La otra orilla

La otra orilla

Algún día, cuando el aire pese como tierra sedienta sobre los cuerpos desnudos,
tal vez alcance a ser la voz de aquel peregrino que enmudeció o el agua que,
gota a gota, resbala por su pecho. Él nunca estuvo en la otra orilla pues sabe
que allí los dioses duermen en el polvo. Y sabe que cuando un hombre por azar
se duerme en la otra orilla -ese lugar que siempre ocupó la mirada-
ellos se despiertan y se contemplan en él. Si ese hombre, entonces, se despierta,
se convierte en espejo y estalla con el sol.

(Chantal Maillard de «La otra orilla» 1990)

Una historia es

Una historia es
algo que comienza por las palabras,
pero no es así exactamente,
las palabras lo saben,
saben que antes de ellas
había allí algo,
algo que requería de su presencia urgente,
algo que estaba
esperándolas para existir.

Algo
que ni siquiera sabía si quería existir.
No tenía voluntad ese algo.

Tú que lo sabes,
qué es ese algo.

¿Es malo o es bueno ese algo?,
¿A dónde nos llevará ese algo?

Retenlas en tu mente,
las palabras vienen a salvarte de ese vacío,
ellas tienen el don de la clarividencia,
son bellas,
no tienes que temerlas,
no te apresures,
no las busques,
ellas vienen en tu auxilio.

Luisa Castro (1966, Lugo, España); Actores vestidos de calle, Ed. Visor, 2018

Aviso de correos

Aviso de Correos

Llamarán a tu puerta una tarde cualquiera.
Y no se sabe quién habrá dejado
en el suelo un paquete para ti.
MUY FRÁGIL, dice al dorso. Lo remite Pandora.
Albergue de montaña en el Olimpo.
Grecia la Vieja.
Sí, parece su otra caja,
la caja fascinante, la olvidada,
la que nunca abrió nadie,
la que escondía el Tiempo en algún zulo,
la que cruzara intacta por los mitos,
la que nunca extrajeron los viejos arqueólogos
ni indagaron los más serios poetas
y que -mira por dónde-
aparece en tu puerta, inesperada.
Contiene la mordaza, ya suelta, de Pandora,
venenos para dar a las palabras
que usurparon el trono tantos siglos,
ese brillo del no,
el cinismo de Hermes,
hondas para romper los espejismos
de las formas dañinas del amor
y palabras vibrantes y fresquísimas
dispuestas a pisar, como gacelas,
las lenguas gangrenadas e inservibles.
(Algo queda en el fondo. No lo mires.
Cuídate de Pandora: es el olvido).
Si llaman a tu puerta cualquier día,
si traen un mensaje de muy lejos,
mira la dirección del remitente
porque a veces los dioses, caprichosos,
rectifican el mundo en cajas nuevas.

Aurora Luque (1962, Almería, España), Carpe noctem, Ed. Visor, 1993

Ya no

Ya no

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.

Idea Vilariño (1920-2009, Uruguay), Poemas de amor Nocturnos, Ed. Lumen, 1984

Bécquer y el rock and roll

Bécquer y el rock and roll

                                      I know it’s only rock’n’roll
                                                  But I like it
                                                    The Rolling Stones

Tú también has tenido doce años.
Tú también reconoces
el temblor de la piel abriéndose camino.
Has vivido el incendio de los ojos
que ven la intensidad por vez primera.

Es invierno. Mis dedos infantiles
empujan su avidez contra un poema.
Detrás está un muchacho con perilla
y ojos interminables de soñador sensual.
Las palabras me trepan por el pecho
como hormigas hambrientas…
De pronto, un golpe seco
dentro de la conciencia.
Igual que cuando escucho un rock’n’roll.

La región más extensa de significado.
Poesía es lo contrario de la muerte.
Esta certeza súbita de lo desconocido.

Quizá sea solamente rock’n’roll
pero me gusta.

Raquel Lanseros (1973, Cádiz, España); Leyendas del promontorio, Colección de poesía Encina de la Cañada, Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada, 2005

Canción para un instante

Canción para un instante

No susurres nada, sólo tiéndeme
los brazos de aire del lejano instante
Nicolae Labiş

Hoy no sabría revivir aquel instante.
Tan sólo puedo recordar su vuelo.
Por la ventana abierta el sol de junio
entraba a raudales en el cuarto.

Tú me habías traído un cuenco de cerezas.
Cogí despacio una y la miré al trasluz,
me la llevé a la boca y la mordí. Sabía
a sol y a piel de lluvia, a verano, a ti.

Mira, mira este sol en la fruta, te dije.
Una explosión rojiza despegó de mi mano.
Y aquel instante pájaro, ya lejos,
tendió hacia mí sus brazos en el aire.

Ioana Gruia (1978, Rumanía). El sol en la fruta, Ed. Renacimiento, 2011. Premio de poesía Andalucía joven 2011.

Eros

Eros

Había acercado la silla a la ventana del hotel, para mirar la lluvia.

Estaba en una suerte de sueño o trance…
enamorada, y sin embargo
nada quería.

Tocarte parecía innecesario, volver a verte.
Solo quería esto:
la habitación, la silla, el sonido de la lluvia al caer,
hora tras hora, en la tibieza de la noche de primavera.

No necesitaba nada más; estaba completamente saciada.
Mi corazón se había vuelto pequeño, se colmaba con muy poco.
Miré la lluvia que caía en una densa cortina sobre la ciudad oscurecida…

Nada de esto te concernía: podía dejarte vivir
tal como necesitaras vivir.

Al amanecer cesó la lluvia. Hice las cosas
que se hacen de día, me puse en movimiento,
pero como una sonámbula.

Había bastado y ya no era cosa tuya.
Unos pocos días en una ciudad desconocida.

Una conversación, el roce de una mano.
Y después, me quité mi alianza de matrimonio.

Eso era lo que quería: estar desnuda.

EROS

I had drawn my chair to the hotel window, to watch the rain.

I was in a kind of dream or trance…
in love, and yet
I wanted nothing.

It seemed unnecessary to touch you, to see you again.
I wanted only this:
the room, the chair, the sound of the rain falling,
hour after hour, in the warmth of the spring night.

I needed nothing more; I was utterly sated.
My heart had become small; it took very little to fill it.
I watched the rain falling in heavy sheets over the darkened city…

You were not concerned; I could let you
live as you needed to live.

At dawn the rain abated. I did the things
one does in daylight, I acquitted myself,
but I moved like a sleepwalker.

It was enough and it no longer involved you.
A few days in a strange city.

A conversation, the touch of a hand.
And afterward, I took off my wedding ring.

That was what I wanted: to be naked.

Louise Elisabeth Glück (1943, Nueva York, EEUU); The Seven Ages, Ecco Press, 2001. Premio Nobel 2020

Poemas breves

Por eso donde muere la voz
nace el poema:
ese preciso lugar
en el que yace un suspiro.

Por eso escribimos aquello
que no puede ser dicho:
ese íntimo secreto
cosido a la piel
del poema.

En este papel que te acoge
al tiempo que te expulsa,
permaneces libre
palabra.

Sigo escribiendo
desde una inmensa necesidad
de silencio, desde la necesidad
de apropiarme de las palabras
para que, mías, puedan volar
en libertad.

Ángela Serna (1957, Salamanca, España); De eternidad en eternidad, Ediciones La Palma, 2006