Árbol genealógico

Árbol genealógico

Durante tantos años esas manos
alimentaron hijos,
construyeron ciudades
en civilizaciones olvidadas,
acariciaron cuerpos infelices.
Durante tantos años escogieron,
meticulosamente,
la ropa de los otros.
Cultivaron la tierra,
sustentaron desnudas columnas y familias.
Durante tantos años esas manos
marcaron el camino que volvía a casa,
o inventaron la casa cuando fue necesario
en medio del camino.
Durante tantos años sujetaron
con férrea disciplina
el peso muerto del amor,
y dentro el de la historia,
y dentro el de la guerra,
y dentro el de la vida moviéndose
tan rápido,
y más aún nosotros, tranquilos
y apacibles.
Pero ya están cansadas. Y nosotros
caemos sin consuelo,
abajo, muy abajo,
y más deprisa,
cada vez más deprisa.

Rosa Berbel (1997, Sevilla, España); Las niñas siempre dicen la verdad, Ed. Hiperión, 2018. Poemario ganador de la XXI edición del Premio de Poesía Joven «Antonio Carvajal» es su primer libro publicado

De los yugos

De los yugos

Esta vida se les va llenando de vacíos.
Se han limpiado tantas veces de sangre
las almas y la boca, han resistido
la cencellada y los sabañones,
el peso de la pala enferrujada que cava
para sus propios difuntos, saben bien
que no hay lumbre para el niño que agoniza.
Esta vida se les va llenando de vacíos.
Me dice mi padre que en estos campos
mudos aprenda a acallar las palabras
porque todo lo que no es silencio, hija,
acaba por ser aullido.

Maribel Andrés Llamero (1984, Salamanca, España); Autobús de Fermoselle, Ed. Hiperión, 2019 (Galardonado ex-aequo con el XXXIV Premio Hiperión de Poesía 2019)

La vida responsable

La vida responsable

Conducir sin tener un accidente,
comprar desodorante y macarrones
y cortarles las uñas a mis hijas.
Madrugar otra vez, tener cuidado
de no decir inconveniencias, luego
esmerarme en la prosa de unos folios
que me importan exactamente un bledo
y darme colorete en las mejillas.
Recordar la consulta del pediatra,
contestar al correo, tender ropa,
declarar los ingresos, leer libros
y hacer unas llamadas por teléfono.
Me gustaría permitirme el lujo
de tener todo el tiempo que quisiera
para hacer un montón de cosas raras,
cosas innecesarias, prescindibles
y, sobre todo, inútiles y bobas.
Por ejemplo, quererte con locura.

Amalia Bautista (1962, Madrid, España); Cuéntamelo otra vez, Ed. La Veleta, 1999

Vas al corte inglés y en la planta de los cosméticos

Vas al Corte Inglés y en la planta de los cosméticos
te embelesas ante las promesas de juventud eterna.

La dependienta de la firma Lancaster
pintada como una geisha te vende un pintalabios que no usarás nunca
porque si bien te precisa la forma de la boca
te acentúa las finas y transversales líneas del labio superior.

Pagas y te regala una muestra del perfume Lovely
de Sarah Jessica Parker.

La dependienta de la firma Helena Rubinstein
de piel madura mal disimulada
bajo dos dedos de Face Sculptor Make-up Rich Lifting Foundation
te vende una crema de noche reafirmante que no te pondrás nunca.

Porque después de ordenar la cocina ordenar las palabras
lavadas con los platos y las cucharas después
de meter en la bañera
los sueños sucios y los pensamientos opacos
te estirarás en el sofá y te llenarás de la porquería
que lanza la televisión.

Pagas y te regala una muestra de perfume Lovely
de Sarah Jessica Parker.

Pero no te perfumarás. El aroma de Lovely
no es compatible con la piel de tus recuerdos.

Vas al Corte Inglés i a la planta dels cosmètics
t’embadaleixes davant les promeses de joventut eterna.

La dependenta de la firma Lancaster
pintada como una geisha et ven un pintallavis que no empraràs mai
perquè si bé et precisa la forma de la boca
t’accentua les fines i transversals línies del llavi superior.

Pagues i et regala una mostra del perfum Lovely
de Sarah Jessicar Parker.

La dependenta de la firma Helena Rubinstein
de pell madura mal dissimulada
sota dos dits de Face Sculptor Make-up Rich Lifting Foundation
et ven una crema de nit reafirmant que no et posaràs mai.

Perquè després de desar la cuina desar les paraules
escurades amb els plats i les culleres
després de ficar a la banyera
els somnis bruts i el pensaments opacs
t’estiraràs al sofà i t’ompliràs de la porqueria
que llença la televisió.

Pagues i et regala una mostra de perfum Lovely
de Sarah Jessica Parker.
Però no et perfumaràs. El aroma de Lovely
no és compatible amb la pell dels teus records.

Antònia Vicens (1941, Mallorca, España); Lovely, Ed. Saltadera, 2017. (Traducción del catalán Carlos Vitale). Ha sido Premio Nacional de Poesía 2018.

Raíl

Raíl

Todos tus sueños hechos ventanilla.
Cargas con lo correcto, sin defraudar a nadie.
Y para los andenes te has roto la mirada.
Un millón de caminos
perpetran en tu espalda los recuerdos
que has llevado a desguace en el futuro,
que no han sido presente.
Tu equipaje es, te dices, el que te corresponde.
El único posible.
Para aliviar la herida,
sólo sabes cerrar fuerte los ojos.

 Raquel Vázquez (1990, Lugo, España);  Lenguaje ensamblador, Ed. Renacimiento, 2019

Tacto

TACTO 

Nada será como antes.

La lluvia no será ya la lluvia,
será celebración aún más gozosa,
mirarla cómo cae traerá un milagro
de panes y de peces llegando desde el cielo
para empujar la flor, el trigo, la memoria
de tu cuerpo y mi cuerpo aquella tarde
que fue todas las tardes.

Las cosas no serán la misma cosa,

los árboles
no serán ya los árboles,
serán ahora un abrazo sin contagio
al alcance de todos, descubrirás
que su sombra es más sombra
y que incluso en invierno, ya sin hojas,
se ven todos los nidos con mayor nitidez,
vacíos, pero intactos.

Las cosas no serán la misma cosa,

las calles no serán ya las calles,
la alegre muchedumbre
será ahora una extraña pasajera
con su maleta a solas
aconteciendo a un mundo que no entiende,
y aunque la gente ocupe las aceras
tú las verás vacías, y hacia dentro
extraviadas quizás, preguntándote ellas
cómo se llega a ti.

Las cosas no serán la misma cosa,

las ventanas no serán ya ventanas,
las miradas no serán ya miradas,

no amaré ya jamás como allí amé
el tacto de aquel guante
con sus dedos de plástico.

Las manos que sin manos se acercaban a mí.

Las cosas no serán la misma cosa,
la piel no será ya la piel
ni el desnudo el desnudo,

habrá que comenzar a desvestirse
por el botón del miedo, y al besarnos
quitada ya la ropa, aprender que había huecos
antes nunca tocados,

por fin seremos tacto.

Recorrerá mi lengua muy despacio
la isla abandonada, estallaremos juntos
como si fuera un último deseo
cumplido cuando ya no crees en nada.

Las cosas no serán la misma cosa,

nosotros no seremos los mismos,
los otros no serán ya los otros,
el amor no será ya el amor,
será solo el amar, y será más.

No habrá piel, habrá carne
jugándose la vida

Fernando Beltrán (1956, Oviedo, España); La curación del mundo, Ed. Hiperión, 2020.

No reciclable

No reciclable

El tiempo descuartiza el recuerdo
J. A. Garriga Vela   
             

Deberían barrer estos despojos.

El envase del tiempo, su envoltorio,
su estuche acartonado, su vidrio desechable,
la cueva primordial, las alcobas del tiempo,
las mansiones perdidas, las arcas perfumadas,
su traje de madera, sus maletas azules,
la cáscara amarilla y las bolsas anónimas,
la jeringa, la cápsula, el gotero invertido,
el deseo y sus larvas, sus crisálidas huecas,
sus vuelos cancelados, las gardenias marchitas,
el nocturno almacén, la nave congelada,
el sucísimo altar del carnicero.

Deberían limpiar estos residuos.

Aurora Luque (1962, Almería, España), Transitoria, Ed. Renacimiento, 1998

Anecdotario

Anecdotario

Tengo muy pocas cosas claras
pero una de esas pocas cosas
es que sin la música yo habría sido otra,
y esa otra habría sido peor.
Todo cuanto recuerdo
está relacionado con la música
desde mi padre que siempre cantaba
mi madre que siempre cantaba
(hasta que dejó de cantar durante mucho tiempo)
mis tías mis tíos mi abuela.
En casa todos cantaban
y después del desastre
pasado un tiempo todos volvieron a cantar.
Mi madre y la abuela
de manera distinta como con sordina
pero los tíos y las tías
como siempre.
Y nosotras con ellos.
Veo a mi abuelo en 1934
oyendo tangos de Gardel junto a mi padre.
En 1939 los tíos en Barcelona cantaban
«Junto al Puente de la Peña una tarde la encontré».
¡Qué bonita era Barcelona!
Y qué alegre estaba mi padre
mientras cantaba «No era calle que era un río».
Fui al Ateneo en 1958 para oír a un poeta joven
que leyó un poema titulado
«Largo para clavecín solo».
Me gustó el poema y me gustó el poeta. Me enamoré.
Nació mi hija en 1965:
el poeta argentino José Alberto Santiago
la dormía cantándole vidalitas.
Y la voz arrolladora del cantor Jaime Dávalos
también argentino la despertaba.
Mis hermanas y yo vivíamos para la música
y gracias a la música creíamos en el futuro.
Llegó el amor y con él llegó el flamenco.
Llegó mi hija y con ella llegó Keit Jarret
y llegó también la alegría y la felicidad.
Todo estaba bien.
El mundo tenía sentido.
¿Cómo hubiera sido ese mundo nuestro sin la música?
¿Cómo habría sido sin oír a mi niña cantando:
«Pasaba por aquí…»

Francisca Aguirre (1930- 2019, Alicante, España); Historia de una anatomía, Ed. Hiperión, 2010

Lágrimas en la lluvia

Lágrimas en la lluvia

¿Detrás de qué torcida curva del camino
se perdieron los días azules?
En este tiempo de lluvia y huracanes
el sol de la infancia

.
He despertado he vivido el día
y el agua sigue cayendo terca sobre la casa.
Uno ama la lluvia y recuerda cuando ella venía
con sus pequeñas manos a pintar el verde tras el verano
ahora en cambio se queda como huésped indeseable
se emborracha de sí misma y nos agrede a manotazos.

Ya no hay quien silencie
la estrepitosa rebelión del paisaje bucólico
el fin de los días azules
el sol relegado
a la memoria de la infancia.

Gioconda Belli (1948, Nicaragua); Estos días azules y este sol de la infancia. Poemas para Antonio Machado, Ed. Visor, 2018.