Nimiedades

NIMIEDADES

Tu luz era fuente de gozo aquellos días.
No importaba más
la piel dura de las sombras,
ni el rasgado sol de aquel otoño incipiente
impedía aún el rojo de la tarde.

Entonces era más joven y escribí
poemas remilgados. Inventé para ti paisajes tiernos
y la esperanza
de aquel que desconoce,
iluminaba mi rostro y transformaba el presente
en un futuro favorable.

Quisiera ahora, sin embargo, nimiedades.
Verte dudar junto al estante de los yogures,
mirarte hervir las patatas,
sacudir de tu hombro las gotas
algún día en que, al salir del cine,
nos sorprendiese la lluvia y su fragancia.

María Paz Otero (1995, Madrid, España); Nimiedades. Ed. Hiperión, 2021. Ganadora del III Premio de Poesía Joven Tino Barriuso.

Nadie está solo

Nadie está sólo

En este mismo instante
hay un hombre que sufre,
un hombre torturado
tan solo por amar
la libertad.

—Ignoro
dónde vive, qué lengua
habla, de qué color
tiene la piel, cómo
se llama, pero
en este mismo instante,
cuando tus ojos leen
mi pequeño poema,
ese hombre existe, grita,
se puede oír su llanto
de animal acosado,
mientras muerde sus labios
para no denunciar
a los amigos. ¿Oyes?

Un hombre solo
grita maniatado, existe
en algún sitio.

—¿He dicho solo?
¿No sientes, como yo,
el dolor de su cuerpo
repetido en el suyo?
¿No te mana la sangre
bajo los golpes ciegos?

Nadie está solo. Ahora,
en este mismo instante,
también a ti y a mí
nos tienen maniatados.

José Agustín Goytisolo (1928- 1999, Barcelona, España); José Agustín Goytisolo – Obra completa; Ed. Lumen, 2011.

Sé que no debo

Sé que no debo
esperar la sonrisa de la vida encerrada
entre cuatro paredes de sucios sinsabores.
Que el camino se talla en la distancia
de un fracaso a un fracaso,
en la entrega insensata, en cada vencimiento.
Sé que cuando anochece
la luz de las estrellas multiplica el instante
y los ojos reflejan
derrotas de metal, túneles de caricias,
y no hay música gris poniendo un fondo intenso
que llene las muñecas del pulso de la sangre.
Saber no es suficiente,
hace falta la savia,
la voz del corazón descubriendo certezas,
arrancándole al trote persistente del tiempo
el beso resignado, la palabra admitida,
el nuevo resplandor del amor convocado.

Pilar Blanco (1959, León, España); Vocabulario íntimo (1997), extraído de Con la cal en los dedos. Antología (1982-2010), Diputación de León, 2012.

Una percha olvidada

Una percha olvidada
y la lámpara vieja
los niños
se despidieron del caballo blanco
se sostenía muda
tu casa
apoyada en el aire de la claraboya
donde el amor creció invisible
tierno como un racimo
asombro
de gentiles fantasmas descuidados
sin embargo el otoño
cayó sobre la casa
y la cubrió de sombras amarillas

Esperanza Ortega (1953, Palencia, España), Mudanza, Ed. Ave del Paraíso ,1994

En las ventanas de casa

En las ventanas de casa
los años centellean.
Yo aún recuerdo tus manos
temblando
en ese primer regalo
que me hiciste,
cuando eras un hombre
que hoy dices que está muerto.
Recuerdo tus manos y tus ojos,
recuerdo Barcelona dentro de un taxi,
recuerdo las cosas que dijiste,
todas las palabras.
Recuerdo las sillas de ese café,
la mesa con patas de aluminio,
la dulzura salada de tus besos
y mis nervios aflorando
como árboles
al darte la mano.
Somos más viejos
pero somos los mismos,
y todo lo que tengamos que hacer
lo haremos juntos.
No pienses demasiado
y ponme el abrigo;
y no dejes que se enfríe
el pastel de manzana
que siempre compartimos.

Noemí Trujillo (1976, Barcelona, España); La muchacha de los ojos tristes. Poemas, homenajes y estrés; Parnasse Ediciones, 2011

Lugares que se inventan de camino

Lugares que se inventan de camino

Nos gustaba impulsarnos de la mano
y salpicarnos todo el eros de política.
Como en aquella foto movida y entusiasta
que nos hicieron saltando en multitud.
Sólo después supimos adónde:
cada salto inventaba su lugar.

¿Y si rompemos esto –nos decíamos–
y luego lo volvemos dulcemente a construir?
Estábamos desnudos, estábamos furiosos
y queríamos llevarnos las sobras a casa.

Con el paso del tiempo
nuestros cuerpos detenidos
transparentaron el paisaje,
o nos caímos de la fotografía
por un agujero que nadie esperaba.

De lo que hicimos
queda el lugar, un aire eufórico
y algo hecho añicos que aún respira.
La historia cruje. Y la hostigamos.
Amor es una escala de violencia.

Erika Martínez (1979, Granada, España); Chocar con algo, Ed. Pre-Textos, 2017

La canción de las cosas perdidas

La canción de las cosas perdidas

Estoy en casa sola, escucho jazz,
una canción que me habla de la lluvia
mientras las gotas, aún lentas, caen
desconcertadas sobre este cristal
que me hace ver la noche y tu recuerdo.

Es la canción de las cosas perdidas,
que regresan en noches de verano
igual que una tormenta inesperada.

Y bailo enloquecida con tu ausencia,
y se calman la lluvia y el desgarro,
y suave es la canción, como la noche.

Los amores difíciles
están en la canción y en esta lluvia
que ahora cae fina en la ventana.

Y las gotas de nuevo se deslizan
lentas sobre el cristal con su promesa
de imposible regreso de las cosas perdidas.

La canción terminó y voy a la cama,
mientras la lluvia fuera me susurra
—no sé si es un consuelo o una advertencia
todo se alcanza al fin, pero a destiempo.

Ioana Gruia (1978, Rumanía); La luz que enciende el cuerpo, Ed. Visor, 2021. Premio Hermanos Argensola 2021

Entonces

Entonces

Cuando yo no te amaba todavía
-oh verdad del amor, quien lo creyera-
para mi sed no había
ninguna preferencia verdadera.
Ya no recuerdo el tiempo de la espera
con esa niebla en la memoria mía:
¿El mundo cómo era
cuando yo no te amaba todavía?
Total belleza que el amor inventa
ahora que es tan pura
su navidad, para que yo la sienta.
Y sé que no era cierta la dulzura,
que nunca amanecía
cuando yo no te amaba todavía.

Mª Elena Walsh (1930-2011, Argentina), Poemas y canciones, Ed. Alfaguara, 20014

Imprevisible materia

Imprevisible materia

Es siempre la memoria amarga copa
que promete consuelo y todo quema
tan pronto como roza nuestros labios.
Amor, verdad, locura. Imprevisible
materia de la vida y de los sueños
que levanta castillos en el aire
y traza laberintos infinitos
sobre el mapa de nuestro corazón.
En la insaciable sed de la nostalgia,
Todos los fuegos son el primer fuego.

Victoria León (1981, Sevilla, España); Secreta Luz, Ed. Fundación José Manuel Lara, 2019 (Premio Iberoamericano Hermanos Machado)