Robaría

Robaría

Robaría:
Una pareja de cobayas. Un gorila.
Un kimono nupcial.
Un molino (con molinero).
La planta de pachulí
que he visto en una finca.
Entraría a robar un petigrís
para noches de amor bajo la luna.

Robaría:
Una potente licuadora
para beber el jugo de los árboles.
Un imán gigantesco
para desmantelar los campos de batalla.

Robaría:
Inútiles diamantes y esmeraldas
y una apisonadora
que los pulverizase
para cubrir las huellas
que va dejando un bueno.

Robaría:
las cuartillas de un sabio.
Un telescopio. Una columna.
Una gárgola artística.
Dinero y tiempo al tiempo,
para que me enseñaran
a manejar el radar que luego robaría.

Robaría:
Los sagrarios que quieren ser cerrados.
Los cálices que van a profanarse.
La luminosidad de los relámpagos
para hacer mis bombillas.
Un bosque para los cachorrillos
de los parques zoológicos.

Robaría:
el candor a los niños.

!Ah, y el sueño a un envidioso!

Sagrario Torres (1922-2006, España); Hormigón traslúcido, Ed. Calatrava, 1970

El eco anticipado

El eco anticipado

El silencio que se asoma al balcón
figurativo del espacio en blanco
que mantiene un poema inacabado.
El silencio que, abierto el balcón, grita
contra las cuatro paredes del papel
para oírse en el espejo de su eco.
El silencio que cierra las ventanas.
El eco del silencio que regresa
y las empaña haciéndose palabra.

Carlos Contreras Elvira (1980, Burgos, España); El eco anticipado, Ed. Pre-Textos, 2011. III Premio Poesía Joven de RNE, 2010

Historia gramática

Historia Gramática

Al principio el papel estaba en blanco.
Sobre él fueron escribiendo palabras
que eran gestos, adverbios que cambiaban
la duración y el modo de los verbos.
Pero un día llegó el primer tachón
y a este le fueron sucediendo
otros epítetos furiosos, el palimpsesto
en que habita el borrón ilegible de la vida.
Tarde como un remiendo descubrieron
que la escritura justifica el papel,
pero que un papel sin espacio en blanco
es suficiente para justificarlo todo.

Carlos Contreras Elvira (1980, Burgos, España); El eco anticipado, Ed. Pre-Textos, 2011. III Premio de Poesía Joven de RNE, 2010

Más razones para la escritura

Más razones para la escritura

Qué inmensa la tristeza de un cuerpo que has amado,
qué abandono tan cruel su peso entre las sábanas
señalando inequívoco las ausencias futuras:
la muerte, el desamor, la enfermedad, el tiempo.
Perfecto en su belleza de un instante. Inasible.
No hay modo
de retenerlo así. Ni las palabras
podrían suspender esa condena
de la fugacidad: escribe y calla.
Que un verso lo sostenga en el vacío,
que milagrosamente se eternice
cuanto vas a perder.
No es suficiente
que hayas amado mucho y hasta el fondo.
Antes de que la luz se apague, escribe.
Escribe, escribe, simplemente escribe.

Josefa Parra (1965, Cádiz, España); La hora azul, Ed. Visor, 2007. Extraído de (TRAS)LÚCIDAS. Poesía escrita por mujeres (1980-2016), Bartleby Editores, 2016

Leyéndote

Leyéndote

Este libro sin marcas es todo lo que poseo de ti
(yo que creí poseerte)
otra cosa no tengo
ni un papel con tu letra angulosa
ni un fetiche de veras
– un mechón de tu pelo al que pueda rezarle
o una caja de huesos donde brillen tus uñas como diez lunas muertas-
y ni siquiera una fotografía que pudiera yo hincar con alfileres
o “esa ropita tuya” olorosa de ti de la que habla Juan Gelman.
Solo este libro desnudo en sus márgenes
que leo con mis deseos que toco con mis ojos
donde te busco como si contuviera
solo lo que callaste
lo que ya no dirás a mis horas vacías
duras y lancinantes como un colchón de piedras.

Piedad Bonnett (1951, Colombia); Poesía reunida, Ed. Lumen, 2016

Contigo

Contigo

Porque no vive el alma entre las cosas
sino en la acción audaz de descifrarlas,
yo amo la luz hermana que alienta mis sentidos.

Mil veces he deseado averiguar quién soy.

Después de tantos nombres,
de tanta travesía hacia mi propia brújula,
podría abrazar la arena durante varios siglos.
Ver pasar el silencio y seguir abrazándola.

No está en mí la verdad, cada segundo
es un fugaz intento de atrapar lo inasible.
La verdad no está en nadie, y aún más lejos
yace de un rey que de cualquier mendigo.
Si alguien está pensando en perseguirla
no debe olvidar esto:
el fuego ha sido siempre presagio de declive
como la intensidad antesala de olvido.

Cuando mis ojos vuelvan al origen,
pido un último don.
Nada más os reclamo.
Poned en mi sepulcro las palabras.
Las que dije mil veces
y las que habría deseado decir al menos una.

Guardad en mi costado las palabras.
Las que usé para amar,
las que aprendí a lo largo del camino,
las primeras que oí de labios de mi madre.

Envolvedme entre ellas sin reparo,
no temáis por su peso.
Pero cuidad con mimo la palabra contigo.
Tratadla con respeto.
Colocadla
sobre mi corazón.
La verdad no está en nadie, pero acaso
las palabras pudieran engendrarla.

Quizá entonces aquel a quien dije contigo
y para quien contigo fue toda su costumbre,
se acostará a mi lado con ternura,
juntos en el vacío más sagrado,
cuando la eternidad toma nuestra medida,
cuando la eternidad se pronuncia contigo.

Raquel Lanseros (1973, España), Las pequeñas espinas son pequeñas, Ed. Hiperión, 2013

Barcarola del puente de vallecas

Barcarola del Puente de Vallecas

No estoy comprometido
con el mundo, solo con
una idea de todo
que es un poco platónica:
las cosas en su orden brillan más,
con una luz ideal
que no es nada ilusoria.
Me sobra superficie, tengo mala memoria:
todos los días doy
limosnas al olvido, monedas
a Caronte, pero sigo
acumulando cosas que olvidar.
Hoy hemos ido a ver Los
Increíbles 2: ya no
recuerdo nada,
pero Bruno reía mientras Vera
se me abrazaba, le daba miedo el malo,
un tal «Rapta-pantallas» (bendito seas tú,
«Rapta-pantallas», que hiciste que
mi niña me abrazase…). Mi padre
me lo dijo: «No disfrutas las cosas
que te ocurren, te has malacostumbrado». Vivo
de lo que leo y escribo
lo que vivo: no es fácil trabajar
con impacientes, me cuesta estar conforme
con vuestra realidad: el mismo andén, ya sé,
pero hacia el otro lado.

Juan Marqués (1980, Zaragoza, España); Diez mil cien; Ed. Fundación José Manuel Lara, 2020. X Premio Iberoamericano de Poesía Hermanos Machado.

Tablón de anuncios

Tablón de anuncios

Ya sé que éste es un libro que habla de ti y de mi;
que aquí no hay sitio
para la usura,
el hambre,
los desahucios,
el miedo,
que ser feliz no es cerrar los ojos
ni las sábanas son lo opuesto a las banderas.

Pero mira esa gente sin trabajo,
el dolor,
la injusticia,
las guerras,
el expolio,
la opresión,
el cinismo,
los pactos de silencio…
Mira cómo funciona
el negocio de la desigualdad:
para que sigan llenas algunas cajas fuertes,
tiene que haber millones de neveras vacías.

Ya sé que este es un libro de amor,
pero sus páginas
están abiertas para los que sufren,
para los ilegales,
para los desterrados,
para esos cuyo único problema
es que no tienen nada que sumar.

Les ofrezco mi voz para que nunca olviden
que ningún muro se alza ni se derriba sólo,
que juntar los pedazos de las promesas rotas
no les va a rescatar de la mentira.

Aquí tienen mis manos.

Si la verdad quisiera ser contada
pongo este poema a su disposición.

Benjamín Prado (1961, Madrid, España); Ya no es tarde, Ed. Visor, 2014

De poética y niebla

De poética y niebla

tan lejos de uno mismo —hoy—

Aunque en las noches la busco,
sé que no existe,
que el hueco donde late,
dentro de mí, no es mi refugio,
ese hueco donde estoy y no estoy,
donde está y no está
—sin paz— la poesía,
no existe,
es solo —siempre— la pregunta
que me arrastra el poema.
El poema es lo que tengo:
a veces —lo sabemos de sobra— es dócil
como un cachorro que nos sigue
adonde vamos. Otras, es el cabo
de las tormentas,
indómito, intratable,
golpeando la niebla de mi pecho.
Paciente en cierto modo,
desciendo a la colmena de la ciudad dormida:
soy la abeja
atrapada en la celda
por el hilo
de su boca obsesiva.
Haciendo me deshago.
El poema es veneno
que bebo en mis labios.
¿Del fondo de qué abismo
asoman las palabras
pegajosas de vida
o de muerte?
En la sombra devano la madeja
que he llamado mi historia,
sílabas desnudas como miradas
que me corroen
o me alimentan.
El poema no es un juego,
no es un jeroglífico.
Pero hay que darle la vuelta
a las palabras, saber
que viven entrelíneas,
que se muerden la lengua
para decirnos:
en lo que callan
me hablan.
Escribir es niebla.
Para mí quiero
todas las palabras.
Cuando escribo me escriben.
En su tela me enredo.

Ángeles Mora (1952, Córdoba, España); Bajo la alfombra, Ed. Visor, 2008.

Cielo, no quieras protegerme

Cielo, no quieras protegerme,
no cubras hoy de azul mi exaltación,
que quiero hundirme arriba, dentro
del vacío, en la verdad
sin muerte y sin infancia
del ahora.

Protege a los más débiles,
no a mí,
que hoy puedo ver más allá
y agradecer mi nada.

Virginia Navalón (1988, Valencia, España); Bestiario (XIX Premio Internacional Emilio Prados de Poesía), Ed. Pre-Textos, 2019