Granada desde el mrkovići

Granada desde el mrkovići

Hace treinta horas que
las granadas llueven sobre nosotros
desde todas partes.
Una de ellas acaba de sobrevolar
ahora este poema.
Ha sido lanzada desde el Mrkovići
donde antes de la guerra
cogía margaritas
con la mujer que amo.

Izet Sarajlić (1930-2002, Bosnia  y Herzegovina); Después de mil balas, Ed. Seix Barral, 2017. Traductores Fernando Valverde Rodríguez y Branislava Vinaver.

La poesía no ha caído en desgracia

La poesía no ha caído en desgracia

Rumbo a Lesbos se va poniendo el sol
dice Mestre, el poeta. Penoso es que el presente reconozca
en sí mismo futuros motivos de elegía,
que se sepa exaltado de otra temperatura
por breves horas sólo. Pero basta un periplo,
basta un itinerario. Si acude la memoria -su garfio de palabras-
no importará la muerte, la no prolongación.
No importará la muerte. Rumbo a Lesbos
se iba poniendo el sol; en la cubierta,
un abrazo, su libro contra el viento, algo de hybris,
la silueta de Sunion, los flashes desde el mar,
la isla de Patroclo. Que se apaguen, espléndidos,
rumbo a Lesbos los soles.
Al presente voraz basta con arañarle
una noche, esa noche, antídoto de orgullo
contra toda la muerte.

Aurora Luque (1962, Almería, España), Camaradas de Ícaro, Ed. Visor, 2003 (I Premio Fray Luis de León)

Vivir de memoria

Nada hay fuera de mi
y todo sucede cuando no sucede.

Ahora me sumerjo
en un mar ya lejano
y me roza una piel que no me roza
o me abraza un pecho que no me abraza.

Nada hay fuera de mi
y la voz que ahora no oigo
es la voz que siempre oigo
y que ya no me dice lo que me dice:

Que amamos de oído,
que soñamos al azar,
que vivimos de memoria.

Francisco Pérez (1965, Granada) Inédito.

Mi homenaje

Mi homenaje

Mi homenaje
al que plantó cada árbol
sin pensar, para siempre.
O acaso imaginando al desunido
que un día lo convoca,
lo celebra.

A lo que no obstante el mediodía,
se da en glorioso atardecer.
A todo lo que ocurre
sin ser más que eso: algo.
Al conductor del ómnibus,
cumplido, sonriente,
que levanta una tarde
con su simple saludo.
Al pájaro que pía.
A quien en su país desvencijado
ose decir su parecer riesgoso.
Al que en el valle
recuerda que hay montañas
y en una gota de agua,
olvidando la niebla,
tiembla ante la sequía
y el desierto ofrecido.

Al banco cuya húmeda madera
me acoge y me refresca,
mientras el tormentoso verano
no da tregua.
Al hueco que busca
colmarse pese al vértigo
y a la gaita que llama a soledades
desde un acantilado.
Al que se acuerda de mí.
Al que me olvida.

Ida Vitale (1923, Uruguay), Sobrevida. Antología poética, Ed. Esdrújula, 2016

La lluvia II

La lluvia II

Está cayendo ahora mismo
una lluvia fina, mansa,
sobre la plaza.
Es una lluvia a la que no le ves
la mala intención por ninguna parte,
todo lo contrario, se diría
que busca tu amistad, que te dice:
«no tengo más remedio que mojarte un poco,
va en mi condición, pero me gustaría
que nos llevásemos bien».
Ya sé que esto puede parecer una locura,
ponerle no solo voz
sino sentimientos a la lluvia,
pero a mí es lo que me sugiere
ahora mismo su presencia,
mientras la veo caer lenta
entre las farolas hacia el empedrado,
y resbalar por mi rostro
reflejado en el cristal.

Karmelo C. Iribarren (1959, San Sebastián, España); de Haciendo planes (2016). Extraído de Poesía completa (1993-2019), Ed. Visor, 2020.

El poeta

El poeta

El poeta trae de lejos la palabra.
Al poeta lo lleva lejos la palabra.
Entre sí y no, por baches indirectos
de parábolas, signos, planetas,
hasta lanzándose desde el campanario
agarra un garfio, pues el camino del cometa
es el camino del poeta. Casuales eslabones
ese es su enlace. ¡Mirar las estrellas
de nada sirve! en el calendario
no se pronostican los eclipses del poeta
él es el que desordena los naipes,
falsea el peso y las cuentas,
el preguntón en el pupitre,
el que a Kant para el arrastre deja.
El que en el pétreo foso de la bastilla
es como un árbol que crece en su belleza…
aquél de huellas siempre desaparecidas,
él que es el tren al que cualquiera
llega tarde,
su camino es el de los cometas.
El camino del poeta arde pero no calienta,
arranca pero no cría, estalla y se quiebra.
Tu camino es el de enredadas cabelleras,
no pronosticado en el calendario del poeta.

Marina Tsvetaeva (1892-1941, Rusia), 100 poemas. Antología, Ed. Visor, 2009

Nunca volvemos

Nunca volvemos

Un día nuestra vida se vacía de pronto.
Basta solo un segundo, un golpe inesperado,
un giro argumental forzado del destino.
Y nada vuelve a ser como ha sido hasta entonces.
Un camión de mudanzas aparca ante nosotros.
El óxido y el polvo conquistan nuestra casa.
Los espejos se velan; los muebles envejecen.
Se funden en la nada las cajas del embalaje
que fueron nuestra mesa en la primera noche,
los libros y los discos, las fotos de París…
La ausencia y el silencio se aposentan en ella,
y luego nos exilian, como tristes fantasmas
que ya no se conocen, nadie sabe a qué olvido.
Y ya nunca volvemos de tanto desamparo.

Victoria León (1981, Sevilla, España); Secreta Luz, Ed. Fundación José Manuel Lara, 2019 (Premio Iberoamericano Hermanos Machado)