún retardando la llegada
del definitivo silencio, de ese día que vendrá
a llenar de sal y tiniebla el espacio de mi pecho

retomo el hilo y digo (vieja palabra ) dolor
dolor en los dientes, en la espalda,
dolor en el asombro del alma
dolor aún desgarrándome las entrañas
mientras quede un atisbo de esperanza

Sólo hay dolor mientras vive la esperanza.
[…]

Sétima Soidade, Pilar Pallarés. Ferrol: Sociedade de Cultura Valle Inclán, col. Esquío, 1984

Alguna vez, de pronto, me despierto

Alguna vez, de pronto, me despierto:
Un dolor me recorre tenazmente,
un dolor que está siempre, agazapado,
por saltar, desde adentro.
Entonces tengo miedo.
Entonces, me doy cuenta que estoy sola
frente a mí, frente a Dios, frente a un espejo
lleno de mis imágenes,
de rostros polvorientos.
Estoy sola, pero siempre estoy sola:
Es lo único cierto.
El amor era un huésped,
la soledad es siempre el compañero
que permanece al lado, inconmovible.
Lo único seguro, verdadero.
Oigo mi corazón, vieja campana
que dobla y que golpea,
que rebota en las sienes y en la nuca
y en la boca y los dedos.
Es cierto, tengo miedo.
Miedo de no poder gritar, de pronto,
de que ya sea demasiado tarde
para un ruego.
La costumbre ahoga las palabras
y alarga el desencuentro.
Ah, tantas cosas quedarán ocultas,
perdidas, sin recuerdo,
tantas palabras que no fueron dichas,
tantos gestos.
Unos dirán: Yo sé, la he conocido,
fue una ardiente rebelde,
se desolló las manos y la vida
por defender los que creyó más débiles.
Otros dirán: Yo sé, la he conocido,
era dura, malévola,
avara de ternura, con la boca
mostraba su desprecio.
Alguien dirá: Y cómo sonreía…
Qué importa
lo que vendrá después del gran silencio.
Claro que tengo miedo.
Así, en la madrugada
mientras algún dolor -un dolor, siempre-
va hincando sus agujas en mi cuerpo,
abro las manos en la sombra dulce
para atrapar mi soledad, de nuevo,
y me quedo a su lado, sin moverme,
con los ojos abiertos
la vida detenida.
Toda mi sangre es un temor inmenso.

Julia Prilutzky (1912-2002, Argentina), Este sabor de lágrimas, Ed. Losada, 1954