La casa encima

La casa encima

Tantos siglos removiendo esta tierra
que atravesó el ganado
y alimentó al ganado y a los hombres
que regaron esta tierra
con el curso negro de su sangre
−la sangre cambia de color
cuando sale del cuerpo−.
Tantos siglos alineando ladrillos,
aquí hubo un establo
sobre el que se construyó una iglesia
sobre la que se construyó una fábrica
sobre la que se construyó un cementerio
sobre el que se construyó un edificio
de protección oficial.
Tantas mujeres fregando sus baldosas,
pariendo en sus baldosas,
escondiendo la mierda debajo de las baldosas
que pisaron sus hijos ebrios
y sus sobrios maridos
que trabajaron y fornicaron
por el bien de un país en el que no creían.
Tantos siglos para que yo,
miembro de una generación prescindible,
pierda la fe en la emancipación,
mire el techo de mi dormitorio
y se me venga la casa
encima.

Erika Martínez (1979, Jaén, España); de El falso techo, Ed. Pre-Textos, 2013. Extraído de  Centros de gravedad. Poesía española en el siglo XXI, Ed. Pre-Textos, 2018.

Espíritu del tiempo

Espíritu del tiempo

Cobijan las noches ecos,
voces que pierden los días,
tediosos fragmentos de vida,
melancolía de gaviotas.
Se transforma la distancia
en espejismos de ceniza,
estampida de colores,
susurro de olas.
La luz se amontona.
Amalgama de incontrolables deseos;
vestíbulo de sueños,
delicada sábana de aromas.
Cada estrella guarda una voz,
fuego de las palabras,
rumores de destierros,
oquedad del pensamiento.
Tiene la noche cautivo
el suspiro de una flor.
Un gigantesco guiñol,
las sombras que perdemos.
En enjambres de cristal se apaga la luna.
Las hormigas conducen ambulancias
declamando voces de sirenas.
En púlpitos de cangrejos
croan sin cesar las ranas,
glorifican a peces disecados
que embargaron el espíritu de agua.
Ángeles de cemento
construyen moradas
con los ojos de los hambrientos.
Insignias de negra sangre
lustran los necios.
En el azar de los sueños
las amapolas olvidan su nombre,
vagan perdidas en el tiempo.

Marcos Jiménez León (1956, Torreperogil, España) Cigarras de alambre 2012

Lost generation

Lost generation

Era un mundo sin protección solar.
Los sueños, las inmensas
antenas parabólicas sobre los tejados,
monos azules
tendidos en patios interiores: mapamundis
proféticos tras las manchas de aceite.
No teníamos miedo.
Fuimos a escuelas donde los maestros
habían llevado luto por nosotros,
que estábamos llamados a heredar
la transparencia.
Dicen que a la salida alguien nos daba
caramelos con droga.
Yo nunca tuve dudas. Era nuestro destino:
ser una nueva raza de gigantes,
hombres libres, mujeres que haríamos
el trabajo de cien hombres.
¿Cómo no ser valientes? Pasábamos
agosto con abuelos
que habían sudado todo el frío del país.
Fumaban y tosían
y aflojaban bombillas porque la luz
no es gratis, no. También tuvimos padres,
una nación sonámbula de padres
que venían del sur.
Por la noche, volvían tarde a casa
y exclamaban: “¡Señor,
ya me sacas al menos dos cabezas!”.
Éramos los mayores.
Crecimos un centímetro diario y
estrenamos mallas, ternura primogénita,
zapatillas Paredes
que atravesaban yonquis en la noche
para aprender francés.
Duendes únicos. Magos
de la calcomanía. Todo se nos quedó
pesquero tan deprisa:
el Colacao, los paraísos para mascotas
olímpicas, los cromos,
la fe de nuestra primera comunión.
Cuando al fin llegó el metro a nuestro barrio,
fue demasiado tarde.
Ya estaba preparado el plan de fuga.

Martha Asunción Alonso (1986, Madrid, España), La soledad criolla, Ed. Rialp 2013. Premio Adonáis  2013

Siempre llegamos a destiempo

Siempre llegamos a destiempo

Siempre llegamos a destiempo.
Cada llegada es un fracaso. Parte
ya el tren y conseguimos
subir en marcha. Todo en vano.
Nos lleva, es cierto. Pero ya se ha ido.
A través del cristal nos asomamos,
pero la vida ya se ha ido; todo
se ha ido inacabado.
Estamos viendo rostros, árboles,
de otras personas y otros campos.
Estamos contemplando una montaña
que ya no es esta misma que miramos.
Oímos voces, gritos, carcajadas
que hace ya tiempo que sonaron.
Difícilmente pretendemos
hallar una respuesta por el tacto;
y cuando al fin tocamos algo vivo
ya no está allí lo que tocamos.
Cada momento que nos lleva
es un presente ya pasado.
Nos lleva, es cierto. Pero ya se ha ido;
se había ido al alcanzarlo.

Rafael Guillén (Granada, 1933 – 2023)

Un caballo joven

Un caballo joven

Nunca he llegado a entender en qué
mundo vivo.
Cabalgaba sobre un caballo tan joven y feliz
como yo
Y al galope sentía su corazón batir
Contra mis piernas
Y el mío, latiendo incansable en el galope,
Todo lo atravesaba, sin que yo advirtiera
Que mi montura descansaba
Sobre el esqueleto de un caballo
Haciéndose pedazos en segundos
Mientras yo seguía cabalgando;
Sobre un joven caballo de aire
En un siglo que ya no era el mío.

Ana Blandiana (1942, Rumanía); El sol del más allá y El reflujo de los sentidos, Ed. Pre-Textos, 2016

Escribir antiguo

Escribir antiguo

“Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.”
Miguel Hernández

para juan jesús  a quien tanto estimo.

No hace mucho ese amigo
me reconvino y dijo:
javi escribes antiguo…
antiguos son los pueblos que vacían
antiguos son los golpes, las torturas
antiguos son los polis de gris claro
antiguos son tricornios camineros
antiguas son las noches de inquietud
antiguas son las tardes asustadas
           ansiando primaveras.
Dijo: escribes antiguo…

antiguas son las luchas por salario
antiguas son pensiones miserables
antiguos son dolores y esperanzas
antiguos son esclavos proletarios
antiguos son patronos cicateros
antiguos son zapatos de charol
                  sobre el sudor obrero.
Dijo: escribes antiguo…

antiguas son mujeres maltratadas
antiguos son los hombres asesinos
antiguas son las luchas pandilleras
antiguos son los cuchillos en la mano
antiguos son los robos en las calles
antiguas son familias desahuciadas
                          en la vejez del tiempo.
Dijo: escribes antiguo…

 antiguas son las guerras en las tierras
antiguas son batallas entre hermanos
antiguas son medidas extremadas
antiguas son promesas que se olvidan
antiguos son gobiernos asesinos
antiguos son mezquinos poderosos
                          que utilizan sus látigos
                          para acallar conciencias.
Dijo: escribes antiguo…

antiguas son las muertes Mare Nostrum
antiguos son sepulcros clandestinos
antiguas son las fosas no exhumadas
antiguos son los desaparecidos
antiguas son las niñas violentadas
antiguos son mercados de personas
                           que caen en el olvido.
Dijo: escribes antiguo…

antiguas son verdades ocultadas
antiguas son las épocas pasadas
antiguas son las armas de combate
antiguas son heridas no cerradas
antiguas son mentiras engañosas
antiguas son las voces que se ocultan
    por no dar pie a públicas
  venganzas oficiales.
Dijo: escribes antiguo…

antigua es la endogamia y el desprecio
antigua es la historia no escrita.
y… sí; amigo, escribo muy antiguo
antiguo, también es,
el tiempo en que vivimos.

Javier Arnaiz (1954, Logroño, España),  Abrazo partido; Ed. Amargord, 2021

La mariposa blanca

La mariposa blanca

En el velador de la residencia,
la mariposa blanca
y los cabellos blancos de mi abuela.

Mi abuela.

Con sus 91 años recién cumplidos,
apoyada en su bastón,
se queja porque esto está lleno de viejos
con bastón.

Y se mira los ríos de las manos
y no le teme al mar.

¿Quién se ha posado sobre quién?

Martha Asunción Alonso (1986, Madrid, España), Balkánica, Ed. Torremozas, 2018 (Premio Carmen Conde de Poesía Joven 2018). Además, su poesía ha recibido los siguientes premios: el Premio de Poesía Joven RNE (2015), el Adonáis (2012) y el Nacional de Poesía Joven (otorgado por el Ministerio de Cultura, 2011).

IV

IV


las palabras no hacen el amor
hacen la ausencia
Alejandra Pizarnik

cuando digo cómo retumba la palabra siempre
quiero decir cómo retumba la palabra nunca
qué estela deja tras de sí
qué vacío ese nunca
qué eco ráfaga temblor
qué nada en el todo
qué miedo atronador
ese nunca siempre nunca.

Nuria Ruiz de Viñaspre (1969, Logroño, España); extraído de (TRAS)LÚCIDAS. Poesía escrita por mujeres (1980-2016), Bartleby editores, 2016.

Debería haberme aflojado la conciencia

Debería haberme aflojado la conciencia
no tengo edad para estrecheces
ni para el insomnio que me produce la injusticia.
Debería vestirme de mayor
y cuidar no me contagien la alegría
los que aún la conservan.
Debería hacerme un seguro
por si vivo lo suficiente
a pesar de tragar tanto veneno.
Debería dejar de hacer el amor
no vayan mis nietos a descubrirme
y me pidan consejo.
Debería dejar la pancarta de oponerme
al sistema por sistema
y a sus aberraciones.
Debería hacerme cómplice de los que ganan
para comer con ellos la sopa boba
en lugar de hacerme una de sobre.
Debería dejar de escribir poemas
que nunca verán la luz en Hiperión
ni estarán en la lista de los elegidos.
Pero dejar estas cosas,
ahora que empiezan a gustarme,
me jode tanto…

Begoña Abad (1952, Villanasur del Río Oca, Burgos, España); Cómo aprender a volar, Ed. Olifante. 2012. Extraído de Diez años de sol y edad (Antología 2006-2016), Ediciones Pregunta, 2016

Lo que vale una vida

Lo que vale una vida

Estoy en esa edad en la que un hombre quiere,
por encima de todo ser feliz, cada día.
Y al júbilo prefiere la callada alegría
y a la pasión que mata, la renuncia que hiere.

Vivir entre las cosas, mientras que el tiempo pasa
-cada vez menos tiempo para las mismas cosas-
y elegir las que valen una vida: las rosas
y los libros de versos, y el viaje y la casa.

Hasta ahora he vivido perdido en el mañana,
-seré, seré, decía-, o en el pasado -he sido
o pude ser, pensaba- y el mundo se me iba.

Ahora estoy en la edad en la que una ventana
es cualquier aventura, y un regalo el olvido.
Ya no quiero más luz que tu luz mientras viva. 

Rafael Juárez, Lo que vale una vida, Ed. Pre-textos, Valencia, 2001