Una historia es

Una historia es
algo que comienza por las palabras,
pero no es así exactamente,
las palabras lo saben,
saben que antes de ellas
había allí algo,
algo que requería de su presencia urgente,
algo que estaba
esperándolas para existir.

Algo
que ni siquiera sabía si quería existir.
No tenía voluntad ese algo.

Tú que lo sabes,
qué es ese algo.

¿Es malo o es bueno ese algo?,
¿A dónde nos llevará ese algo?

Retenlas en tu mente,
las palabras vienen a salvarte de ese vacío,
ellas tienen el don de la clarividencia,
son bellas,
no tienes que temerlas,
no te apresures,
no las busques,
ellas vienen en tu auxilio.

Luisa Castro (1966, Lugo, España); Actores vestidos de calle, Ed. Visor, 2018

Poemas breves

Por eso donde muere la voz
nace el poema:
ese preciso lugar
en el que yace un suspiro.

Por eso escribimos aquello
que no puede ser dicho:
ese íntimo secreto
cosido a la piel
del poema.

En este papel que te acoge
al tiempo que te expulsa,
permaneces libre
palabra.

Sigo escribiendo
desde una inmensa necesidad
de silencio, desde la necesidad
de apropiarme de las palabras
para que, mías, puedan volar
en libertad.

Ángela Serna (1957, Salamanca, España); De eternidad en eternidad, Ediciones La Palma, 2006

Espera

Espera: deja callada tu línea.
He de leer.
Duerme el silencio, deja en libertad
esos dos pequeños cordones bailarines;
que he de descifrar
y nombrar
y atraer sin demora
la figura que me ha sido reclamada.

Nada de vosotros sé.
O quizá sí, un silencio blanco,
redondo,
mudo.
Un sol sobre un fondo de ciruelas silvestres
Nada más allá de vuestra ocultación tenaz.

En relicario denso permanecéis apartados,
colgáis
entre dos franjas,
alejados de toda sujeción.

Bañada por la calma
voy alargando los dedos,
alargando algo más que, aunque sé, no conozco,
desde un mundo lejano y circundante,
queriendo entrar en la caverna que os da lecho;
donde habéis crecido cobijados.

Y ahora dormidos estáis,
pero hasta cuándo.
Cómo ha de ser el regreso.
Qué os ha de volver a la vida.

La contestación guardáis
con terquedad rencorosa.
Nada de mí os ha herido.
¿Cuál será entonces la razón del resentimiento?
También, como el vuestro, mi milagro es frágil,
regalado tan sin mérito como el que poseéis
no como el que conseguiréis de nuevo.

La cúpula otra vez enviará sus canciones,
sus mandatos nítidos y audibles
que no debéis desechar.
Y arriba y abajo volveréis lentamente;
lentos,
hasta que la palabra salte como un pez en la arena.

Margarita Arroyo (1947, León, España), Reducido a palabras, Ed. Torremozas, 1983

Dejaste de escribir

Dejaste de escribir

Canciones intocables, lugares anchos y largos,
cervezas abiertas cuando teníamos veintidós
y las conversaciones duraban y duraban.
¿Qué te puso tan triste, que dejaste de escribir
esos poemas que nos gustaban tanto?
De las fiestas de aquel verano largo
recuerdo una. Cerca del final,
cayó un aguacero cálido de pronto,
rompió los toldos, desbordó la piscina.
Tú saliste a bailar casi desnudo, riendo como un loco.
En medio de la calle saltabas en los charcos.
Terrible hermano:
los jóvenes heridos también somos jóvenes.
Te fuiste pisando sitios que el sol no tocaba nunca.
Casas, prados, otros trenes
pasaron en el viaje del que vuelves.
En el porche desconchado ahora crecen aloes
y geranios enredados solo en sí mismos.
El frescor sigue llamando a la siesta.
Aunque ya nadie lo escucha, sigue llamando.

Vicente Monroy (1989, Toledo, España); Las estaciones trágicas; Suburbia Ediciones, 2018

Corte sirena

Corte sirena

Yo sé que hablamos de mi ansiedad femenina
y de plumplum, no de hacer el amor.
Pero vos no sabés que escribo poemas
sobre científicos y pienso cómo la sintaxis
te hace jugártela tan poco.
A todos los chicos que conozco les gusta el fútbol y lo juegan mal
menos mi papá que me dice siempre
peor es nada.
Yo creo que nada es mejor
pero los mensajitos van y vienen
sé que hay compromisos. Nada
nos detiene ni las razones que te dan a pensar
que algo quiero pescar.
Saber que no es fácil llegar me recuerda
todos los diálogos que tengo de noche
con los chicos de mi adolescencia
que nunca pude decirles no.
Quiero ser miss universo Perú
salir en la televisión
con un vestido blanco y negro
corte sirena diciendo:
Soy
Sofía de la Vega
Vengo de Tucumán
Mis medidas son:
las veces que me dijeron qué lindos son tus poemas
y vos contestaste se quieren acostar con vos.
No quiero escribir sobre cómo me dañás
sólo sobre cómo decís no saber manejar
tu baja autoestima.
Los autos se manejan nene, no las nenas.
Vos no escuchás
no pensás no interpretás.
Sé que estás dando lo mejor de vos
pero ya es tarde.
Las selfies se van amontonando
yo estoy muy atrapada entre vos y mi casa

Sofía de la Vega (1993, Argentina), extraído de CELOFÁN. Revista de poesía, 2016 (celofanpoesia.blogspot.com)

Si me permites

Si me permites

Si me permites
no te llamaré por tu nombre,
procuraré otros atajos
que me sepan conducir
al sitio donde las palabras amanecen,
al recodo donde las historias
se reconocen inútiles
y el azar pacta
a riesgo de sus mejores apuestas.
Si me permites
te desearé simplemente
como si invocara la lluvia
en la estación más seca,
aquella que queda
sin balbuceos
más allá de la aridez
del recuerdo
de lo que no fue.
Si me permites,
si hay un lugar donde yo pueda,
me haré cómplice en tu piel
y como un devoto feligrés,
fiel a los caprichos del deseo
te haré mía sin nombres
sin palabras, sin promesas.

Arturo Gutiérrez Plaza (1962, Venezuela); El cangrejo ermitaño. Antología poética, Ed. Visor, 2020

Propuesta

Propuesta

Te propongo esta noche
llegar a un acuerdo,
un diálogo entre mi cuerpo y tu cuerpo,
una conversación sin palabras,
un silencio de proyectos,
que tus dedos interpreten
el lenguaje de mis dedos.

Te propongo, simplemente,
alargar la caricia,
no planear la llegada a la cima
sino navegar con el remo de mis brazos
no utilizar para nada el salvavidas
ni que el tiempo detenga la mirada
dirigida a los botones de tu camisa.

Te propongo un pacto de susurros,
una tertulia de gemidos,
un monólogo de gritos,
que todo lo que no dijimos
en la piel permanezca escrito.

Te propongo una noche interminable,
lenta, muy lenta, tan lenta
que cuando nos interrogue la mañana
no sepamos quiénes somos
ni hacia dónde vamos
como si aprendiéramos de nuevo a leer
igual que dos niños pequeños,
como si aprendiéramos de nuevo a escribir
sobre el pálido folio de nuestro cuerpo.

Te propongo una lectura corpórea
desde el prólogo de tus ojos
hasta el epílogo de mi boca.

Gloria Bosch (1959, Barcelona, España);  Dédalo del deseo, Ed. Huerga & Fierro, 1998. Premio Villa de Benasque 1997

No os diré nunca adiós

No os diré nunca adiós
viejas palabras malgastadas
amigos fiestas
proyectos incumplidos

y esta alegría de palomas
a punto siempre de partir

países
que desaparecieron de nuestra geografía

no os diré nunca adiós
porque en vosotros
está más cerca el paraíso

Esperanza Ortega (1953, Palencia, España), Algún día, Ediciones Portuguesas, 1988. Extraído de Lo que va a ser de ti, Ed. Plaza & Janés, 1999

Deseo

Deseo

No quisiera que abrieras el libro
y vieras palabras.
Quisiera
que oyeras sonidos.
No música, escucha.
Sonidos
de cuyo entrelazarse están formados
del tiempo, los hilos.

Como ahora
en que escribo ante abierta ventana
y el rumor de la calle y pisadas
exclamaciones, saludos, despedidas,
noticias, comentarios
y lejanos llamados se mezclan
conmigo.

Sin embargo
no suben al papel y solo quedan
negros trazos escritos.

Circe Maia (1932, Uruguay); Transparencias. Antología poética, Ed. Visor, 2018