He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes

He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes

HAY un olor de agua y de resinas,
un aroma incesante
subiendo por las médulas
hasta las nervaduras de las hojas,
un espacio oloroso,
una fragancia
de sombras perfumadas, de espesuras azules,
de musgos transparentes.

Vengo de la sustancia de la tierra,
de su barro balsámico.

Sobre la intimidad de lo que existe,
sobre el mundo
que ahora empiezo de pronto a percibir,
va pasando en silencio,
iluminando el sueño en penumbra de las cosas,
el pensamiento de la luz.


EN la ventana arde
la lámpara de cobre
de la que se desprenden las palabras.

Lo conocido excava
una puerta en el muro de lo desconocido.

El corazón no sabe
que algo dentro de él, calladamente,
se prepara en secreto.


LA luz del mediodía,
como un pájaro ciego,
se sostiene en lo más alto del aire.
Las raíces del mosto sacan agua
de las profundidades de la tierra.

Hay un hermanamiento,
una especie de familiaridad entre las cosas
que conforman el mundo,
como si cada una cuidara de la otra,
como si la alegría en la que viven inmersas
fuera un logro de todas,
la conquista de una comunidad.

Acercarnos con afecto a las cosas
nos permite intimar con lo sagrado
que permanece en ellas.

La mañana está en deuda con la cosecha de las flores.
El que entiende de pájaros entiende de narcisos.


LA mañana
camina hacia el milenio
de la mano de un niño
que va dejando migas en las piedras
para las lagartijas y los pájaros.

Ya nadie es inocente.
El lenguaje ha extraído bocados de caballos
de las fosas comunes de los hombres,
huesecillos de frutas,
semillas de palomas.

Los segadores cantan a lo lejos sobre la sangre del maíz.
El árbol que preserva
la conciencia del mundo
es un pequeño níspero al que ladran
por la noche los perros.


AMO lo que se hace lentamente,
lo que exige atención,
lo que demanda esfuerzo.

Amo la austeridad de los que escriben
como el que excava un pozo
o repara el esmalte de una taza.

Mi habla es un murmullo,
una simple presencia que en la noche,
en las proximidades del vacío,
se impone por sí sola contra el miedo,
contra la soledad que nos revela
lo pequeños que somos.

El poeta no ha elegido el futuro.
El poeta ha elegido descalzarse en el umbral del desierto.


EL viento fermentado
en los barrancos del mar
escala las orillas,
acaricia el follaje de los árboles,
se enreda en los espinos que protegen las fuentes.

Presiento con palabras
un mundo elemental, un universo
que, abismado en sí mismo, sigue intacto.
La honradez de un paisaje
que, a espaldas de nosotros, excluido
de nuestras percepciones y de nuestros afectos
desborda plenitud.

El tiempo de los ríos
que fecundan de noche las laderas
sedientas de la tierra
es anterior al tiempo del recelo, de la desconfianza.
Es anterior al tiempo en que los hombres
renunciamos definitivamente
a pactar con las cosas.

Ya no cabe en nosotros el asombro,
la costumbre de la perplejidad.
No nos quedan lugares en los que sea posible lo absoluto.


EN el itinerario de los pueblos
hay casas incendiadas por la luz de la luna
y amaneceres rojos
como las amapolas
de las floristerías de la sangre.

Los que nos adentramos en el bosque
para buscar comida
no sabíamos
que cuando regresásemos
de aquel silencio extraño,
de aquella hoguera oscura que ardía sin consumirse,
no seríamos los mismos.

El bosque es un recodo en el tiempo
en el que se descansa de la luz.
No hay nada más hermoso
que dejarse convencer por la noche
de que todo es eterno.


HE encontrado en las cosas,
en los seres más simples,
una forma
de dejarse llevar, una manera
de abandonarse al flujo secreto de la vida
que nos invita a la modestia.

Los poemas que nos hacen mejores
son los que nos devuelven
a ese estado anterior
en el que era posible,
en nuestras relaciones con el mundo,
conducirnos con naturalidad, sin artificio.

Me conmueve la humildad de los pájaros
que trabajan día y noche para trenzar un nido
en un árbol sin nombre.


EN el valle, un castaño
ha elevado sus hojas
sobre el tejado rojo de una casa
y ahora puede mirar al horizonte.

La noche entre los árboles
es una oscuridad iluminada, un silencio de pájaros
en los que confiar, una espesura
de ramas transparentes,
de pañuelos azules,
de animales benévolos.

Necesito vivir en un país
que no haya renegado de sus árboles,
necesito vivir en una tierra que envejezca a su sombra.


LA realidad se sirve del lenguaje.

La vida del espíritu,
la profecía que aparta la luz de las tinieblas
se sirve del lenguaje.

La humanidad de un mundo amenazado
que se adentra de noche en un desierto
del que nada conoce
se sirve del lenguaje.

El mar ha edificado una iglesia a la salida del sol.


ESTÁ en las escrituras:
La visión se concede, los profetas
escriben al dictado.

Pero nosotros no venimos de los profetas,
nosotros descendemos
de un pastor de rebaños
al que no permitieron, en mitad de la noche,
entrar a la ciudad.


UNO escribe un poema para sentirse vivo.
Uno escribe un poema
para que otro descubra que estás vivo.

La poesía le ha movido la piedra de la entrada
a la gruta de las resurrecciones.

La poesía ha corregido
la inclinación del eje de la tierra
y ha arrojado la manzana de Newton
sobre la fuente de los pájaros.


CON el tiempo me he vuelto silencioso
como el carbón de estufa.

Desde hace algunos años, me encomiendo
a los pájaros mudos
y a los hombres
que hicieron del sigilo su ciudad en la tierra.

El silencio es un océano en calma
que permite que afloren
como islas
o como promontorios
los pequeños sonidos de las cosas,
sus músicas secretas.

El silencio le deja a cada uno llegar a ser quien es.
El silencio es la elegancia absoluta.


HAY en el interior de cada uno
un hombre conmovido
que no nombra las cosas con grandeza,
sino con gratitud.

Soy el que reconoce
los rasgos de su rostro en el cobre de una lámpara,
el que ha pintado un pez en la dovela
secreta de una bóveda.

Siempre supe estar solo,
igual que la montaña que se hace
rodear por el mundo.
Siempre encontré en mí mismo
mi tiempo más intenso, mi habitación más amplia.

Aún le debo a la muerte,
que también está sola,
la navaja mellada que llevo en el bolsillo
y una piedra de sílex
tallada en una gruta por un viejo grabador de animales.


MI pensamiento fluye con los peces
por las aguas
de un río subterráneo,
con las ramas caídas por la serenidad
de una noche perpetua.

No soy como los árabes,
como las caravanas del desierto:
yo mendigo la luz.
Yo soy el que ha escarbado en la tierra de los dones
y ha extraído raíces,
la madera quemada de un incendio.

He aprendido a convivir con las ruinas,
a abrir una ventana y asomarme en silencio a la ternura
de lo que ya no existe.

Oculto en la espesura de las cosas
queda un último eco, sin embargo,
de la canción del paraíso,
un pequeño reflejo de la lámpara
que alumbró el primer día las fachadas
de las casas del mundo.

He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes.

Las palabras son mi forma de ser.

Basilio Sánchez (1958, Cáceres, España); He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes, Ed. Visor, 2019. XXXI Premio Loewe.

A media voz

A media voz

la lentitud es belleza
copio estas líneas ajenas
respiro
acepto la luz
bajo el aire ralo de noviembre
bajo la hierba
sin color
bajo el cielo cascado
y gris
acepto el duelo y la fiesta
no he llegado
no llegaré jamás
en el centro de todo
está el poema intacto
sol ineludible
noche sin volver la cabeza
merodeo su luz
su sombra animal
de palabras
husmeo su esplendor
su huella
sus restos
todo para decir
que alguna vez
estuve atenta
desarmada

sola casi
en la muerte
casi en el fuego

Blanca Varela (1926- 2009, Perú), Canto villano: Poesía reunida, 1949-1994, Ed. Fondo de cultura económica, 1978

Literatura aplicada

Literatura aplicada

Siempre me consoló viajar a cualquier parte
con un vago pretexto literario:
la tumba de Leonor o la de Hölderlin,
la Fontana Aretusa, la noble Mitilene,
un vino delicado, las sirenas vecinas
de algún poeta vivo tan lejano
-esas rutas que nunca se repiten
porque también se gastan los poemas.

Casi gasté la vida en aplicarla
a la literatura, a sus fetiches
ilusorios e inútiles,
al extraño amuleto
que con denuedo arropan las palabras.

Aurora Luque (1962, Almería, España), Transitoria, Ed. Renacimiento, 1998

Había olvidado el dolor

había olvidado el dolor
había olvidado que el agua corriente existe
que los armarios con ropa limpia existen

algunas noches me tumbo
sobre la arena de mis sábanas limpias
y repito nombres, nguilla liha lala
como si eso sirviera de algo

y me pregunto si alguien se acordará de mí
en el desierto

sukút significa silencio
ergét significa duérmete

una mosca azul en su turbante
bajo la noche la arena
sobre la arena la piel

Isabel Bono (1964, Málaga, España); Sukút; Ediciones Imperdonables, 2014.

Estorninos

Estorninos

Algunas cosas no pueden ser
atrapadas en palabras,
los estorninos sobre un río de octubre, por
ejemplo:
el modo en que se elevan desde el borde de un
tejado en una nube
dirigida por un coreógrafo oculto;
el modo en que suben, se agrupan y
descienden,
tirando de alguna arteria desconocida del
corazón humano;
el modo en que la nube se rompe y fusiona
las partes inferiores de las alas recogiendo toda
la luz
que quedaba en el cielo del crepúsculo;
el modo en que vuelan y confluyen hacia el
tejado de un depósito,
un pájaro marrón tras otro.

Moya Cannon (1956, Irlanda), Aves de invierno y otros poemas, Ed. Pre-Textos, 2015

Decálogo I

Decálogo I

Cuando el nombrado llegue y desaparezca el mar
quedarán la lluvia estridente
y el haz de luz disuelto en el árbol
tras la lluvia estridente.
El río que rodea la Tierra.
El filo de la cumbre azul.
El rastro de las nubes que se disgregan en bocanadas
perdiendo consistencia por la ladera.
El charco de seres transmutados en líquido navegante.
El afán por la grandiosidad de los marcos naturales
y el afán por superar su misterio.
El asombro. El vértigo del esplendor.
El rugido del viento. El olor imposible del barro.
Los aullidos del animal huidizo.
Los ajetreos de un pájaro mudo que mueve la cabeza como si buscara algo mejor.
Y que tal vez busque algo mejor.
Quedará lo que no tiene sentido ni razón ni fin.
Lo que no se puede proteger.
Y lo que no se puede destruir.

Pilar Adón (1971, Madrid, España); Mente animal (2014); extraído de Años de trece meses. 13 Autoras de la poesía actual en lengua española, Ed. Demipage, 2022.

Nightingale

Nightingale

«Cada palabra es una herida mortal.
Debo tener cuidado».
Jorge Díaz

Noche, palabra mía henchida de sucesos
La aflicción, el vacío, la muerte, la tiniebla
avivan en tus sílabas sus temores y ansias.
Extenuado nombre, fatigada corola,
para caer de ti como cansino pétalo,
o hundirse en tus confines, abiertos, afilados,
beso ardiente, última sensación,
locura extrema.
Noche, noche, amor mío,
¿es que acaso me atreveré a saltar
traspasada de ti hasta la muerte?
Lengua: nupcial espada.
Apenas te mencione, convocadas estrellas
insistirán solícitas mostrando el desvarío
de tus ojos vibrátiles.
Oh noche, qué incitante, qué turbadora eres;
madre devoradora, acercas tu regazo,
y cómo quiero huir, cómo desertar quiero
de tus lágrimas ávidas, cómo intento esconderme
de tus manos, oh noche, mi tristeza.
Y quizás seas la única, la palabra final
que todo amor explique. Y el estremecimiento.
Y el magnífico instante que ni aún la memoria
más fiel y enamorada consiente en repetir.
Noche, tristeza mía, todavía es posible
que te llame, y me abreve en el láudano amargo
que destilan tus letras. Que a tu herida entregue
y a tu abismo, mi tristeza, mi noche,
todavía es posible.
Oh noche mía, acaso… acaso te amaría.

A James Forestal, que se arrojó al
vacío antes de terminar de escribir
la palabra “ruiseñor”, es decir,”NIGHTingale”

Ana Rossetti (1950, Cádiz, España), Indicios vehementes (Poesía 1979-1984), Ed. Hiperión, 1998

El lenguaje

El lenguaje
te obliga a decir bien lo que has oído
de la brizna de hierba,
lo que intuyes de la gota de ámbar,
lo que no has comprendido de la vida.
Escribir un poema
supone, de algún modo, regresar
otra vez al principio,
al hervor silencioso de la nada,
al caldo primigenio
y a los cielos sin luna, a la inminencia
de las casualidades y los astros.
De la fricción continua
de una rama con otra brota el fuego
que ilumina la gruta
y hace brillar los ojos de los hombres
congregados en su noche perpetua.
El sonido de la página en blanco
es el de un hueso golpeado contra una piedra.

Basilio Sánchez (1958, Cáceres, España); He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes, Ed. Visor, 2019. XXXI Premio Loewe.

Discurso a los jóvenes

Discurso a los jóvenes

De vosotros,
los jóvenes,
espero
no menos cosas grandes que las que realizaron
vuestros antepasados.
Os entrego
una herencia grandiosa:
sostenedla.
Amparad ese río
de sangre,
sujetad con segura
mano
el tronco de caballos
viejísimos,
pero aún poderosos,
que arrastran con pujanza
el fardo de los siglos
pasados.

Nosotros somos estos
que aquí estamos reunidos,
y los demás no importan.

Tú, Piedra,
hijo de Pedro, nieto
de Piedra
y biznieto de Pedro,
esfuérzate
para ser siempre piedra mientras vivas,
para ser Pedro Petrificado Piedra Blanca,
para no tolerar el movimiento
para asfixiar en moldes apretados
todo lo que respira o que palpita.

A ti,
mi leal amigo,
compañero de armas,
escudero,
sostén de nuestra gloria,
joven alférez de mis escuadrones
de arcángeles vestidos de aceituna,
sé que no es necesario amonestarte:
con seguir siendo fuego y hierro,
basta.
Fuego para quemar lo que florece.
Hierro para aplastar lo que se alza.

Y finalmente,
tú, dueño
del oro y de la tierra
poderoso impulsor de nuestra vida,
no nos faltes jamás.
Sé generoso
con aquellos a los que necesitas,
pero guarda,
expulsa de tu reino,
mantenlos más allá de tus fronteras,
déjalos que se mueran,
si es preciso,
a los que sueñan,
a los que no buscan
más que luz y verdad,
a los que deberían ser humildes
y a veces no lo son, así es la vida.

Si alguno de vosotros
pensase
yo le diría: no pienses.

Pero no es necesario.
Seguid así,
hijos míos,
y yo os prometo
paz y patria feliz,
orden,
silencio.

Ángel González (1925, Oviedo- 2008, Madrid); Sin esperanza, con convencimiento (1961), extraído de Donde la vida se doblega, nunca, Valparaíso Ediciones, 2016

Recitado por el poeta:

Cuerpo a la vista

Cuerpo a la vista

Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron un cuerpo:
tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar,
tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales, prisioneros en llamas,
tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada,
sitios en donde el tiempo no transcurre,
valles que sólo mis labios conocen,
desfiladero de la luna que asciende a tu garganta entre tus senos,
cascada petrificada de la nuca,
alta meseta de tu vientre,
plata sin fin de tu costado.

Tus ojos son los ojos fijos del tigre
y un minuto después son los ojos húmedos del perro.

Siempre hay abejas en tu pelo.

Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos
como la espalda del río a la luz del incendio.

Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla
y en tus costas, inmensas como los arenales de la luna,
el viento sopla por mi boca y su largo quejido cubre con sus dos alas grises

la noche de los cuerpos,
como la sombra del águila la soledad del páramo.
Las uñas de los dedos de tus pies están hechas del cristal del verano.

Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida,
bahía donde el mar de noche se aquieta, negro caballo de espuma,
cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro,
boca del horno donde se hacen las hostias,
sonrientes labios entreabiertos y atroces,
nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible
(allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable)

Patria de sangre,
única tierra que conozco y me conoce,
única patria en la que creo,
única puerta al infinito.

Octavio Paz, Obra poética (1935-1988), Seix Barral. 1990.