Sinusoide

Sinusoide

Soy mujer
no podía ser otra cosa
si tengo un cuerpo sinusoide,
vagina y pechos
con los que amamanté a la vida
igual que hizo mi madre;
si tengo piernas y manos
con las que me teñí el pelo de rojo,
hice esferas con las olas,
puse lazos, termómetros,
el primer trece en las urnas
y defendí mis axiomas de mujer,
mis dogmas.

Tengo ojos,  boca,
algunos juguetes rotos,
muchas noches sin dormir
y cuentos en el bolsillo.
Tengo los labios pintados
y las uñas,
con ellas escribiré
cuando se acabe la tinta.

Entre canas y arrugas,
miedos, risas, fiebre,
voz y letras
no podía ser otra cosa.

Soy mujer.

Consuelo de la Torre (1959, Jaén, España); Ángulos, Ed. Nazarí, 2017

Fui mujer en un tiempo

Fui mujer en un tiempo,
y amor me hizo hombre por dentro.
Pidió de mí lo que mujeres no dan,
me dio cuanto las mujeres dieron.

Por ser de amor mi señor
me hice hombre
y fui herido
de amor mi señor,
malservido,
para ser de amor
fui hombre.

Hombre no guarda rencor,
hombre no busca su premio,
hombre no da compasión.

Fun muller un tempo,
E amor fíxome home por dentro.
Pideu de min o que mulleres non dan
Deume todo o que mulleres deron.

Para ser de amor meu señor
Fíxenme home
E fun ferido
De amor meu señor,
Malservido,
Para ser de amor
Fun un home.

Home non garda rencor,
Home non busca o seu premio,
Home non ten compasión.

Luisa Castro (1966, Lugo, España); extraído de 20 años de Poesía. Nuevos textos sagrados (1989-2009), Ed. Tusquets, 2009

Y qué decir de la poesía

Y qué decir de la poesía…

Y qué decir de la poesía
de la que eras grumete,
timonel y capitán a la vez,
siempre avanzando cara al sol
o contra el viento,
siempre izadas en medio de la lluvia
o trepando por la primavera de los mástiles
las velas de nieve de su corazón,
las rojas azaleas de su bandera.
Entonces el tiempo pasaba rápido como una bandada de delfines
limpiando la cubierta de inútiles aparejos,
sorteando los escollos de falso coral,
evitando el transitado cabotaje;
de los piratas amabas la magia
de convertir en propio el oro ajeno,
de los marinos oficiales odiabas el engaño
de trocarlo en galonada baratija de nadie.
Y al atardecer,
subida al palo mayor catalejo en mano,
sentías que todo aquello que no era tierra a la vista
era tuyo.

Almudena Guzmán (1964, Madrid, España); El jardín y la noche. Poesía reunida (1981-2011), Ed. Visor, 2012

Granada desde el mrkovići

Granada desde el mrkovići

Hace treinta horas que
las granadas llueven sobre nosotros
desde todas partes.
Una de ellas acaba de sobrevolar
ahora este poema.
Ha sido lanzada desde el Mrkovići
donde antes de la guerra
cogía margaritas
con la mujer que amo.

Izet Sarajlić (1930-2002, Bosnia  y Herzegovina); Después de mil balas, Ed. Seix Barral, 2017. Traductores Fernando Valverde Rodríguez y Branislava Vinaver.

La poesía no ha caído en desgracia

La poesía no ha caído en desgracia

Rumbo a Lesbos se va poniendo el sol
dice Mestre, el poeta. Penoso es que el presente reconozca
en sí mismo futuros motivos de elegía,
que se sepa exaltado de otra temperatura
por breves horas sólo. Pero basta un periplo,
basta un itinerario. Si acude la memoria -su garfio de palabras-
no importará la muerte, la no prolongación.
No importará la muerte. Rumbo a Lesbos
se iba poniendo el sol; en la cubierta,
un abrazo, su libro contra el viento, algo de hybris,
la silueta de Sunion, los flashes desde el mar,
la isla de Patroclo. Que se apaguen, espléndidos,
rumbo a Lesbos los soles.
Al presente voraz basta con arañarle
una noche, esa noche, antídoto de orgullo
contra toda la muerte.

Aurora Luque (1962, Almería, España), Camaradas de Ícaro, Ed. Visor, 2003 (I Premio Fray Luis de León)

Vivir de memoria

Nada hay fuera de mi
y todo sucede cuando no sucede.

Ahora me sumerjo
en un mar ya lejano
y me roza una piel que no me roza
o me abraza un pecho que no me abraza.

Nada hay fuera de mi
y la voz que ahora no oigo
es la voz que siempre oigo
y que ya no me dice lo que me dice:

Que amamos de oído,
que soñamos al azar,
que vivimos de memoria.

Francisco Pérez (1965, Granada) Inédito.

Mi homenaje

Mi homenaje

Mi homenaje
al que plantó cada árbol
sin pensar, para siempre.
O acaso imaginando al desunido
que un día lo convoca,
lo celebra.

A lo que no obstante el mediodía,
se da en glorioso atardecer.
A todo lo que ocurre
sin ser más que eso: algo.
Al conductor del ómnibus,
cumplido, sonriente,
que levanta una tarde
con su simple saludo.
Al pájaro que pía.
A quien en su país desvencijado
ose decir su parecer riesgoso.
Al que en el valle
recuerda que hay montañas
y en una gota de agua,
olvidando la niebla,
tiembla ante la sequía
y el desierto ofrecido.

Al banco cuya húmeda madera
me acoge y me refresca,
mientras el tormentoso verano
no da tregua.
Al hueco que busca
colmarse pese al vértigo
y a la gaita que llama a soledades
desde un acantilado.
Al que se acuerda de mí.
Al que me olvida.

Ida Vitale (1923, Uruguay), Sobrevida. Antología poética, Ed. Esdrújula, 2016

La lluvia II

La lluvia II

Está cayendo ahora mismo
una lluvia fina, mansa,
sobre la plaza.
Es una lluvia a la que no le ves
la mala intención por ninguna parte,
todo lo contrario, se diría
que busca tu amistad, que te dice:
«no tengo más remedio que mojarte un poco,
va en mi condición, pero me gustaría
que nos llevásemos bien».
Ya sé que esto puede parecer una locura,
ponerle no solo voz
sino sentimientos a la lluvia,
pero a mí es lo que me sugiere
ahora mismo su presencia,
mientras la veo caer lenta
entre las farolas hacia el empedrado,
y resbalar por mi rostro
reflejado en el cristal.

Karmelo C. Iribarren (1959, San Sebastián, España); de Haciendo planes (2016). Extraído de Poesía completa (1993-2019), Ed. Visor, 2020.