Al día siguiente
La habitación cegada navega a la deriva
en un mar de noviembre; ventanas con verdín,
escotillas de cieno, y lodo en la recámara.
Escribiendo en el agua de un lago ya perdido,
soportando borrascas y nieve y huracanes,
aparece la sombra de un buzo incorregible
con vidrios de tristeza que ponen sordo el día.
Entonces la mañana de un nunca desdeñado,
opaca y sigilosa, se retira sin pleito.
Es el mar de noviembre almacén de congoja
que la lluvia resume sin que pueda impedirse.
José Carlos Rosales, El buzo incorregible, 1988