En la hora desnuda

En la hora desnuda
sólo eso
un segundo de luz y paraíso
de aquellos que la amaron
sabe los rostros mudos y su temblor de ala
todos
juntos
abran el cofre y vea ella
esos diamantes escondidos
libres
al fin del cepo las palabras
que mansamente caigan esos copos
de nieve
sin red
en un segundo blanco
sobre el regazo de su mirada cobijados
de par en par
las dos puertas abiertas
sólo
un paso
decir adiós así
que el saco no se cierre
sin librarle a la voz de sus cadenas
tacto
y aire
encuentre allí esa voz
sus zapatos perdidos
al fin cerrado el círculo del mundo
en la hora desnuda
sólo
eso
un segundo de luz
y paraíso.

Esperanza Ortega (1953, Palencia, España), Como si fuera una palabra, Ed. Lumen, 2002

Cuando se vaya el amor

Cuando se vaya el Amor,
me haré a la mar, corazón;
que en el hombre hay dos empeños:
despierto, el Mar,
y el Amor, en sueños.


¿Qué hace a la mariposa
buscar siempre otra cosa?


 Arco del pensamiento:
más lejos,
cuanto más tenso.


Como una navaja,
partió al Amor en dos
el filo del alba.


Cuanto te digo «te quiero»,
lo que te quiero decir
es que aún me lo creo.

Isabel Escudero (1944-2017, Badajoz, España); Coser y cantar, Ed. Lucina, 1994

Los abrazos

Los abrazos

Se besan los jóvenes
en el metro y en las calles
y no recuerdo el momento preciso
en que aprendía a dar los besos.
Tenés la mirada más sincera
que he visto en mi vida,
me dijo una vez un camarero,
y yo siempre me pregunto
si de verdad es posible hablar
con las pestañas
o pedir que te quieran para siempre,
soñar que podemos cambiar
lo que ya vivimos.
Lo que yo siempre he querido
han sido las manos de mi madre
cuando estaba enferma y las acercaba
a la frente, me acariciaba el pelo,
me explicaba dónde tenía que ponerme
el termómetro o la crema.
Hacerse mayor no es ya tan divertido
ni es fácil echar tanto de menos.
He aprendido a besar
pero prefiero los abrazos,
prefiero sobre todo los abrazos alegres,
los tristes, los doloridos, los abrazos que
tienen miedo, los abrazos nostálgicos,
los abrazos con saudade, los abrazos que
dicen la verdad.

Sara Herrera Peralta (1980, Cádiz, España); Documentum, Ed. Torremozas, 2014 (Premio Carmen Conde 2014)

La letra pequeña

La letra pequeña

Hace un par de cambios de vida
descubrí que estar donde quieres
es mucho más divertido
que estar donde no quieres,
que decir lo que sientes
es bastante más placentero
que no hacerlo,
y que abrazar cuando te apetece
es infinitamente más bonito
que cuando te obligan.
Y con todo esto
y sus viceversas
aprendí a no darle vueltas
a las cosas que marean,
aprendí a no hacer nada
que tenga que explicar
y a no querer nada
que tenga que pedir.
Aprendí que
cuando quieres estar cerca
no estás lejos,
sin más.
Da igual lo que diga
la letra pequeña del cuento.

Patricia Benito (1978, Las Palmas, España);  Tu lado del sofá, Ed. Aguilar, 2018

Acoso

Acoso

Cobarde no es el que se calla
cuando le tiran el cuaderno al suelo,
recibe una colleja
o le quitan las gafas.

Cobarde es el que mira
mientras ocurren esas cosas
y no se atreve a decir nada
por si un día le toca.

Valiente no es
el que ríe más fuerte
ni el que insulta más alto.
Valiente es
el que se atreve a reclamar ayuda
de los que intentan no mirar
por si las moscas.

Y es valiente también
el que mira por fin hacia el que sufre
y le tiende una mano
y le ayuda a perder el miedo al miedo.

Ana Alonso (1970, Barcelona, España); Amar sin red, Ed. Anaya, Col. Pizca de sal, 2020

Mi nacimiento o nacimiento

Mi nacimiento o Nacimiento

La tierra no me sirve de soporte.
No me basta con el cuerpo que da vida.
Las pezuñas del mamífero se agarran
al lugar ilimitado, al cuerpo de la tragedia.
La tierra no me sirve como círculo.
Hilo las raíces que me atan únicamente a mi condena.
Sueño con un ánfora que no me obligue
a derramarme ciegamente, con un embrión
que me otorgue el don del nacimiento.
Más allá del elemento creador,
el mar es mi verdugo
y mi carne un signo en el que clavar puñales.
Algunas noches, doblegada por el miedo,
dejo a los salvajes devorar los restos del naufragio.
Luego, abandono a la criatura
sola,
enroscada en la jauría,
y erijo un altar en el que mi cuerpo se sostiene como muerte.

Ángela Álvarez Sáez (1981, Madrid, España); La columna rota, Huerga y Fierro Editores, 2016

Sinusoide

Sinusoide

Soy mujer
no podía ser otra cosa
si tengo un cuerpo sinusoide,
vagina y pechos
con los que amamanté a la vida
igual que hizo mi madre;
si tengo piernas y manos
con las que me teñí el pelo de rojo,
hice esferas con las olas,
puse lazos, termómetros,
el primer trece en las urnas
y defendí mis axiomas de mujer,
mis dogmas.

Tengo ojos,  boca,
algunos juguetes rotos,
muchas noches sin dormir
y cuentos en el bolsillo.
Tengo los labios pintados
y las uñas,
con ellas escribiré
cuando se acabe la tinta.

Entre canas y arrugas,
miedos, risas, fiebre,
voz y letras
no podía ser otra cosa.

Soy mujer.

Consuelo de la Torre (1959, Jaén, España); Ángulos, Ed. Nazarí, 2017

Fui mujer en un tiempo

Fui mujer en un tiempo,
y amor me hizo hombre por dentro.
Pidió de mí lo que mujeres no dan,
me dio cuanto las mujeres dieron.

Por ser de amor mi señor
me hice hombre
y fui herido
de amor mi señor,
malservido,
para ser de amor
fui hombre.

Hombre no guarda rencor,
hombre no busca su premio,
hombre no da compasión.

Fun muller un tempo,
E amor fíxome home por dentro.
Pideu de min o que mulleres non dan
Deume todo o que mulleres deron.

Para ser de amor meu señor
Fíxenme home
E fun ferido
De amor meu señor,
Malservido,
Para ser de amor
Fun un home.

Home non garda rencor,
Home non busca o seu premio,
Home non ten compasión.

Luisa Castro (1966, Lugo, España); extraído de 20 años de Poesía. Nuevos textos sagrados (1989-2009), Ed. Tusquets, 2009

Y qué decir de la poesía

Y qué decir de la poesía…

Y qué decir de la poesía
de la que eras grumete,
timonel y capitán a la vez,
siempre avanzando cara al sol
o contra el viento,
siempre izadas en medio de la lluvia
o trepando por la primavera de los mástiles
las velas de nieve de su corazón,
las rojas azaleas de su bandera.
Entonces el tiempo pasaba rápido como una bandada de delfines
limpiando la cubierta de inútiles aparejos,
sorteando los escollos de falso coral,
evitando el transitado cabotaje;
de los piratas amabas la magia
de convertir en propio el oro ajeno,
de los marinos oficiales odiabas el engaño
de trocarlo en galonada baratija de nadie.
Y al atardecer,
subida al palo mayor catalejo en mano,
sentías que todo aquello que no era tierra a la vista
era tuyo.

Almudena Guzmán (1964, Madrid, España); El jardín y la noche. Poesía reunida (1981-2011), Ed. Visor, 2012