Advertencia

ADVERTENCIA

Se prohíbe pisar la palabra mañana,
escupir en las metas que aún no se han cumplido
y también contra el cielo que nos han regalado,
dejar a la intemperie
el corazón, manchado por la ira,
vomitar la saliva del beso que nos dieron anteayer
y cruzar los museos sin preguntar qué muertos
forjaron nuestra historia.

Katty Parra (1964, Murcia, España); Voces del viento sur. 30 poetas de la conciencia crítica; El Desvelo Ediciones, 2016

Residuos

Residuos

Para cuándo, señor alcalde, un
vertedero de poemas en la ciudad.
Cuándo podré, por fin,
convertir en materia útil
toda esta porquería que me inunda.
No me conformo con promesas, yo
quiero que su equipo de gobierno
desarrolle una planta
para el procesamiento de residuos poéticos
como Dios manda.
Tome esta bolsa de mentiras
y deles forma de verdad.
Me comprometo a no mezclar desechos:
en este cubo dejaré mis cuitas,
este otro será para las metáforas,
y aquí, en este rincón, la materia vanidosa
—altamente contaminante—.
lleve a cabo un proyecto novedoso
y ayude a mantener mi medio ambiente creativo
de un modo sostenible.

Seguro que uno de esos organismos inútiles
que hay por el mundo
le otorga un galardón igual de inútil.

Poner los nombres de poetas muertos
a colegios y calles es un gesto bonito,
pero no ayuda mucho.
Ya va siendo hora de que usted decida
qué hacer con toda esa basura
que nos invade.

Esto empieza a dar asco.

José Gutiérrez Román (1977, Burgos, España); Todo un temblor, Ediciones de la Isla de Sistolá, 2018

Lluvia

Lluvia

Llueve otra vez. Llueve de nuevo. Llueve:
siempre el amor me llega con la lluvia.
Sobre la calle una llovizna breve
y aquí en mi corazón, cómo diluvia…
Llueve. Y el agua cae sin relieve
sobre las piedras, ávidas de lluvia.
Aquí en mi corazón, cómo remueve;
aquí en mi corazón, cómo diluvia.
Siempre el amor me llega así. Sin ruido,
con silencioso paso estremecido:
niebla menuda que después diluvia.
Siempre el amor me llega así, callado,
con silencioso andar desesperado…
Y no sé dónde estás. Y está la lluvia.

Julia Prilutzky (1912, Ucrania-2002, Argentina), Antología del amor, Ed. Plus Ultra, 1977

Desmemoria

Desmemoria

Separar de su función a la métrica.
Hacer un verso en dirección contraria
al pensamiento que quiere recordar.
Un verso que prediga que sus sílabas
son sólo la sutura de una historia
que el poeta no sabe que ha vivido.
Y, sólo así, irse de él como quien llega
a un sitio en el que nunca le esperaron,
para que el dolor no sepa a quién volver
muriéndose por dentro de imposible.

Carlos Contreras Elvira (1980, Burgos, España); El eco anticipado, Ed. Pre-Textos, 2011. III Premio de Poesía Joven de RNE, 2010

Baile de máscaras

Baile de máscaras:
tú y yo danzando
entre palabras.
 * * *
 Sonámbula luna,
¿desde allá arriba,
todo esto de abajo
no te parece mentira?
* * *
La tierra helada:
la escarcha ha escrito
lo que yo pensaba.
 * * *
 Mariposa en el almendro:
yo no sé
si voy o si vengo.
 * * *
Nieva que nieva,
se borró el camino
de la escuela.
 * * *
 Vuelves.
Sobre el monte quemado
llueve.

Isabel Escudero (1944-2017, Badajoz, España); Cifra y aroma, Ed. Hiperión, 2002

Un seguro apellido

Un seguro apellido

El mundo es de los otros.
Se hizo para ellos y ellos lo poseen.
Cantan y se apacientan
dulcemente contentos.
Tienen mitos y dioses,
tienen hogar y hermanos
y un seguro apellido
y una calle con nombre.
Pueden tenerlo todo.
Todo pueden quitarnos:
hasta el silencio breve
que madura los versos;
hasta el Dios que se asoma
temblando en nuestro fondo
(ese Dios al que obligan
a ser inteligente).
Guardan en el bolsillo
su entrada para el Cielo
—un lugar elegante,
de «gente conocida»—,
mientras otros estamos
de pie, haciendo cola.
Mientras nos empujamos,
mudos, ante la puerta.
Y hemos perdido todo,
y estamos como ciegos
frente a los luminosos
que anuncian la película.
Nadie nos mira nunca,
pero nos da vergüenza.

Julia Uceda (1925, Sevilla, España) extraído de La voz femenina en la poesía social y testimonial de los años cincuenta, Bartleby editores, 2006.

Cosas que haría de vez en cuando

Cosas que haría de vez en cuando

Te envolvería para regalo todos los domingos que me quedan
le daría una patada en el culo al mundo
para que girara hacia ti
cambiaría el nombre de las cosas
llamaría azul a los lunes
oleaje a los martes
y puede que llamara cometa al despertador.
Sobornaría a la gravedad cuando saltaras
gritaría tu adolescencia en los cementerios
plantaría una bandera en el corazón de un ministro
con una foto de tu cara
haría perfume con tu cintura
escribiría cien canciones sobre el hecho de mirarte
tomaría el pulso de tu falda en tus talones
devolvería el llanto que solté por todas las anteriores
mediría por suspiros las semanas
formularía una hipótesis sobre el resto de nuestras vidas
y eso que eres una desconocida.

Marwan (1979, Madrid, España); La triste historia de tu cuerpo sobre el mío, Ed. Noviembre, 2012

Se acostumbra el oído al murmullo

Se acostumbra el oído al murmullo
del agua y, con el tiempo, si sigues
a su lado es como si el manantial
callase. Y así entiendes, aún mejor,
el trabajoso verde de los pinos
del arenal, allá lejos. Hojas
que flotan en la pila, octubre se destiñe
en la arboleda. Van cruzando
la tarde los graznidos de los grajos
y en el pinar se oyen voces. No callan.

Fermín Herrero (1963, Soria, España); De la letra menuda; Ediciones Cálamo, 2009

En el silencio de los pueblos se desmoronan
las paredes de adobe. Qué se podría hacer,
todo, todos se fueron, se fueron yendo
a la ciudad y todas sus muertes juntas
siguen aquí. Y también sigue aquí el castaño
y la fuente, la iglesia, los olmos muertos, los cerros
y la loma. Y también un ramal del nublado
que se volvió, cargado de pedrisco, y el gancho
que arrastraba hasta el banco de matar
a las cochinas. No debo interpretar sus silencios.

Fermín Herrero (1963, Soria, España); De la letra menuda; Ediciones Cálamo, 2009