El amor es sencillo a veces

El amor es sencillo a veces

Algo tan sencillo como ponerse de puntillas para alcanzar una
manzana,
mirar el patio de una casa por encima de un muro,
dar un beso, hacer menos
ruido
al caminar.

El amor es preguntar
¿vienes conmigo hasta la boya amarilla?,
apuntar con un dedo el horizonte
y no tener que nadar en soledad nunca más.
El amor es no querer que te quemes,
quitarte polen de gramínea del pelo,
preguntar
con suavidad
si tienes frío.

El amor puede ser estar mucho rato bajo el sol con los ojos cerrados
y ser tan feliz que consigues no pensar en la muerte.

El amor puede ser también
oír una bicicleta que frena delante de tu puerta.
Pelar pipas en un banco, señalar
una trucha que salta a lo lejos
o un meteoro
que cae.

Escuchar una canción que no te gusta
y aun así pensar
la vida es buena.

El amor podríamos ser fácilmente nosotros dos
pegándonos porque nos parece divertido,
manchándonos porque nos parece divertido,
despidiéndonos porque despedirse
es siempre divertido.

El amor es apartar
un cigarrillo de tu boca.
El amor es acariciar
los dos al mismo perro.
El amor es echar una carrera,
llorar de risa, dar una patada
por debajo de la mesa,
no avergonzarme,
ante ti,
de mi ropa vieja.

Alba Flores Robla (Madrid, 1992, España); AZCA; Ediciones Venera, 2021. (Este poema está incluido en Antología de las mejores poesías de amor en lengua española; Ed. La Esfera de los Libros, 2020. Recopilador: Luis María Anson).

En esta página web se puede escuchar el poema recitado por la poeta

No quisiera que lloviera

No quisiera que lloviera

No quisiera que lloviera
te lo juro
que lloviera en esta ciudad
sin ti
y escuchar los ruidos del agua
al bajar
y pensar que allí donde estás viviendo
sin mí
llueve sobre la misma ciudad
Quizá tengas el cabello mojado
el teléfono a mano
que no usas
para llamarme
para decirme
esta noche te amo
me inundan los recuerdos de ti
discúlpame,
la literatura me mató
pero te le parecías tanto.

Cristina Peri Rossi (1941, Uruguay); Diáspora (1976); Ed. Lumen, 2001

Me basta así

Me basta así

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
– de esto sí estoy seguro:
pongo
tanta atención cuando te beso-;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;

ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando -luego- callas…
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.)

Ángel González (Oviedo, 1925 – Madrid, 2008) Palabra sobre palabra, 1965

El majuelo

El majuelo

Cuando se encuentren en tu
boca la uva y el queso,
recuerda que ese beso es mío.
Recuerda que un día quise
pintarte al cielo aún más azul,
y regalarte toda la vida de la
tierra.
Aunque no pude escalar las
Nubes
aquí abajo supe cuidar nuestro
suelo.
Planté la semilla de un deseo y
crecí con ella cada vez que
sonreíste.
Recuerda que encontró en tus ojos la
razón para hacerlo y que esta
compañía fue un latido que susurra
hoy aquella historia en la memoria
de nuestros nietos.
Recuerda que
ahora yo soy esa tierra,
que sigo cuidando de tus uvas y del
dulzor que debieran dejar siempre en
tus labios, que lloro cuando te
extraño para que llueva y todo brote
porque la vida ha de seguir sin mí,
pero tú no.
Yo estoy contigo, por eso vuelvo a
nuestra cama y me notas abrazarte
cada noche y sueñas y dudas.
Pero es cierto amor, lo que
sospechabas, lo que ya sabías, soy
yo a tu lado, siempre vuelvo.

Andrea Valbuena (Barcelona, 1992)

Soy una isla

Soy una isla

Todos quieren llegar,
traerse un libro,
algo de comida
y un amor.
Imaginan los árboles,
piensan en el mar que no se vacía,
son capaces de tumbarse sobre
mi arena
y dejarse ser por completo
porque es terriblemente sencillo:
en mí no existen los espejos,
cuido con esmero la contracción del paisaje,
acaricio el pasado y los errores ajenos,
marco el camino y no el tesoro
y me mantengo siempre estática,
sin hacer ruido, sin causar peligro,
esperando el golpe con las palmas abiertas.
Es fácil querer llegar.
Querer quedarse es igual de fácil
que ahogarse en una gota
de agua.
Es así: todos quieren llegar
y, sin embargo,
todos quieren irse
en el momento en el que llegan.
Quizá sea por el olor a polvo que me cubre,
por el viento que va dejando partes de mí
en cada trozo de tierra que piso
y me devuelve incompleta a la orilla,
por el cansancio de mis ojos
que siempre están en otra parte
o, quizá, porque nadie quiere vivir
en un lugar deshabitado.
Nadie quiere estar en una isla desierta
cuando se hace de noche.

Elvira Sastre (1992, Segovia, España); La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida, Ed. Visor, 2016

Poema ortográfico

Poema ortográfico

Ya te quiero hasta sin comillas
sin puntos suspensivos,
sin acento, sin mayúsculas.
Te quiero y no sé si quiero
ocultarte entre paréntesis
poner punto y seguido a cada encuentro
dejarte entre guiones
subrayar cada verso que me inspiras.

Ya te quiero hasta sin palabras
sin comas, sin interrogantes
sin conjunción ni sílabas
te quiero, por supuesto, sin punto y aparte.

No deseaba mostrarte mi texto amoroso
prefería escribir un poema en tu cuerpo
con mis dedos sordos
pero tú te fuiste hacia mi diptongo
y me dejaste temblando apoyada en el folio.

Ya te quiero
quizás ya te quise
antes de que supiera que iba a quererte
pero me atraparon los signos
la geografía de tu nombre
el código del lenguaje.
Ahora ando a la deriva por la hoja en blanco
pero echo el ancla en una esquina
y en minúsculas
y con un lápiz gastado
dispongo fecha y despedida
y firmo, firmo que te quiero
ante notario.

Gloria Bosch (1959, Barcelona, España);  Dédalo del deseo, Ed. Huerga & Fierro, 1998. Premio Villa de Benasque 1997

Poemas


Ameite tanto esta tarde,
cando non estabas,
e estaba o ceu como un atlas de ausencia,
esbarando nas horas!

Que estraño é todo isto, este amor que se agolpa
e verte a súa furia por acima de unha
sen piedade!

Non sei por que estes días en que te amo tanto
e tan fundo e tan duro e tan tristeiro,
días en que quixera aniquilarte
de tanto amor como me tinxe o corpo
e me lastima os dentes.

Esta tarde ameite como invasión de escumas
en sartegos tenrísimos.

Non sei que estrañas aves aniñaron en min
para que así te ame,
Non sei que tortas rutas ou mans confabuladas
me trouxeron a ti,
non sei por que camiños navegou o meu sangue
para chegar a ti.

Non sei se faro ou torre ou terra prometida
foron marcando o norte dos meus sucos

Só sei que aquí me tés, a ti oferecida,
sen culpa deste amor que caeu sobre min
non sei se como pedra ou lóstrego ou fervenza

Esta tarde ameite como nunca,
pero ti non estabas

Te amé tanto esta tarde,
cuando tú no estabas,
y estaba el cielo como un atlas de ausencia,
discurriendo en las horas!

Qué extraño es todo esto, este amor que se agolpa
y vierte su furia por encima de una
sin piedad!

No sé por qué estos días en que te amo tanto
y tan hondo y tan duro y con tanta tristeza,
días en que quisiera aniquilarte
de tanto amor como me tiñe el cuerpo
y me lastima los dientes.

Esta tarde te amé como invasión de espumas
en sepulcros tiernísimos.

No sé que extrañas aves anidaron en mí
para que así te ame,
No sé que torcidas rutas o manos confabuladas
me trajeron a ti,
no sé por qué caminos navegó mi sangre
para llegar a ti.

No se si faro o torre o tierra prometida
fueron marcando el norte de mis surcos

Sólo sé que aquí me tienes, a ti ofrecida,
sin culpa de este amor que cayó sobre mí
no sé si como piedra o rayo o cascada.

Esta tarde te amé como nunca,
pero tú no estabas.


Perdóame a dor, á veces,
perdóame a tristeza case sempre
e a soedade
(es así como chamo a túa ausencia).
Perdóame o silencio
e as palabras
agora.
Perdóame a alegría se te teño
un pouquiño,
os encontros, os versos,
a miña pobre vida.
Perdóame a esperanza
aínda
(tómoa sen que ma des
e asúmoa como único alimento).
Perdóame que fale
que cale
que respire
pero nunca que te ame.
[…]

Perdóname el dolor, a veces,
perdóname la tristeza casi siempre
y la soledad
(es así como llamo a tu ausencia).
Perdóname el silencio
y las palabras
ahora.
Perdóname la alegría si te tengo
un poquito,
los encuentros, los versos,
mi pobre vida.
Perdóname la esperanza
todavía
(la tomo sin que me la des
y la asumo como único alimento).
Perdóname que hable
que calle
que respire
pero nunca que te ame.
[…]


Hai unha cidade que me agarda no sul
e é estraño que no teña o teu nombre gravado nas paredes

(necesito emborracharme
pechar todas as fiestras que dan a esta tarde
necesito saber a cantidade exacta de desesperación que aniña
nesta hora)

no sul sei que hai unha cidade que me agarda
é estraño, nunca vivín alí a tristeza de novembro
non sei como será o rumor dos magnolios batidos pola choiva
cando novembro invada as avenidas
e sobrevivan as cúpulas senlleiras sinxelamente soas
baixo un ceo de inverno sen paxaros
[…]

Hay una ciudad que me espera en el sur
y es extraño que no tenga tu nombre grabado en las paredes
(necesito emborracharme
cerrar todas las ventanas que dan a esta tarde
necesito saber la cantidad exacta de desesperación que anida en
esta hora)
en el sur sé que hay una ciudad que me espera
es extraño, nunca he vivido allí la tristeza de noviembre
no sé cómo será el rumor de los magnolios golpeados por la lluvia
cuando noviembre invada las avenidas
y sobrevivan las cúpulas solitarias sencillamente solas
bajo un cielo de invierno sin pájaros
[…]


Retomo o fío do tempo e alongo a miña voz
unha vez máis ainda retardando a chegada
do definitivo silencio, dese día que ha vir
encher de sal e tevra o espazo do meu peito

retomo o fío e digo (vella parola) dor
dor nos dentes, no lombo, dor no abraio da alma
dor aínda esgazándome as entrañas
mentres quede un anaco de esperanza

Só hai dor mentres vive a esperanza
[…]

Retomo el hilo del tiempo y prolongo mi voz
una vez más aún retardando la llegada
del definitivo silencio, de ese día que vendrá
a llenar de sal y tiniebla el espacio de mi pecho

retomo el hilo y digo (vieja palabra ) dolor
dolor en los dientes, en la espalda,
dolor en el asombro del alma
dolor aún desgarrándome las entrañas
mientras quede un atisbo de esperanza

Sólo hay dolor mientras vive la esperanza.
[…]

Sétima Soidade, Pilar Pallarés. Ferrol: Sociedade de Cultura Valle Inclán, col. Esquío, 1984

Embadurnamos los cuerpos en perfumes de lenguas

Embadurnamos los cuerpos en perfumes de lenguas
esas lenguas indómitas que se engullen
con fragor de conquista multiplicándose imbatibles
en ese idioma nuestro que escapa el escrutinio.
El hambre de nosotros airea olor de carne,
esa carne curtida al soplo y al rocío, al lodo y al salitre,
esa carne despojada de fronteras
vivificada
en apetencia extrema de cachorros sedientos
desbordando extremidades.
Emborrachándonos de hendidura profunda y de dobleces
nuestras bocas engullen en trance hasta el escarpe
que araña desde el órgano.
Un torrente caldea los pasajes con su policromía
ese alud de muerte momentánea, sudor y rubor, pico y cumbre,
y después calma.

Rosa M. Martín (Valladolid, España); A veces contigo, ed. Grupo Literario Juan de Baños, 2018 (ganadora del V Premio Internacional de Poesía Treciembre)

No te he querido nunca como debiera

No te he querido nunca como debiera, te acompaño
en la alegría y te deseo mucho y a veces
te acaricio, es verdad, con ternura, e incluso
te echo en falta a menudo, en cuanto estás
lejos o no te veo y necesito reunir a tu lado
mi silencio, que es nuestro silencio. Me encuentro
a gusto entre tus brazos, tus manías, tal
y como van las cosas. También estás en mí secreta
y aun así sé que no te he querido como tendría
que quererte, que no seré capaz de hacerlo.

Fermín Herrero (1963, Soria España); Nunca será bastante (poemas casi de amor), Ed. La Garúa, 2019.

Ecce femina

Ecce femina (III)

«A woman in the shape of a monster
a monster in the shape of a woman»
Adrienne Rich

una mujer anda suelta
se echa a la calle
y derriba la noche
bebe el alquitrán a lengüetazos
indómitos de fiera desamada
zamarrea el asfalto
despedaza enamorados
frecuenta tentaciones
depreda voluntades
animal rabiando en pos de la ternura
una mujer muerde las carnes
por instinto de amor

Tina Suárez Rojas (1971, Las Palmas de Gran Canaria, España), Una mujer anda suelta, Edita Ayuntamiento de Torredonjimeno (Jaén), 1999. Premio Internacional de Poesía “Gabriel Celaya” 1999