Las huellas de los osos

Las huellas de los osos

Si la belleza es verdad y la verdad belleza
para mirar de frente los espejos sin fondo,
la ausencia que perdura después de su intemperie,
los signos que descifran plenitud a su paso.

Es nuestro este momento tendido entre los siglos
y el tiempo en su trineo nos lleva mundo abajo.
En la ladera nevada el blanco nos escribe
cotillo desdibujado en nuestros ojos,
después los valles que fermentan los nombres,
la forma fértil de duda o de quimera
y el instante para ser feliz sin simulacro.

No queda vértigo en los rojos escaramujos de diciembre.
Solo en nuestras pupilas perduran los lugares,
los gestos que nos miran detrás de los deshielos.

Yo quiero ser alguna vez de la memoria
en el blanco corazón del paraíso,
las huellas de los osos que sin estar estaban,
pasos a campo abierto, sin nostalgia ni excusa.

Amalia Iglesias (1962, Palencia, España), La sed del río, Ed. Reino de Cordelia, 2016

Podría

Podría ahora,
mientras un hombre duerme aquí a mi orilla
remontarme por el río de la sangre
hasta la piedra primera de mi especie,
hasta el vértigo inicial de una mujer ceñida
por los signos, apenas descifrables,
que fueron roturados en su cuerpo.
Mi madre, y la suya, y la suya de la suya,
se agachan despacio y miran en silencio,
se acuclillan despacio.
La mujer que es primera de mi genealogía
calienta en su entraña aquello que rezumo:
la tintura más roja de la sangre,
el ocre de la piel sobre sí vuelta
hasta alargar las manos y el deseo,
ese blanco sin adjetivos de las lágrimas
o la leche que nace por sí sola.
La palabra es una excrecencia más tardía,
no nos ha sido dada por igual,
ni siquiera en mi origen más cercano
se encuentra el don de hablar y conjurar la muerte.
Por eso estoy condenada a nombrarlas a todas.

Mª Ángeles Pérez López (1967, Valladolid, España); Tratado sobre la geografía del desastre,  Ed. Verdehalago, 1997

Un cielo empeñado en hacer de nosotros su último milagro

Un cielo empeñado en hacer de nosotros su último milagro

Quisiera escribir un poema de amor que no sea torpe,
que se mantenga erguido hasta el amanecer,
y al que no le importe
la vergüenza del desnudo.

Que nombre la exactitud de mi ingravidez
con el empeño con el que se cree en dios
antes de que la cordura toque a rebato.

Pero probablemente no lo haré,
porque al igual que tú,
mis párpados viven exiliados
y la voz se refugia en la trinchera
justo a dos interrogantes del suicidio.

Y pensar que me resulta tan fácil
amarte con los ojos,
quedarme recostada en el incendio de una nube
y no perder detalle
de todas las promesas que se le escapan a un cielo
empeñado en hacer de nosotros su último milagro.

Aunque la mayoría de veces,
la palabra se limita
a reflejar por cada uno de sus octaedros,
un facetado diferente del náufrago,
y descubro de repente,
que no es tu lengua si no arena
lo que me llena la boca.

 Marian Raméntol (1966, Barcelona, España); La escritura plural. 33 poetas entre la dispersión y la continuidad de una cultura. Antología actual de poesía española, Ed. Ars poetica, 2019

Un sitio en la palabra

Un sitio en la palabra

La verdadera historia no se escribe
sin dar al fracasado
un sitio en la palabra.
Y qué mejor motivo para hacerlo
que encontrar esas huellas
de los días envueltos con la propia renuncia,
ese final escrito sobre el aire.
Quién oyera la voz incandescente
de aquél cuyo silencio es su enemigo
y se sabe orador, y se responde
con la locuacidad de la derrota.
El hundido conoce como nadie
el sombrío dolor, la llama fría
que propaga su intento
de vivir, de alumbrarse.
Pero calla la vida, todo calla.
La verdadera luz se enciende sola.

María Sanz (1956, Sevilla, España), Dos lentas soledades, Ed. Huerga & Fierro, 2017

Palabras de mármol

Palabras de mármol

Cada palabra que escribo
cada palabra que callo,
me acerca más a la muerte
de la que todavía escapo.

Cada silencio que otorgo,
cada sueño que duermo,
me lleva más al borde de la nada
en la que todavía no acampo.

Palabras,
palabras de tinta,
de plata, de aire, de agua.

Palabras,
palabras de siempre,
de ahora, de nunca, de mármol.



Palabras de mármore

Cada palabra que escribo,
cada palabra que calo,
achégame máis á morte
da que aínda escapo.

Cada silencio que outorgo,
cada soño que durmo,
lévame máis aínda á beira da nada
onde aínda non acampo.

Palabras,
palabras de tinta.
de prata, de ar, de auga.

Palabras,
palabras de sempre,
de agora, de nunca, de mármore.

Montserrat Villar González (1969, Ourense, España); Tierra en mármol y ternura/ Terra en mármore e tenrura. Antología/ Antoloxía; Ed. Lastura, 2016.

El poema “Palabras de mármol” cantado por Andrés Sudón

Cómo

¡CÓMO decirte, después de ocultar las flores del desierto,
que me tiemblan las calles y los juncos
de tanta palabra naufragada
o mimar estas verjas, celosías
de castillos antiguos como el aire!
¡Cómo cambiar baúles de memoria
y muñones de tiempo sin espiga
por dos litros de viento huracanado
con los que perfumarte la cabeza
y ungirte oasis en vientres arenosos!

María Ángeles Pérez López (1967, Valladolid, España); Tratado sobre la geografía del desastre, Editado por la Universidad Autónoma Metropolitana de México, 1997

Invocación

Invocación

Que no crezca jamás en mis entrañas
esa calma aparente llamada escepticismo.
Huya yo del resabio,
del cinismo,
de la imparcialidad de hombros encogidos.
Crea yo siempre en la vida
crea yo siempre
en las mil infinitas posibilidades.
Engáñenme los cantos de sirenas,
tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua.
Que nunca se parezca mi epidermis
a la piel de un paquidermo inconmovible,
helado.
Llore yo todavía
por sueños imposibles
por amores prohibidos
por fantasías de niña hechas añicos.
Huya yo del realismo encorsetado.
Consérvense en mis labios las canciones,
muchas y muy ruidosas y con muchos acordes.

Por si vinieran tiempos de silencio.

Raquel Lanseros (1973, Cádiz, España); Diario de un destello, Ed. Rialp, 2006. Extraído de 20 con 20. Diálogos con poetas españolas actuales; Ed. Huerga & Fierro, 2016

Un cuervo en la ventana de Raymond Carver

Un cuervo en la ventana de Raymond Carver

Para Erika

Nadie se posa en el alféizar —son veintiocho años
de espacio adolescente—,
pero qué ocurriría si el pájaro sobre el que he leído
en todos los poemas
se colara por el patio de luces y asomara
por el alféizar de mis veintiocho años,
un pájaro,
mi habitación adolescente.
Y qué ocurriría si yo escribiese aún
—si me preguntan, respondo que ya no—
y un pájaro cualquiera, ninguno de los pájaros sobre
los que haya leído en todos los poemas,
un cuervo o una de las palomas negras que asoman en la
oficina,
interrumpiese en la escritura
como el que se posó en la ventana de Carver.
¿Ganaría su lugar en el poema?
¿Dejaría de ser pájaro?
Alza el vuelo. Ya no hay
habitación en el alféizar.

Elena Medel (1985, Córdoba, España), Chatterton , Ed. Visor, 2014

No conozco unos ojos más limpios

No conozco unos ojos más limpios
que los tuyos. Estás en ellos
y a la vez están
las cosas que tú ves
como las ves: el pájaro
no el vuelo. Y siempre te sorprendes
si te digo
las cosas que se dicen
los que aman. Me miras
y me enseñas
que el cuerpo del amor
-como tus ojos-
no precisa
palabras. Que es
-como tus ojos-

transparente.

Ada Salas (1965, Cáceres, España), Lugar de la derrota, Ed. Hiperión, 2003

Cielo arriba

Cielo arriba

Y qué gozosamente, con qué brío
uno se da de bruces con el mundo
y antes de comprenderlo ya lo ama.
Y qué fascinación la del principio
por descubrir el barro originario
y encontrarlo en las ranas en su charco
croando las verdades inmutables
y en el ámbar goloso de la cidra
que imita en su dulzor el sueño mismo.
En busca de lo grande que supone
contener lo pequeño uno se embarca luego
que la fortuna obliga y el sendero
no deja de tentar al caminante.
Y va haciéndose hora y los paisajes
se despliegan y vibran con asombro
y los rostros desfilan y la lucha
renueva su silueta milenaria
y la rueda del mundo gira y gira
y va cambiando fuerza por cansancio
pero el encantamiento no termina
y uno se siente vivo porque sabe
que todo está en primicia eternamente.
Y se recuesta al borde del destino
para beber la sombra, cuando escucha
el croar de las ranas en su charco.
La primera verdad que siempre vuelve
a quien ya entiende que es la verdadera.

Raquel Lanseros (1973, Cádiz, España); Matria, Ed. Visor, 2018