Entonces

Entonces

Cuando yo no te amaba todavía
-oh verdad del amor, quien lo creyera-
para mi sed no había
ninguna preferencia verdadera.
Ya no recuerdo el tiempo de la espera
con esa niebla en la memoria mía:
¿El mundo cómo era
cuando yo no te amaba todavía?
Total belleza que el amor inventa
ahora que es tan pura
su navidad, para que yo la sienta.
Y sé que no era cierta la dulzura,
que nunca amanecía
cuando yo no te amaba todavía.

Mª Elena Walsh (1930-2011, Argentina), Poemas y canciones, Ed. Alfaguara, 20014

Materia orgánica

Materia orgánica

Cayeron por el suelo pedazos del espejo.
Aquel cristal de cuerpo entero y frágil,
mal apoyado en las paredes
de los cuartos oscuros,
que se quebró al grito de las horas.
En el agua ya quieta de sus gotas de plata
veo flotar casas y libros,
una cuna crecida hasta ser árbol,
los amigos ausentes y los cuerpos,
la risa, la locura, las traiciones,
el amor y sus barcos naufragados.

Venciendo el mal augurio,
con gran cuidado, tomo lo que brilla.
Afilo los fragmentos rotos.
Con ellos hago flechas
para el carcaj del tiempo,
señuelos, armas, lazos
con que cazar la vida que vendrá.

El resto, hecho trizas, bien cerrado
lo bajaré esta noche en una bolsa.

Trinidad Gan (1960, Granada, España); Papel ceniza, Valparaíso ediciones, 2014

Portland

Portland

No habrá nadie aguardando mi llegar sobre el andén
alborozado de abrazos y baúles silbando bienvenidas
rozaré con fijeza los semblantes extraños esperanzada
en redescubrirte a pesar de los años, tomaré un taxi
tatuado de lluvia, visitaré a la familia, dilapidaré los días
y partiré despaciosamente hacia cualquier otro lugar.

Mar Sancho (1972. Valladolid, España); Entre trenes, Eolas Ediciones, 2019

Los pájaros sabrán

Los pájaros sabrán

Me aterra perderme en el presente.
Olvidar qué fue de los fines de semana,
del buen tiempo de diciembre,
de la comida fría en las estaciones de autobús.

Pero lo olvidaré,
lo estoy olvidando,
inevitablemente,
igual que olvido cerrar los paréntesis o las comillas
cuando escribo.
La vida es un instante,
un cruce de miradas,
una gota de limón cayendo en la camisa.
Un suspiro sobre el escenario.
Rápida como un cambio de siglo.

Ya casi no recuerdo en qué consistía la juventud.
Ya no la reconozco, ya no estoy allí.
No me preguntes qué fue de los buenos tiempos.
Los pájaros sabrán.

Nerea Delgado (1993, Valencia, España); Los pájaros sabrán, Ed. Valparaíso, 2018

Aunque hubiera tenido que comer pan solo

Aunque hubiera tenido que comer pan solo

Madre,
me acuerdo de una vez, no sé cuándo, tú ya eras
muy mayor, el sol nimbaba
tu rostro puro, finísimo, de sonrisa esplendente,
sin una arruga. Hablabas de mi padre,
que había muerto años atrás: tortolica sin socio,
sola en el aire cenital del mediodía.
La vida
iba llegando a su fin, y recordabas los años
de privaciones y escasez, tenacidad y esperanza:
«Tu padre
tardó mucho en colocarse cuando volvimos de Madrid…»
Y me contabas los trabajos y los días
de un Hércules civil al que nunca abandonó la fe
en el futuro. Porque el futuro éramos
nosotros. Es decir, yo. Lo escribo ahora,
2 de enero del año 2008, con temblor
y deslumbramiento, en el centro geométrico de un charco
de soledad purísima.
Te veo,
te vuelvo a ver mirándome, porque me parecía a él
(a quien él era entonces), tomándome la mano
entre tus manos de ríos azules que se iban
yendo tras el recuerdo: Madre,
hoy que no queda nadie de nosotros (yo menos
que ninguno) tus palabras florecen,
bellísimas, en el silencio definitivo de un poema
de amor que tú escribiste con tu vida
(yo le habría seguido
aunque hubiera tenido que comer pan solo)
hasta el final.
‍‍

Eduardo Fraile Valles (1961, Madrid, España), Retrato de la soledad, Ed. Difácil, 2013.

Poema

Poema

Y ahora, abundante de ensueños y de grises,
con esa eterna impotencia que no limpia el lenguaje,
el miedo que se hace palabra para no ser miedo,
todo lo que enciende luces y no se nombra por si muere,
el resquicio de libertad que terco asoma;
brazo roto, abril marchito, luna falsa,
también falso el dolor que se vuelve costumbre;
los labios en dudosas fuentes,
los ojos todavía sedientos de estrellas, calandrias, mitos
y otras delgadas inutilidades que los dioses derraman,
la sonrisa en ayuno para que no traicione
y una mentirosa amnesia de rechazos y deseos;
con ruiseñores y congojas,
o sea con nada, sólo con uno mismo dentro y fuera,
dispuesto a que cada cosa recupere su alcurnia,
su medida y su precio,
se emprende la huida adonde aún no ha llegado el futuro.

Ana María Navales (1942, Zaragoza, España), extraído de Mujeres de carne y verso. Antología poética femenina en lengua española del siglo XX, Ed. La esfera literaria. 2002

Así sea

Así sea

El día queda atrás,
apenas consumido y ya inútil.
Comienza la gran luz,
todas las puertas ceden ante un hombre
dormido,
el tiempo es un árbol que no cesa de crecer.
El tiempo,
la gran puerta entreabierta,
el astro que ciega.

No es con los ojos que se ve nacer
esa gota de luz que será,
que fue un día.
Canta abeja, sin prisa,
recorre el laberinto iluminado,
de fiesta.
Respira y canta.
Donde todo se termina abre las alas.
Eres el sol,
el aguijón del alba,
el mar que besa las montañas,
la claridad total,
el sueño.

Blanca Varela (1926- 2009, Perú),  Luz de día, Ediciones La Rama Florida, 1963

Fantasmas o pretextos

Fantasmas o pretextos

yo era una adolescente con talle de estilete
y la noche encendida sujeta en el cabello
en aquel tiempo solía encaramarme al lomo de tersura de los amaneceres
el envés de la brisa me ceñía
los gallos elevaban al cielo sus plegarias

yo era resuelta y nueva
el futuro era entonces
una extensión sin límite ni fondo ni custodios

no había sentido aún temor del propio miedo
ignoraba
la coacción del dolor
no sospechaba la desolación que acecha en la ternura
ni las brasas que nacen de la intrepidez
ni el fraude prematuro de la inmortalidad

aún los estambres de mi corazón
ese pobre inocente metido a profeta
mantenían intacto el carmín sobre el alma

yo no sé en qué momento la oportunidad
se va volviendo una nube de escombros
ni cuándo lo ligero empieza a ganar peso

solo puedo decir que llega un día
inesperado y áspero
en que las viejas fuentes ya no sirven
para saciar la sed

Raquel Lanseros (1973, Cádiz, España); Matria, Ed. Visor, 2018

Me basta así

Me basta así

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
– de esto sí estoy seguro:
pongo
tanta atención cuando te beso-;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;

ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando -luego- callas…
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.)

Ángel González (Oviedo, 1925 – Madrid, 2008) Palabra sobre palabra, 1965

Fortuna

Fortuna

Por años, disfrutar del error
y de su enmienda,
haber podido hablar, caminar libre,
no existir mutilada,
no entrar o sí en iglesias,
leer, oír la música querida,
ser en la noche un ser como en el día.

No ser casada en un negocio,
medida en cabras,
sufrir gobierno de parientes
o legal lapidación.
No desfilar ya nunca
y no admitir palabras
que pongan en la sangre
limaduras de hierro.
Descubrir por ti misma
otro ser no previsto
en el puente de la mirada.
Ser humano y mujer, ni más ni menos.

Ida Vitale (1923, Uruguay), Trema, Ed. Pre-Textos, 2005