Actitud

«… algunos resolvieron quedarse pese a todo”.
Mario Benedetti

La tarde fue borrando la esperanza
con su mano iracunda.
Pero algunos
resolvieron quedarse.
Todavía
el sol apacentaba sus fulgores
y entre sus rayos se mecía el engaño.

¿Y qué decir de la memoria, el eco
donde habita el futuro cuando todo
tiene sabor a un tiempo ya vivido?

Quizá fue la razón por la que algunos
resolvieron quedarse.
(En las ilustres
terrazas del domingo se servía
anestesia y olvido a discreción).

Empezaba a hacer frío. Pero algunos
resolvieron quedarse.
Por la noche
vertió la irreflexión su lluvia fétida
en la alegre estulticia de las calles.
Y en los ojos obscenos del pasado
encendieron de nuevo los cuchillos.

A bandadas cruzaron los augurios
la desazón del aire como pájaros
que llegan tarde al sueño…

Pero algunos resolvieron -resolvimos-, quedarnos,
fieles, obstinados, indomables,
dispuestos a poner una vez más,
un ladrillo sobre otro.

Angelina Gatell (1926, Barcelona- 2017, Madrid); En legítima defensa. Poetas en tiempos de crisis, Bartleby Editores, 2014

A ella la despidieron

A ella la despidieron

Por sacar de la farmacia las cremas más caras
y untarlas sobre las úlceras de los vagabundos.

Por dar de comer y beber a los animales que viven
dentro de los oboes y las tubas.

Por pintar esos trozos de paisaje que roban los barrotes
en las ventanas de los manicomios.

Por cambiar las monótonas canciones
de los semáforos para invidentes.

Por recoger los duendes de la lluvia
con máscaras de esgrima.

Por deslizar galletas debajo de las puertas
a los chicos castigados en el orfanato.

Por imantar el almacén
de la fábrica de armas.

Por volver a unir, a escondidas, los eslabones
de los péndulos de los zahoríes.

Por regalar unas gafas de eclipse
a la niña que se enamoró del sol.

Por arrullar y acariciar
a las reses del matadero.

Julio Mas Alcaraz (1974, Madrid, España); El niño que bebió agua de brújula; Ed. Calambur, 2011.