El Mar juega con la Botella la desnuda la enreda entre sus patas azules le da vueltas Trepa las porosas rodillas de la playa la mece la ensucia enrosca -desenrosca- salta al cuello la bebe El mar brinda con la botella le perturba le entierra desentierra ¡La Botella y el Mar! Yo te recuerdo.
Ana María Iza, (Quito, 29 de Enero de 1941- 10 de diciembre de 2016)
I De niña, yo recuerdo a mi madre, corriendo despacio hacia el balcón. Amenazaba volar desde el séptimo. Mi padre corría detrás, más deprisa, para verla planear. O acompañarla en el vuelo. Para no manchar de rojo el jardín.
II De niña, yo recuerdo las excursiones de los domingos: viajábamos a un hospital con vallas y jardines, íbamos a ver al abuelo de segunda categoría. Me decían que el abuelo no llevaba mi sangre y yo me alegraba porque estaba malo bebía mucho y estuvo en la guerra con los que ganaron. Un domingo fuimos al parque. Mi madre me dijo que el abuelo se había muerto de un calambre. No me entraron ganas de llorar.
III De niña, yo recuerdo a mi abuela. Olía a ropa planchada y sus ojos miopes eran casi blancos de lo claros. Luego comenzó a repetir las mismas preguntas. Me decía que yo era su niño muerto o su madre. Preciosa y estética, la abuela llegó a olvidarse de respirar. Y yo no pude… debió ser el cadáver más lindo que nunca hubiese.
IV De niña, yo recuerdo a un hombre educado, me llevó adonde los buzones. Buscaba un señor. Aquel hombre se acercaba mucho, por detrás. Parecía que no sabía leer. Me hizo llorar mucho y no se lo conté a nadie.
V De niña, yo recuerdo que mis padres me decían que yo era una niña muy rara. Que no era una buena hija, cada vez que intentaba abrirme las venas. Y les manchaba la alfombra de sangre.
VI Ahora, de mujer, soy capaz de escribir todo esto. Y hacerlo bello. Y hacer de mis tripas un corazón precioso de material sintético. Y reservar el corazón auténtico para las grandes ocasiones: para mi niña. Ahora, de niña.
Eva Vaz (1972, Huelva, España); La otra mujer, Ed. Celya, 2003.