Confidencias

Confidencias

Incapaz de elegir un pétalo de la rosa,
mi forma de ser me incita
a recorrer todo el tallo
investigar qué hay detrás de cada espina.
Soy de dos maneras como mínimo
no puedo expresarme con una tendencia,
rozo el compromiso, bendigo la aventura
y si me atrapa el amor
en sus redes desnuda, me implico.
Venero al sol tanto como a la luna
y aplaudo al silencio lo mismo que al grito.
Me alimento de la lentitud como de la prisa
y me apoyo en los libros
igual que en el brazo de una amiga.

Gloria Bosch (1959, Barcelona, España);  Una llamada tuya bastará para sanarme, Ediciones Carena, 2003.

Palabras de papel

Palabras de papel

 Busco palabras,
nombrar este dolor
que se despeña
por un catálogo de voces mudas,
sentimientos de aceite que flotan en el agua
podrida que me anega.

Busco palabras,
nombrar la mariposa
que vuela lejos, lejos de estas páginas
reales y eruditas,
frías como el papel
que me hace cortes en los dedos.

Busco palabras que te invoquen,
palabras que
huelan a ti,
suenen a ti,
sepan a ti,
pero las letras se hacen humo
y el fuego quema tanto
que no sé si la bruja que crepita
tendrá tu rostro
o el mío.

Gerardo Rodríguez Salas (1976, Granada, España); Anacronía, Valparaíso Ediciones, 2020

Rupturas disimuladas tras una carita sonriente

Rupturas disimuladas tras una carita sonriente

Siempre detecto un gesto
de incredulidad
cuando hablo acerca de los frágiles mecanismos
ocultos tras una apariencia infantil.

Como no crees en ellos, lo dejaste
caer y me miraste victorioso
al ver su superficie intacta a pesar del impacto.

Imagina lo que sentí al recogerlo
y escuchar esa pieza suelta en su interior.

Sandra Santana (1978, Madrid, España); Es el verbo tan fácil, Ed. Pre-Textos., 2008. Extraído de La cuarta persona del plural. Antología de poesía española contemporánea (1978-2015), Ed. Vaso Roto, 2016

Antes de escribir el poema

Antes de escribir el poema…

Antes de escribir el poema,
con el lápiz en la mano
y el silencio hecho palabra
me pregunto a quién demonios
interesa si este mar
ya no es azul ni si mi vida
de hoy es la que antes era.
Y si es lamento
o violín lo que suena
ahora en mi casa.
O a quién irán estos versos
y quién se aventurará conmigo
buscando esa luz inútil
que conduzca a una salida.
Este es un viaje
sin más brújula que el viento
ni más compañía
que este miedo y esta noche.

Ana María Navales (1939, Zaragoza, España), Contra las palabras, Ed. Quaderni de la Valle, 2000

Temblor

Temblor

Porque todo
lo que ha llegado al final
todavía está sucediendo
friego los platos y tiemblo
cojo el teléfono y tiemblo
hago maletas y tiemblo
riego las plantas y tiemblo
me meto en la cama y tiemblo
apago la luz y tiemblo.

Porque todo
lo que ayer sucedió
es tinta que me escribe por dentro
llaman a la puerta y tiemblo
voy por las calles y tiemblo
cambia el semáforo y tiemblo
suenan canciones y tiemblo
llamo ascensores y tiemblo
me miran las fotos y tiemblo.

Porque nunca nada
se nos va del todo
porque hoy no es camino
sino estela de otro tiempo
sigo temblando mientras escribo
sigo escribiendo mientras tiemblo
sigo ayer entre tanto mañana
y te sigo buscando cuando no te encuentro.

Francisco Pérez (Granada, 1965) Inédito

Wilderness

Wilderness

Mi apología del desierto sólo puede tener
lugar en otra lengua. La extranjera soy yo:
esta no es mi lengua. Ella dice ese verbo
que en los labios se vuelve fuego azul
y como beso nuevo es olvidado
(la punta de la lengua no toca el paladar).
Soy apenas la sombra de un caballo que pasa,
una raíz que baila hacia la hierba.
Después, la emperatriz se dirige
a las fieras: «¿cómo decís vosotras
la palabra silencio?» Con las garras, la pantera
señala hacia el pan, señala hacia los árboles
que arrojan las manzanas: cómo tanta miseria en fuente
de oro. Hay ciegos en la arena.
El sol impide el trigo y se hace la luz
pero sin obediencia. Como si el metal fuese
la última cualidad no visible del aire.
«Si no matas al rey, serás matado.
Que me has visto desnuda, y yo era tu desierto.
No puedes escapar: o esperas en el suelo, sin comida,
o resistes en mí, contra mi cuerpo».
Los santos ven a Dios en la marea baja.
Ven la corriente seca, resbalando deprisa
como línea brillante que en el mármol
escribiese su luto. «Ven a mí, que esta hambre
ya no me deja ver. Mi mente va curvando
lo que teme la vista. La razón quiere ser mi único fin.
Dios coge mi cabeza entre sus manos.
Me hace callar y sopla en el vacío. El vacío se esfuma.
Le divierten las fieras. Es feroz. Alguien pasó gritando
que no existe. También yo quise creerlo. Tenía hambre.
Los que ven tienen hambre. El desierto es el hambre.


Wilderness

A miña apoloxía do deserto só pode ter lugar nunha lingua estranxeira. A estranxeira son eu:
a lingua non é miña. Ela di esa palabra
que nos beizos se volve lume azul
e como bico dado cae no esquenzo
(a lingua e o padal non chegan a tocarse).
Son a penas a sombra dos cabalos que pasan,
unha raíz que baila contra a herba.
A emperatriz pregúntalles
ás feras: «como dicides vós
a palabra silencio?» Coas poutas, a panteira
sinala cara o pan, sinala cara ás árbores
que deitan as mazás: cómo tanta miseria en fonte
de ouro. Só hai cegos, no deserto.
O sol impide o trigo e a luz faise,
pero sen obediencia. Como se o metal fose
a última cualidade non visible do aire.
«Se non matas o rei, serás matado.
Que me viches espida, e eu era o teu deserto.
Non podes escapar: ou resistes na area, sen comida
ou resistes en min, contra o meu corpo».
Os santos ven a Deus ñas augas baixas.
Ven o río na seca, esvarando lixeiro
como as liñas brillantes que no mármore
escriben o seu loito. «Ven a min, que esta fame
xa non me deixa ver. A miña mente curva
o que temen os olios. A razón quere ser a miña fin.
Deus cólleme a cabeza entre as súas mans.
Faime calar e sopra no baleiro. O baleiro esvaécese.
Entretense coas feras. É feroz. Alguén pasou herrando:
«non existe». Tamén eu quixen crelo. Tiña fame.
Os que ven teñen fame. O deserto é a fame.

María do Cebreiro (1976, A Coruña, España); La cuarta persona del plural. Antología de poesía española contemporánea (1978-2015), Ed. Vaso Roto, 2016

En el principio

En el principio

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

Blas de Otero (1916, Bilbao- 1979, Madrid), Pido la paz y la palabra (1955), extraído de Poesía española (1900-2010), Ed. Castalia, 2012

No hay palabras

No hay palabras

No hay palabras que calienten
la comida de la miseria.

No hay miradas que abarquen
el vacío de la infinita soledad.

No hay manos que ahoguen
el dolor de la injusticia.

No hay ríos que laven
el olor a este agotador ruido
que nos invade.

No hay nada que yo pueda dejar
de sentir para no sentirme
así de absurda.



Non hai palabras

Non hai palabras que quenten
a comida da miseria.

Non hai miradas que abrangan
o baleiro da infinida soidade.

Non hai mans que afoguen
a dor da inxustiza.

Non hai ríos que laven
o cheiro deste esgotador ruído
que nos invade.

Non hai nada que eu poida deixar
de sentir para non sentirme
así de absurda.

Montserrat Villar González (1969, Ourense, España); Sumergir el sueño – Sulagar o soño, Ed. Lastura, 2019

Post it

Post it

Perdón por el amor que a veces no sé darte y se evapora.
Perdón por recordarte que el silencio existe,
que la mentira es un artículo de moda,
que tus lágrimas son lluvia destilada.
Perdón por enredarme en el ovillo del orgullo
y descuidar la calma y la ternura.
Perdón por no encontrar la frase exacta
que nos salve del frío y la tristeza.
Perdón por destapar el tarro de los miedos
y dejar que aleteen en tus ojos.
Perdón por no creer en el mercurio y en los puzzles,
por los condicionales simples y compuestos,
por el amor de encargo,
por el miedo al presente y al futuro,
por no traer el pan esta mañana,
por olvidar el día de tu cumpleaños,
por soñar a escondidas.
Perdón por no llamar a tiempo.
Perdón por levantar el tono.
Perdón por mi descuido y mi torpeza.
Perdón por no decir perdón.

Raúl Vacas (1971, Salamanca, España); Consumir preferentemente, Ed. Anaya, 2006