Poema ortográfico

Poema ortográfico

Ya te quiero hasta sin comillas
sin puntos suspensivos,
sin acento, sin mayúsculas.
Te quiero y no sé si quiero
ocultarte entre paréntesis
poner punto y seguido a cada encuentro
dejarte entre guiones
subrayar cada verso que me inspiras.

Ya te quiero hasta sin palabras
sin comas, sin interrogantes
sin conjunción ni sílabas
te quiero, por supuesto, sin punto y aparte.

No deseaba mostrarte mi texto amoroso
prefería escribir un poema en tu cuerpo
con mis dedos sordos
pero tú te fuiste hacia mi diptongo
y me dejaste temblando apoyada en el folio.

Ya te quiero
quizás ya te quise
antes de que supiera que iba a quererte
pero me atraparon los signos
la geografía de tu nombre
el código del lenguaje.
Ahora ando a la deriva por la hoja en blanco
pero echo el ancla en una esquina
y en minúsculas
y con un lápiz gastado
dispongo fecha y despedida
y firmo, firmo que te quiero
ante notario.

Gloria Bosch (1959, Barcelona, España);  Dédalo del deseo, Ed. Huerga & Fierro, 1998. Premio Villa de Benasque 1997

El mensaje

El mensaje

El que se va deja su palabra;
alguien la recoge de la página,
se la lleva al oído,
oye el mar,
el susurro de plata de los peces
esquivando las algas;
la suspende en el aire,
se transparenta el horizonte,
las columnas de polvo vibrando
en el calor del África,
el vértice de azúcar del Aconcagua,
las nubes blancas en el cielo de la pampa
sobre los caballos cimarrones;
la apoya contra el pecho,
oye el tam tam lejano de su corazón,
la cifra del mensaje.

Aurora Bernárdez (1920-2014, Argentina); «La tarea de escribir y otros poemas», en El libro de Aurora, Ed. Alfaguara, 2017.

El mundo hueco

El mundo hueco
 XXI

Nos deshicimos de las huellas.
Ni un resto de pelo, ropa o deje al hablar.
Vendimos las tierras, cerramos las casas,
los utensilios dejados en el suelo de la calle ancha
donde no durarían ni un día. Un paseante,
un morador, darían con el provecho
que nosotros no veíamos.
La cabeza arriba y abajo,
olvidando la lengua antigua
Con que aprendimos a decir las palabras y también a callarlas.
Repartir las semillas.
Repartir el pan.
Sin más rezos ni expiaciones.
Sin apelativos ni títulos.
Huir de los abrazos de camino a los trenes
donde perder el olor a nata,
el peso de las mantas.
La permanencia del vértigo.
No aguantamos.
No quisimos más fallos que los nuestros.
Nuestros códigos nuevos para pensar.

Pilar Adón (1971, Madrid, España); Mente animal, Ed. La Bella Varsovia, 2014. Extraído de Sombras di-versas. Diecisiete poetas españolas actuales (1970-1991), Ed. Vaso Roto, 2017

Debe usted saberlo

Debe usted saberlo
yo nací lejos del umbral
desconozco así su gesto
el canto sereno
con el que otros hablan
las grandes palabras
que a una se le ahuecan
como pájaros mojados
en la boca

durante años he visto hombres
que manejaban con premura el diccionario
y conocían el sentido exacto
de la palabra culpa

y les bastaba

pero a mí que el vocablo se me enquista
y me cava el pecho como un descendimiento
todo me resulta un vagar empedernido
por el líquido articular del dígase amor propio
dígase egoísmo
dígase umbral eterno entre las cosas.

Yo sólo busco callar el bisbiseo
alcanzar la paz de lo rotundo
hacer callar
al maldito perro
de la indefinición.

Y todo porque
tener un cuerpo limpio
requiere hacer hogar de la virtud
y no morar la periferia

y de ahí este
quemar con pavor los diccionarios
y exigir conocer no ya el sentido:
el intervalo la linde
la fina línea que separa
pongamos el amor del egoísmo
y su oscura simetría.

Mi congoja no es más que una forma cauta de certeza.

Bárbara Butragueño (1985, Madrid, España); Del alma a la boca. 13 poetas madrileña, Ed. Huerga & Fierro, 2018

Quiero, debo, tengo que salir de aquí

Quiero, debo, tengo que salir de aquí

Salir pronto por la puerta de atrás de las palabras. Salir de esta jaula de aire construida con barrotes de aire. Salir de este espacio sincopado con el dolor. Salir de este cuerpo de aire que es mi cuerpo. Salir del aire. Salir pronto por la puerta de atrás de las palabras.
Decir «otro» y que el otro se revele. Decir «nube» y que la nube se suspenda en el cielo cargada de significados, decir «lluvia» y que la lluvia estalle.
Tengo que esforzarme en decir, en no parar de hablar para poder así acallar este latido incesante, para acallar eso otro que siempre quiere discutirme, y me cerca, me rodea, me crucifica, me apuntala en el vacío y solo sangre, fijeza, estatismos paralelos.
Decir “palabra” para que esta se abra como un fruto. Comer su nuez. Decir «agua” y que se me moje el alma como una esponja. Decir «ala» y desplegarme hacia la prisa del viento. Decir «amor» y que el amor encarne esculpido en el espacio. Decir «silencio», decir «decir», decir «nada», pero decir, decir, decir…

Pilar González España,(1960, Madrid), Fugitivos. Antología de la poesía española contemporánea, Ed. Fondo de Cultura Económica, 2016

Déjame acariciarte lentamente

SUCESIVA

Déjame acariciarte lentamente,
déjame lentamente comprobarte,
ver que eres de verdad, un continuarte
de ti misma a ti misma extensamente.
Onda tras onda irradian de tu frente
y mansamente, apenas sin rizarte,
rompen sus diez espumas al besarte
de tus pies en la playa adolescente.
Así te quiero, fluida y sucesiva,
manantial tú de ti, agua furtiva,
música para el tacto perezosa.
Así te quiero, en límites pequeños,
aquí y allá, fragmentos, lirio, rosa,
y tu unidad después, luz de mis sueños.


Gerardo Diego, Alondra de verdad, 1926-1936

La tarea de escribir

La tarea de escribir

Llenarás las palabras de ti mismo,
llenarás las palabras de palabras,
llenarás con las cosas las palabras:
quedan siempre vacías.
Vaciarás las palabras de ti mismo,
vaciarás las palabras de palabras,
vaciarás de las cosas las palabras:
queda siempre el vacío.
¿Dónde estarás tú mismo,
dónde las cosas, dónde las palabras?

Aurora Bernárdez (1920-2014, Argentina) «La tarea de escribir y otros poemas», en El libro de Aurora, Ed. Alfaguara, 2017.

Por qué mi carne no te quiere verbo

Por qué mi carne no te quiere verbo

Por qué mi carne no te quiere verbo,
por qué no te conjuga, por qué no te reparte,
por qué desde las tapias no saltan buganvillas
con tus significados
y en miradas de azogue no reverbera el sol
dando de ti noticia,
ni se destapan cajas con tu música
y su claro propósito,
y ningún diccionario ajeno te interpreta.
Por qué, por qué, Amor mío,
eres mapa ilegible,
flecha desorientada,
regalo ensimismado en su intacto envoltorio,
palabra indivisible que nace y muere en mí.


Ana Rossetti (1950, Cádiz, España), Punto Umbrío, Ed.Hiperión, 1995