Anónimo

Anónimo

Porque el destino mira siempre al frente,
porque los cuatro puntos desleales
de mi vida se pierden en un mapa
cada vez más pequeño, yo diría,
aprovechando que no me oye nadie,
unas palabras, una frase, algo
más que esos versos. Porque si el destino
es una línea recta, si hay un norte
orientado a las luces de poniente,
yo quisiera decir o ser el eco,
tan sólo el eco ya, de algún poema,
aprovechando que no lee nadie
en este libro abierto de mi vida.

María Sanz (Sevilla, 8 de enero de 1956) 

Mi primer bikini

Mi primer bikini  

Sólo yo sé cuándo sobrevivimos.
Lo sé porque mis dedos
se transforman en lápices de colores.
Lo sé porque con ellos
dibujo en las paredes de tu casa
mujeres con rostro de epitafio.
Porque, a la caricia de la punta,
comienza el derrame de los cimientos
formando arco iris en la noche.
Porque, al escribir testamentos
en el suelo, se remueven las vísceras
de azúcar, y trepan tus raíces.

Grabo versos de colores fríos
en tu piel, de arquitrabe a basa,
y les llueve y los diluye, y compruebo
que la lluvia suena como hacen al caer
las canicas brillantes y naranjas
que cambiaba en el patio del recreo,
poco antes de calzar mi primer bikini.

Hoy guardo las canicas, como un apagado
tesoro, en los huecos de otras espaldas. 

Pinto también en la terraza de enfrente
un jardín de lápidas cálidas y hermosas.
Trazo como una medusa de bronce,
un paraíso de cadenas hendiendo en mantillo
el valle diminuto que proclama que es frágil
y sin embargo, dirás tú, sobrevive.

Elena Medel (1985, Córdoba, España), Mi primer bikini, Ediciones DVD, 2001 (Premio Andalucía Joven de Poesía)

Distintas formas de callar de igual manera

Distintas formas de callar de igual manera

El silencio es la pausa
que precede al rugido.
El nuestro
—un silencio compartido lleno de ruido—
es ya un idioma extinto,
no hay grito que lo devuelva a la vida
ni boca que lo reconozca.
Es mejor así,
pero a veces vuelvo al lugar donde exilié tu voz
y me cuesta regresar
ilesa.
Dejar mis recuerdos en otro sitio
es abandonar
palabras que no volverán a pronunciarse.
Aquí dentro,
el silencio es un hueco inhabitable.

Elvira Sastre (1992, Segovia, España); Re-generación. Antología de poesía española (2000-2015); Ed. Valparíso, 2016

Dama de blanco

Dama de blanco

El poema es mi cuerpo
esto la poesía
la carne fatigada
el sueño el sol
atravesando desiertos
los extremos del alma se tocan
y te recuerdo Dickinson
precioso suave fantasma
errando tiempo y distancia
en la boca del otro habitas
caes al aire eres el aire
que golpea con invisible sal
mi frente
los extremos del alma se tocan
se cierran se oye girar la tierra
ese ruido sin luz
arena ciega golpeándonos
así será ojos que fueron boca
que decía manos que se abren
y se cierran vacías
distante en tu ventana
ves al viento pasar
te ves pasar el rostro en llamas
póstuma estrella de verano
y caes hecha pájaro
hecha nieve en la fuente
en la tierra en el olvido
y vuelves con falso nombre de mujer
con tu ropa de invierno
con tu blanca ropa de
invierno
enlutado

Blanca Varela (1926-2009, Perú), El Falso teclado, Editado por La Casa de la Literatura Peruana, 2000

Amanecer

Amanecer

Mientras duermes te miro.

Me recuerdas
el frío de las fuentes en los labios,
el prado debajo de la espalda,
la indescifrable danza de las nubes,
el dulce sabor de diminutos dedos en la masa,
la tierra en las uñas,
los pies mojados en los charcos,
los bolsillos repletos.

Contigo junto a mí
los días recobran la suave textura de la cera
y repiten mil veces el amanecer.

Contigo junto a mí
veo pasar de largo la tristeza.

Irene Sánchez Carrón (1967, Cáceres, España); Escenas principales de un actor secundario, (Premio Adonáis, 1999) Ed. Rialp, 2000

No pido más

No pido más, ¿ya para qué?
Y es que, siglo tras siglo, no me encuentro
en las alforjas de tan andariega vida
más que el triste legado
de tener que pedir.
Pasé de largo, crucé el límite
y en esta nueva realidad me queda,
apenas, la añoranza de lo mucho
que fui perdiendo al elegir.

No pido más; acaso
la mesa de un café, a ser posible
en Montparnasse, vidrieras y molduras
años veinte, y algunas luces mortecinas
anunciando el derrumbe clamoroso,
definitivo de la tarde.

Y un pintor rezagado que recoja,
silencioso sus bártulos,
y un farol que, de pronto,
se ilumine, incendiando
los árboles cercanos.

¡Ah!, y un saxo
que apenas si se oiga, pero
que, de alguna manera, haga saltar
los resortes más íntimos
de una melancolía antigua; un saxo
que me cuente lo que dejé olvidado
sin querer, ¡tanta vida! ,
lo que me fue olvidando a mí.

Y una calle sin fondo.
Y tú llegando acalorada, frágil,
como del otro lado de la lluvia,
con un paraguas rojo, y el deseo
transparentado en la tersura
de tu piel. Y el mojado impermeable
robándome el contorno sinuoso
de tu cintura amada.

Y un saxo sí, un saxo constipado,
terco y lejano, desde
la niebla de otros tiempos, asomándose
como una flor pequeña por el único
resquicio de esta triste y desolada
conciencia que no quiere
desvanecerse.

Rafael Guillén (1933-2023, Granada, España); Balada en tres tiempos para saxofón y frases coloquiales, Ed. Visor, 2014

Certidumbre de ausencia

Certidumbre de ausencia

Regreso al mismo café.
Las horas lentas que pasaron en vano
atraviesan conmigo la puerta giratoria.
Y al fondo, entre las mesas,
una sonrisa tuya me mira como entonces.

Pero otra vez esos labios extraviados
tampoco son tus labios,
no hay sonrisa y el mármol de esta mesa
certifica en mis manos un mensaje de frío.

Amalia Iglesias (1962, Palencia, España), Dados y dudas, Ed. Pre-Textos, 1996

Mientras llueve

Mientras llueve,
ahora mientras llueve,
ya no pienso en Machado
ni en la dimensión metafórica del agua
ni en que es plancton o fuente de la vida
ni tampoco en que a veces equivale
al semen, a la humedad del útero
donde todo comienza y se desata.
No me pongo a pensar tampoco en su sentido,
su escondido valor en el orden simbólico,
o a qué se corresponde cada pequeña gota:
si es lágrima, ojo, canto o bien melancolía.

Lo que hago mientras llueve es renegar despacio
porque el agua se queda prendida en los cristales
y trae hasta la casa el limo de otros sitios;
porque sé del trabajo de esconder el salitre,
el polvo de la arena molida hasta su hueso
o la sombra de aljibes, de estanques y de fuentes,
del mar que se deslumbra por su propia espesura.

Si, como ahora, llueve,
yo no pienso en Vallejo con su aguacero triste
y menos, casi nada, apenas, en Machado.
Solo en la obligación imperiosa, excitante,
de restaurar el orden que se había hecho añicos
y devolver al vidrio su primera función,
la de mostrar el mundo en su sola materia.

Mª Ángeles Pérez López (1967, Valladolid, España); La sola materia; Ed. Aguaclara, 1998. III Premio Tardor de Poesía. En 2022 ha ganado el Premio Nacional de la Crítica en poesía castellana por el libro Incendio mineral, Ed. Vaso Roto, 2021.

Deseo

Deseo

No quisiera que abrieras el libro
y vieras palabras.
Quisiera
que oyeras sonidos.
No música, escucha.
Sonidos
de cuyo entrelazarse están formados
del tiempo, los hilos.

Como ahora
en que escribo ante abierta ventana
y el rumor de la calle y pisadas
exclamaciones, saludos, despedidas,
noticias, comentarios
y lejanos llamados se mezclan
conmigo.

Sin embargo
no suben al papel y solo quedan
negros trazos escritos.

Circe Maia (1932, Uruguay); Transparencias. Antología poética, Ed. Visor, 2018