Mariposas de tinta

Mariposas de tinta

Todo poema es tiempo
y ulcera los minutos de su existencia
con una taimada secreción
de palabras medidas y desmedidas.

Discurre por los granos de arena
de un reloj atrapado en el papel,
que quedan esparcidos por el camino de vuelta,
intentando ocultarlo. Imposible
mirar al verso anterior y calibrar
el gozo o la ruina con la que fue desentrañado
de un vocabulario infectado por la memoria.

En cada escalón que se baja por el poema
hacia el infierno, más difícil es conservar
ese equilibrio imposible entre lo que se dice
y lo que se quiere decir,
entre lo que se lee
y lo que se quiere leer,
entre lo que se vive
y lo que se quiere vivir.

Y cuando llega al final
todo poema, algo, no sé,
una ceniza, un golpe de viento,
un leve temblor en el silencio…
otra mariposa de tinta que muere inútilmente,
solo para intentar a duras penas
resistir la catarata del olvido.

Francisco Pérez (Granada, 1965)

Lectura

Lectura

En la poligrafía de la lluvia
que golpea el cristal de la ventana
y ordenadamente resbala y suena,
ya en vocales difíciles,
o ya en impracticables consonantes,
leo la nube que la arrastra
y la contiene, el aire vegetal,
perfumado, de tierras que tal vez nunca he visto,
los otoños perdidos que todavía, y solo
en mi memoria, se suceden.
En la lluvia de siempre, la que no
sé pronunciar, la que no sé decir,
la de las oraciones
subordinadas a la lejanía,
a un pasado que nunca vuelve,
pero que siempre vuelve, leo
los paraísos imposibles,
las míticas ciudades que nunca he visitado,
que no sé si algún día podré ver,
los pretéritos mares
que solo en la ficción he navegado; leo
y, al poco, ya rendido,
cierro los libros y los mapas
de la intemperie y caigo
dormido mientras sigue cayendo el alfabeto
del agua sobre el frío de la noche.

Valentín Carcelén (1964, Albacete, España); El momento, Chamán Ediciones, 2019

Hablo a Safo

Hablo a Safo

Ven en mi ayuda, Safo,
¿me traes unas alas? Dos juegos:
Unas para mi espalda
-¿Se clavan? ¿Me harán daño?-
y unas leves de abeja
para cada palabra.
Trae miel de la tuya, de la amarga.
Esas cosas antiguas
-miel, sandalias, frescor,
las alfombras marinas de la luna
que esconden a la muerte deseante,
aletazos violentos que ponen a saltar,
como pez en la arena, al corazón,
una ambición de voluptuosidades.
Paladear recuerdos
o lamer una piel que ha regresado
de gozar la negrura de las olas,
miel recién fabricada,
hierbas para acostarse a mediodía,
rosas sin hibridar.
No nos son tan ajenos tus objetos.
Sólo hay que detenerse.
Pedírtelos.
Apartar tanto ruido.
Pues nos falta muy poco
para estar muertas.
Tráeme, Safo, alas,
alas, alas, frescor,
silencio, brazos,
alas.

Aurora Luque (1962, Almería, España); Gavieras, Ed. Visor, 2019 (XXXII Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe)

Amo lo que se hace lentamente

AMO lo que se hace lentamente,
lo que exige atención,
lo que demanda esfuerzo.

 Amo la austeridad de los que escriben
como el que excava en un pozo
o repara el esmalte de una taza. 

Mi habla es un murmullo,
una simple presencia que en la noche,
en las proximidades del vacío,
se impone por sí sola contra el miedo,
contra la soledad que nos revela
lo pequeños que somos. 

El poeta no ha elegido el futuro.
El poeta ha elegido descalzarse en el umbral del desierto.

Basilio Sánchez (1958, Cáceres, España); He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes, Ed. Visor, 2019. XXXI Premio Loewe.

Primera conjugación

Primera conjugación

Encontrar las palabras
elementales. Aprender
cómo decir perdón en el idioma del que irrumpe,
y buenos días, y toma,
y he venido a conocerte, aprender
cómo decir gracias en el idioma
de quienes también rasgan
y también
se desgarran,
cómo decir
café, cariño, patria,
shalom, salam aalaikum, aprender
cómo se dice pasa, entra, ésta es mi casa
en un país al sur del que apenas
quedan ruinas, aprender
obrigada, spasiba, aprender
qué colores no existen en las lenguas de África.
Y cómo responder que sí en Pekín.
Llegar a las ciudades y descubrir
los entresijos del mercado,
entender,
aprender
cuál es en cada tierra
la etimología de alma, y de qué modo
saludaban al miedo mis bisabuelos.

Encontrar las palabras elementales.
Y luego hablar.

Laura Casielles (1986, Asturias, España) Los idiomas comunes, Ed. Hiperión, 2010 (Este libro ganó el XIII Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal y el Premio de Poesía Joven Miguel Hernández en 2011)

Accidentes nocturnos

Accidentes nocturnos

Palabras minuciosas, si te acuestas
te comunican sus preocupaciones.
Los árboles y el viento te argumentan
juntos diciéndote lo irrefutable
y hasta es posible que aparezca un grillo
que en medio del desvelo de tu noche
cante para indicarte tus errores.
Si cae un aguacero, va a decirte
cosas finas, que punzan y te dejan
el alma, ay, como un alfiletero.
Sólo abrirte a la música te salva:
ella, la necesaria, te remite
un poco menos árida a la almohada,
suave delfín dispuesto a acompañarte,
lejos de agobios y reconvenciones,
entre los raros mapas de la noche.
Juega a acertar las sílabas precisas
que suenen como notas, como gloria,
que acepte ella para que te acunen,
y suplan los destrozos de los días.

Ida Vitale (1923, Uruguay), Poesía reunida, Ed. Tusquets, 2017.

Los justos

Los justos

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Jorge Luis Borges (1899, Argentina- 1986, Suiza); La cifra, Ed. Alianza, 1990

Ambos eran certeros con las palabras

LIBER SECUNDUS: DE CONTENTIONE

Ambos eran certeros con las palabras.
Llegado el momento preciso,
se citaron en el lugar acordado,
calcularon la distancia exacta,
apuntaron directos al corazón
y, ambos, erraron el tiro.

Maru Bernal (1964, Barcelona, España); Hendiendo el aire, Septentrión Ediciones, 2019

Se puede escuchar este poema en la página “Fonoteca de poesía”


Busco un poema sin tiempo

Busco un poema sin tiempo…

Busco un poema sin tiempo,
sin amores y sin muerte,
sin noches ni amaneceres,
sin infancia y sin gaviotas;
en el que no haya lugar
para los sueños, y el sol
se burle de las palabras.
Busco un poema desnudo,
sin murmullos ni testigos,
un poema, solo uno,
como un ángel de la guarda
que me salve de la vida.

Ana María Navales (1942, Zaragoza, España), Escrito en el silencio, Ed. Calima, 1999.

Visiones I

Visiones I

Inútil perseguirte. Por las frondas
te buscas y te encuentras incesante,
exenta como torre de campanas.

Yo sólo soy testigo del hallazgo,
territorio asombrado en que se funden
las huellas y los pasos de un instante.
* * *
En el prado tendida contemplabas
esa red vegetal con que los árboles
intentan apresar las fugitivas
aves que son nubes.
* * *
No puede ser veloz la trayectoria
de tu agudo quejido acribillado
¡oh animal malherido
entre las ramas!
* * *
Luciérnagas del agua, las estrellas,
clavadas en el río simulaban
ojos de luz inmóviles negándose
a la ley inmutable del transcurso.
* * *
Cuando el espejo me tendió la imagen
mirarse fue reconocer un rostro
* * *
Cruzar la soledad de una tiniebla
sintiendo aletear entre las manos
el corazón en vuelo de la noche
* * *
Raíz. Mineral. Astros.
Negaciones del tiempo
que nos finge el espacio.
* * *
Como duros luceros condenados
a la contemplación de la negrura
dejábamos flotando nuestros rostros
sobre el agua recóndita del pozo.
* * *
Gravitando en los párpados tu cuerpo
me cerrará los ojos para el sueño.
Con la luz se abrirá mi cuerpo a ti.
* * *
Un velo arrasa solitario el cielo
arriesgada propuesta de la altura;
el mar lo copia inverso en lo profundo
convirtiéndole en par su tentativa.
* * *
Nosotros sólo somos el lugar de la cita.
El encuentro es un águila bifronte
que ha cegado el destino.
* * *
El secreto es la voz
de lo ya dicho.
El misterio, la clave
del enigma.

Amparo Amorós (1950, Valencia, España), Las diosas blancas. Antología de la joven poesía española escrita por mujeres, Ed. Hiperión, 1985